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Reglas mínimas en las manifestaciones



Juan Alberto Lara BuesoPor: Juan Alberto Lara Bueso

No podemos ser indiferentes ante la situación del país sumergido en una aguda crisis política que se desborda en daños a la economía empresarial y hasta la familiar; igualmente a la convivencia social y ciudadana, y no digamos a nuestra salud física y mental, por los constantes enfrentamientos entre manifestantes y miembros del orden público.

Sin entrar en el fondo de las motivaciones de estos enfrentamientos, los manifestantes haciendo uso del derecho constitucional de la protesta pública, y de las fuerzas policíacas y militares de mantener el orden público, no debemos ser simples espectadores que por una u otra razón no participamos en estos conflictos, ya que al final es todo un país con su población, el que sufre las desdichadas consecuencias.

Casi a diario observamos tomas de calles y carreteras, centros educativos y manifestaciones en el país por grupos de protestantes, haciendo barricadas con piedras, materiales de construcción y quemas de llantas, para obstaculizar el transito sobre todo de vehículos; por su parte vemos a la Policía Nacional haciendo uso de sus mecanismos para desalojar a los manifestantes hasta el lanzamiento de bombas lacrimógenos. Es cuando se producen luchas campales entre ambas partes que llegan a producir personas heridas y daños a propiedades aledañas, incluyendo negocios y vehículos incendiados.

Presintiendo que estos acontecimientos continúen agravándose con estrategias preconcebidas y con derivaciones más allá de lo imaginable para los mismo actores, nos conduce a reflexiones profundas, objetivas e imparciales, y ser algo creativos en lo posible, para que por lo menos los dirigentes de la oposición y otros actores y el mismo gobierno puedan adoptar acuerdos mínimos para que los daños sean menos graves y en especial en la salud de la población. Y digo esto, porque especialmente las quemas de llantas y los lanzamientos de gases lacrimógenos, producen daños mediatos e inmediatos en las vías de respiración y efectos irritantes en la piel y las mucosas, tanto para las personas enfrentadas como para los transeúntes ajenos a estas luchas. Además los daños colaterales al medio ambiente que afectan igualmente a todos los habitantes.

¿Cómo plantear estos acuerdos mínimos con las partes confrontadas y cuáles podrían ser las propuestas? Desde tiempos inmemorables, incluyendo la Biblia en el Primer Testamento, encontramos intentos de definir y regular la conducta de los individuos y las naciones, para mitigar los terribles efectos de los conflictos, limitando la cantidad de daños colaterales, incluyendo el ambiental. Después de la tragedia de la segunda guerra mundial del siglo pasado, fueron suscritos los Convenios de Ginebra de 1949, cuya noción básica es la del respeto de la vida y la dignidad de las personas en un conflicto, que deben ser protegidas en todas las circunstancias.

Hoy en día, los Convenios de Ginebra son el pilar del derecho internacional humanitario, los que a la vez fundan su aplicación en el Comité Internacional de la Cruz Roja- CICR-, organización independiente y neutral que se esfuerza en la protección y asistencia humanitaria a las víctimas de los conflictos armados y de otras situaciones de violencia.

Con los antecedentes anteriores, porque no comprometer a las dirigencias políticas - de oposición o gubernamental -, plataformas, sectores sociales y académicos, la necesidad de promover acercamientos entre los protestantes y miembros de la policía para que lleguen a establecer arreglos mínimos y puedan convivir en lo posible en un ambiente menos hostil en sus enfrentamientos. Como vivimos en un comportamiento de hostilidad y desconfianza mutua, se requeriría la mediación o el acompañamiento de un organismo internacional neutral e independiente y sobre todo humanitario como podría ser el CICR, acompañado de otras organizaciones especialistas en la materia.

En este orden de ideas, se me ocurre en una especie de galimatías, las propuestas de los posibles arreglos así: “A) El Gobierno, por medio de la policía - civil y militar -, se compromete no lanzar bombas lacrimógenas y otros artefactos de peligro, haciendo uso de otros medios disuasivos pero no de la fuerza desproporcional contra las personas protestantes. B) Los manifestantes se comprometen no colocar barricadas con quemas de llantas y otros materiales que puedan causar daños a las personas y bienes. C) Ambas partes se comprometen no agredir a los miembros de medios de comunicación, permitiéndoles cubrir las noticias libremente y sin intimidaciones. D) La Cruz Roja Internacional, como organismo humanitario y neutral, será la veedora para el cumplimiento, observación, asesoramiento y seguimiento de los arreglos convenidos”.

Como lo expreso al inicio, aun desde las antiguas y cruentas batallas, los adversarios practicaban normas mínimas de respeto mutuo a la dignidad humana. ¿Y porque entre hondureños no podemos ejercitar comportamientos similares? Recordemos que en las manifestaciones van personas de diversos estratos sociales y que también los elementos de la policía vienen de niveles humildes y que inclusive, pueden ser hasta familiares en muchos casos de los mismos protestantes. Las divergencias se pueden tratar haciendo uso de la razón, el entendimiento y la tolerancia. Ya tenemos un alivio con el anuncio de los diputados de Libre de suspender la insurrección legislativa que mantenían, después de los arreglos con otras bancadas del Congreso Nacional, en la discusión de un proyecto de la Ley Especial para elegir las autoridades de los nuevos organismos electorales.
Ojalá vengan nuevos anuncios que nos conduzcan a una convivencia de tolerancia y de paz.


Embajador en condición de retiro


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