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| Recientemente don Juan Orlando Hernández ha manifestado que el Congreso Nacional se apresta a considerar la eliminación de las dispensas que tradicionalmente ha otorgado a los diputados para que puedan introducir vehículos, libres de impuesto, al país. Según las declaraciones del Presidente del Congreso, los diputados reciben tres dispensas; dos mientras dura el período para el cual fueron electos, y una posteriormente. Esas dispensas las reciben tanto los diputados propietarios, como los suplentes, y según el Presidente, en promedio pueden representar una pérdida al Estado de Lps 100,000 por dispensa. Como se trata de 256 diputados, entre propietarios y suplentes, tres dispensas y en promedio cada una implica Lps 100,000, las dispensas le cuestan al Estado, es decir a quienes pagamos nuestros impuestos, nada menos que casi ¡setenta y siete millones de lempiras! Si esta iniciativa se convierte en realidad, habrá que felicitar a don Juan Orlando y a los diputados al Congreso. Sin embargo, también habrá que recordarles que este es tan solo el inicio y que esperamos mucho más de ellos. Permítanme explicar por qué. Según entiendo, la propuesta también incluye reconocerles gastos de transporte a los diputados que viajen a las sesiones del Congreso y mejorar los sueldos de los diputados suplentes. Sin embargo, el concepto de diputado suplente es anacrónico y solo se justifica si de antemano se supone que los propietarios serán irresponsables y no asistirán a las sesiones del Congreso. Por tal razón, y continuando con el espíritu transformador del Presidente del Congreso, lo que esperamos quienes pagamos sus sueldos es que se eliminen todos los diputados suplentes, y que a los propietarios se les pague por cada sesión a la cual se hagan presentes. Por supuesto, a quienes se hagan presentes en las sesiones se les debe reconocer sus gastos de viaje. Cuando se de una ausencia definitiva de un diputado, se debería solicitar al partido político al cual pertenece, o pertenecía, que nombre su sustituto. Seguramente que esto hará que los diputados asistan a las sesiones del Congreso, que se reduzca el presupuesto del Poder Legislativo, y que el ahorro resultante pueda usarse para atender las necesidades de los pobres. Además de lo anterior, también se debería reformar el Reglamento Interno del Congreso a fin de eliminar el poder omnímodo que tiene su Presidente, que se vuelva al uso de la pizarra electrónica y que todos podamos conocer como votó cada uno de los diputados en cada tema que se debate y vota en el Congreso. Solo así habrá transparencia y rendición de cuentas ante quienes somos los jefes de los diputados. En este mismo orden de cosas, es imprescindible que el presupuesto del Congreso se prepare y desglose con el mismo detalle que utiliza el Poder Ejecutivo al presentar su presupuesto. Igualmente, el Poder Legislativo debe liquidar su presupuesto trimestralmente. Esto es lo menos que podemos esperar de un Poder Legislativo serio y comprometido con los hondureños. Para eliminar sospechas y evitar la corrupción debe también terminarse con la práctica de otorgar subsidios por medio de los diputados. Como alternativa, los diputados pueden incluir, en el presupuesto del Poder Ejecutivo, los fondos necesarios para construir las obras que les interesa en sus comunidades. Para asegurar que esos fondos se utilizarán solamente para ese propósito, pueden disponer que esos recursos no puedan ser transferidos a ningún otro uso. Finalmente, queda el tema de la representatividad y rendición de cuentas. Para asegurar esto el único mecanismo adecuado es la elección de los diputados por distrito uninominal. Este tema se propuso en el Plan de Gobierno que presentó el entonces candidato Ricardo Maduro, pero no ha sido posible implantarlo por falta de voluntad de los políticos. El Presidente del Congreso se ha referido, positivamente, a este tema, y si lograra convertirlo en realidad pasará a la historia como el fundador de la verdadera representatividad y democracia parlamentaria. No cabe duda que resta mucho por hacer para fortalecer nuestra democracia y elevar el prestigio de nuestro Poder Legislativo. Sin embargo, pocas cosas son tan importantes como estas para darle una nueva cara a nuestro país y salir de nuestro subdesarrollo. No será fácil, pero las propuestas que ha planteado el Presidente del Congreso nos permiten ser prudentemente optimistas. Dios quiera que no nos defrauden. |
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