VIOLENCIA Y DELINCUENCIA
Luis Cosenza Jiménez

El Banco Mundial prepara anualmente su Informe de Desarrollo Global, el cual siempre tiene un tema conductor. En esta ocasión, el tema es la violencia y la delincuencia, y el efecto que estas tienen sobre el desarrollo económico. Del informe en referencia, que será publicado próximamente, he tomado la gráfica que se muestra a continuación:

La gráfica muestra la tasa de homicidios, medidos por cada cien mil habitantes, para todos los países de la región, incluyendo a Belice y Panamá. Como la lectora podrá apreciar, a partir del 2008 tuvimos la tasa más alta de toda la región, y una de las más altas del mundo. También podrá observar como la tasa creció de 1999 hasta el 2002, y como a partir de ese año comenzó a bajar, mostrando un pequeño repunte en el 2005. A partir del 2006 el crecimiento es acelerado. El informe no incluye cifras para el 2010, pero aunque no hubiera crecimiento en la tasa, el valor absoluto resulta inaceptable.

Al leer la gráfica resulta obligado preguntar ¿qué pasó del 2002 al 2006? Si las medidas tomadas en aquel entonces funcionaron, ¿no deberíamos aplicarlas nuevamente? Si se están aplicando, ¿por qué no funcionan ahora, o cómo habría que modificarlas para que funcionen?

Es posible que el crimen organizado haya evolucionado y que lo que funcionó bien antes, no rinda frutos ahora. Si eso fuera así, entonces habría que proponer nuevas medidas para hacer frente a la inseguridad. Lo que debe resultar claro es que si no vencemos la inseguridad, si no recuperamos la paz y la concordia, no lograremos los niveles de inversión necesarios para crear los puestos necesarios para reducir el desempleo y la pobreza. Y todos sabemos que el desempleo y la violencia generan un círculo vicioso, ya que se refuerzan mutuamente.

Los tiempos exigen que seamos creativos y que revisemos nuestros paradigmas y nuestros sesgos. Tal vez sea necesario revisar el concepto de policía, optando por descentralizarla, creando policías municipales fuertes (al menos en el caso de los municipios grandes) y una policía nacional que se dedique exclusivamente a temas del crimen organizado. Una policía municipal, basada en un esquema comunitario, con postas y personal asignado a los diferentes barrios, con reclutamiento local que haga innecesario proveer dormitorios para los policías, permitiría que las comunidades tomen control de su seguridad y su policía. Generaría un clima de confianza entre la población del vecindario y los policías de la posta, y en general facilitaría el apoyo, incluso financiero, de la comunidad a su policía. Todos estamos favorablemente dispuestos a apoyar lo que consideramos nuestro. Si lo duda, vea lo que sucede con nuestra Selección.

Por otro lado, es necesario aumentar el número de mujeres policías. La experiencia de otros países demuestra que eso produce múltiples beneficios, entre ellos combatir la violencia doméstica. También hay que recurrir a la tecnología moderna, en términos de cámaras de televisión para vigilar los puntos neurálgicos del vecindario y para controlar el tránsito vehicular, multando a quienes irrespeten las leyes y reglamentos vigentes. Igualmente puede instalarse GPS en las patrullas policiales y en las ambulancias para atender rápidamente las emergencias que se presenten. Finalmente, en cado barrio, y en cada estación de policía comunitaria, se podría instalar un centro de atención al cliente que opere continuamente y al cual se informaría de las emergencias que se presenten y desde donde se controlaría todo el sistema, incluyendo las patrullas y las ambulancias. Algunas pensarán que esto es imposible. A ellas les sugiero que visiten Puerto Cortés y verán lo que allá se ha logrado. El sistema no es perfecto, todavía, pero puede llegar a serlo con una policía municipal fortalecida.

Además de lo anterior, se vuelve necesario sacar al ejército a las calles, en tareas claramente definidas y con carácter disuasivo. Para el caso, se les podría colocar como pasajeros en los buses urbanos e interurbanos, lo que seguramente reduciría los asaltos y la violencia que se da en ellos. Finalmente, es necesario destacar a grupos de elementos de las fuerzas armadas a los territorios usados por los traficantes de drogas. Debemos recuperar prontamente el control de nuestro territorio. Para muestra un botón. Desde que se envió un pequeño grupo de elementos de la Marina a Guanaja, cesaron todas las historias sobre el tráfico de drogas en esa isla.

Todavía estamos a tiempo de combatir la violencia y la delincuencia. Entre más demoremos, más difícil será. Estudiemos las razones del éxito logrado entre el 2002 y el 2006, y repliquemos lo que muestre tener probabilidades de éxito en el presente. Por sobre todo, revisemos nuestros esquemas mentales y no temamos innovar. Si no lo hacemos, si no combatimos la violencia y la delincuencia, perderemos el país que todos amamos.