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Sincrotrones europeos, en busca de un futuro científico común



Imagen del cuerpo central del sincrotrón ALBA. EFE/Alberto Estévez Imagen del cuerpo central del sincrotrón ALBA. EFE/Alberto Estévez
Autor del artículo: EFE

Los diecinueve sincrotrones europeos, un tipo de aceleradores de partículas subatómicas dedicados a estudiar y aprovechar la luz de moléculas subatómicas, han diseñado una hoja de ruta para configurar un futuro científico más coordinado, abierto e integrado para el siglo XXI.

La iniciativa presentada en Bruselas para reunir a esos “supermicroscopios” se denomina LEAPS, acrónimo en inglés para Liga Europea de Aceleradores Basados en Fuentes de Fotones, y pretende crear una red para compartir los procesos, datos y estrategias de esas herramientas científicas instaladas en dieciséis países europeos, entre ellos España.

“Si queréis ir rápido, id solos. Si quieres llegar lejos, id juntos”, resumió el doctor Hans Chang, maestro de ceremonias en la conferencia científica en la que nació oficialmente LEAPS, que se espera funcione como catalizador de la innovación científica y de su aplicación industrial y empresarial.

Los sincrotrones, aunque también son aceleradores de partículas, se diferencian de modelos como el LHC -donde se descubrió el célebre bosón de Higgs- en que estos persiguen que las moléculas colisionen para estudiarlas a escala subatómica, mientras que los sincrotrones generan distintos tipos de luz que después se emplea para otros experimentos.


Entre sus aplicaciones prácticas se cuentan crear imágenes tridimensionales de células humanas para estudiar el desarrollo de enfermedades, suministrar información sobre el almacenamiento de energía en baterías eléctricas no contaminantes o analizar estructuras atómicas de fertilizantes y abonos que pueden contribuir a mejorar la seguridad alimentaria.

Los científicos que los operan también trabajan, por ejemplo, en investigaciones para medir el mercurio presente en los organismos vivos, en la descontaminación fluvial de restos de hierro y aluminio o en generar imágenes tridimensionales de estructuras nanométricas a través de rayos X.

Sincrotrón ALBA


España cuenta con uno de esos punteros centros de investigación denominados sincrotrones, del medio centenar en todo el mundo: el sincrotón ALBA, un avanzado acelerador de electrones en Cerdanyola del Vallès, en el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona.

“La ciencia del futuro está cada vez más interrelacionada y no vamos a tener todos todo”, explicó a Efe la secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela, quien destacó que “la palabra eficiencia es de las más importantes que hay en ciencia”.

El objetivo, agregó la política y bioquímica, es “trabajar en una misma dirección para resolver problemas” y evitar duplicar esfuerzos, además de reforzar la cooperación intra-europea e impulsar la colaboración con “terceros países”.

“Colaboración, cooperación y coordinación”, dijo Vela en su presentación en la conferencia para glosar la senda que considera deben tomar los investigadores.

La aportación española al nuevo foro recae en ALBA, una estructura plateada con forma de hélice con un diámetro de 90 metros que empezó a funcionar en 2012 y en cuya construcción el Gobierno central y la Generalitat de Cataluña invirtieron más de 200 millones de euros.

La directora del centro, Caterina Biscari, comentó a Efe que se espera que LEAPS genere sinergias que “no deben sustituir, sino complementar” a las estrategias nacionales ya existentes.

Una hoja de ruta común


En concreto, la hoja de ruta presentada hoy pretende crear un mapa común del impacto socioeconómico de los sincrotrones de LEAPS y acelerar el desarrollo de sus investigaciones a través de grandes bancos de datos comunes.

También ambiciona acercarse más a la industria, crear sinergias que mejoren la competitividad, la productividad y generen nuevos empleos, reforzar las relaciones con los estudiantes europeos, explicaron los organizadores.

“Pero el diablo está en la implementación”, subrayó el director general de la dirección general de Investigación e Innovación de la Comisión Europea, Robert-Jan Smits.

Se espera que en 2018 se disponga de un primer documento sobre las actuaciones concretas de ALBA, que en los próximos tres años deberá prepararse para convertirse en una verdadera herramienta de aplicación práctica a partir de 2012.


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