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Padecemos de una sordera para escuchar a Dios, recrimina la Iglesia Católica



Padecemos de una sordera para escuchar a Dios, recrimina la Iglesia Católica
Autor del artículo: Proceso Digital

Tegucigalpa – La Iglesia Católica a través de la homilía dominical oficiada en la catedral metropolitana San Miguel Arcángel de Tegucigalpa por el cura párroco, sacerdote Juan Carlos Martínez, recriminó que “padecemos de una sordera para escuchar a Dios”.

“Nuestro mundo se ha hecho sordo a Dios particularmente nuestras sociedades occidentales están perdiendo su capacidad para escuchar a Dios, sencillamente ya no conseguimos oírnos, arrastrados por las culturas de la superficialidad, del ruido, de las prisas, somos sordomudos ante la vida, no escuchamos ni percibimos el misterio que vivimos”, señaló el prelado.

Acotó que cómo se puede percibir la presencia de Dios si vivimos fuera de nosotros mismos, incapaces de entrar en nuestro interior.

Martínez aludió una parábola bíblica en el evangelio de Marcos donde Jesús sana a un sordomudo a quien le pide que “ábrete”, esa palabra es para nosotros hoy, que todo en nosotros sea apertura para escuchar la voz del Espíritu, la voz de la vida en nuestros corazones.

“Aunque estemos en el mundo de las telecomunicaciones, con Internet incluido, tal vez necesitamos como nunca abrirnos a alguien más que nos sobrepase, ¿no estamos demasiado cerrados en nosotros mismos?”, se preguntó.

Destacó que en ese momento Jesús estaba atravesando la actual Siria y Jordania, lugares de máxima actualidad en estos días y representan a un hombre que tenía cerrados los oídos y la lengua, quien era esclavo de su propia sordera y tartamudez, no logra entender lo que dice, no puede decir lo que quiere por eso vive encerrado en sí mismo, alguien que es incapaz de escuchar y hablar y poder conversar con los demás.

Ese sordomudo del evangelio de hoy es una figura representativa de nuestra “cerrazón” mental y como discípulos el sordomudo representa nuestras resistencias a abrirnos a Jesús, a su amor sin límites, a abrirnos a la vida, a las relaciones auténticas, a la libertad interior y a todos lo que nos construye y nos hace vivir más plenamente.

Agregó que vivimos incomunicados y la soledad se ha convertido en una de las plagas más grandes de nuestra sociedad y también padecemos de una sordera para escuchar a Dios.

Retomó la parábola donde Jesús en lugar de imponer su mano ante el sordomudo como le había pedido, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua, meter los dedos en los oídos quiere decir que Jesús tiene que vencer una fuerte resistencia, “necesitamos que Dios meta sus dedos en nuestros oídos para que Él venza nuestras resistencias”.


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