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Mientras Zelaya reedita a “la contra”; diplomacia busca sacar del “punto muerto” solución a la crisis



Tegucigalpa.- En la frontera con Nicaragua, el depuesto presidente Manuel Zelaya, inició la conformación de su “milicia popular pacífica” bajo entrenamientos militares que evocan a la tristemente célebre “contra” nicaragüense, que en la década de los ochenta, instaló en territorio hondureño su centro de operaciones para derrocar al entonces régimen sandinista de Daniel Ortega en Managua.
 

Pero a diferencia de los años ochenta, el territorio que está sirviendo de base para esos entrenamientos, es el nicaragüense, con el aval de Ortega. Así, los escenarios, por ahora, sólo cambian de actores, mientras el tiempo de solución a la crisis corre contra reloj para las partes en conflicto, incluyendo al mediador Óscar Arias.


En los poblados fronterizos de Nicaragua, especialmente en las montañas de la Segovia, sus habitantes se muestran temerosos por la visita de un “inquilino inoportuno” que les ha revivido el fantasma que la guerra con la contrarrevolución nicaragüense les ocasionó, según el reporte de los cables internacionales.


Los pobladores nicaragüenses, a excepción de los partidarios de Ortega, no ven con simpatía la presencia de un ex gobernante que aprovechando un “limbo jurídico”, quiere emular las gestas guerreras de Augusto César Sandino para armar una “columna guerrillera” que invada territorio hondureño. Ellos no quieren vivir ese conflicto.


“Guerrilla popular” presenta primeros problemas


La “columna guerrillera”, de acuerdo a los reportes de las agencias de prensa internacional tiene por ahora dos obstáculos: falta de condiciones físicas y carece de adoctrinamiento político. Responde a intereses más pasionales y de enojo que de convencimiento ideológico y político de la causa; además de otro ingrediente que no abona a la lucha: muchos responden al pago en dólares, que grupos afines a Zelaya les estarían ofreciendo, convirtiéndoles así en “guerrilleros forzados”, de acuerdo a los trascendido desde esa zona.


Según la agencia de francesa de prensa, Zelaya, intenta levantar la moral entre sus seguidores, cada vez más escasos porque muchos han emprendido el camino de retorno, al tiempo que grupos humanitarios en Managua se movilizan a la frontera para ver la situación precaria en que se encuentran los seguidores del derrocado ex gobernante al presentar problemas respiratorios, llagas en sus pies, alimentos impropios y falta de aseo, entre otros.


Corresponsales de esta agencia noticiosa, quienes mostraron fotografías del entrenamiento “guerrillero”, fueron agredidos por los “revolucionarios” queriendo requisar el material, además de ver sus reportes periodísticos por instrucciones del “presidente Zelaya”, según la denuncia, en clara violación a la libertad de expresión.



El incidente con estos periodistas, evocó aquí las funciones de Zelaya en la presidencia cuando dirigía las ediciones del semanario Poder Ciudadano, órgano oficial de su administración, y cuya edición final Zelaya revisaba constantemente para “editar” notas y colocar títulos y editoriales, según relataban sus propios cronistas. El ex gobernante quería percatarse que la “libertad de expresión” que tanto defendía y denunciaba fuera en su medio “efectivamente libre”.


Zelaya pierde fuerzas por su terquedad


Zelaya, quien por su porfía ha perdido días valiosos de negociación para un retorno condicionado, con poderes limitados, se ha confinado a arengar y hacer llamados a la insurrección popular, mientras en la capital, las víctimas de la confrontación siguen reportando golpes, desalojos, y al menos tres víctimas. La última es un docente que falleció producto de un balazo, como parte de los desalojos de la semana anterior. El hecho con el docente, se produjo en el mercado zonal Belén y las versiones preliminares apuntan que los policías habrían sido los responsables, y se está a la espera de un informe forense para detectar trayectoria de la bala, tipo de arma, a fin de dar con los responsables y aplicarles el peso de la ley.


El régimen de Roberto Micheletti ha enfrentado en los últimos 35 días constantes paros de la resistencia popular que han golpeado en cierta medida la endeble economía local, que para este año prevé una fuerte caída, producto de la crisis económica global, el despilfarro de los fondos públicos por la administración Zelaya, y las acciones propias de los hechos ocurridos el 28 de junio, que mantienen a la nación en un aislamiento internacional.


Reportes procedentes de Washington, sostienen que el tema de la crisis estaría entrando a un “peligroso enfriamiento” por los nuevos hechos políticos en escena relativos a la crisis económica mundial, el caso de Colombia-Venezuela, el tema de China, los problemas de medio oriente, entre otros.



De ahí que la administración del presidente Barack Obama, haya intentado por medio de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, en efectuar llamados tanto a Micheletti como a Zelaya para que retomen la propuesta del presidente Óscar Arias, en busca de una solución negociada al conflicto, en vista que el papel jugado por la OEA hasta ahora, lejos de facilitar el conflicto lo agravó y ahora tiene a ese ente hemisférico sometido a un “huracán político” del cual no halla como salir.

Esta dificultad en que se encuentra la OEA y su secretario general, Miguel Insulza, fueron agravadas por la postura de Manuel Zelaya de “enmontañarse” e intentar dos retornos frustrados que lejos de abonarle en imagen internacional, comienza a ponerle cuesta arriba su retorno condicionado y limitado al país.


Una “rebelión” y una “alianza” inédita


Analistas sudamericanos y estadounidenses, al igual que medios de prensa europeos, coinciden en afirmar que Estados Unidos está convencido que la restauración de Zelaya no está tan fácil como creían al principio, por lo que buscan limitar aún más sus funciones, al encontrarse a lo interno hondureño una clase política y empresarial que no está dispuesta a una salida de la crisis, “con todas las potestades” para Zelaya.


Puede resultar paradójico, pero pareciera que el conservadurismo de los grupos de poder “ofrece resistencia” al imperio, en tanto sus tradicionales enemigos, el sector de la izquierda, demanda ahora “su intervención” y pide para Honduras un linchamiento público sin precedentes. Este reacomodo de piezas y fuerzas, sólo será resuelto por Washington.

Roberto Micheletti pidió al mediador y premio nóbel de la paz, Óscar Arias, que una misión de buena fe encabezada por Enrique Iglesias, viniera a Honduras para conocer in situ la situación del país y entrevistarse con diversos sectores. Micheletti ha encontrado resistencia en el parlamento, la suprema corte y el ministerio público en que un eventual retorno condicionado de Zelaya, vaya acompañado de una amnistía política o de un indulto que permita “olvido y perdón” a los casos de corrupción.


La oportunidad de castigar la corrupción


La endeble institucionalidad hondureña, corresponsable de esta crisis política sin parangón en el país, no quiere perder la oportunidad de juzgar evidentes casos de presunta corrupción en la administración Zelaya, cuyos funcionarios, confiados en que seguirían en el poder, no tuvieron tiempo, al parecer, de “lavar” sus hazañas corruptas.


Los funcionarios de Zelaya nunca habían dejado un país financieramente tan quebrado, pero al mismo tiempo, con presuntas pruebas fehacientes de sus hechos corruptos: videos, cheques, dinero suelto, gastos sin justificación y otras acciones que podrían sentar un precedente en el país en materia de delitos de cuello blanco, algo que la sociedad hondureña siempre ha anhelado.



Ello, al menos, serían algunos de los inconvenientes para la mediación en el patio interno. Del lado externo, los juegos son otros, y es claro de momento que Honduras, como experimento de laboratorio en busca de ser perfeccionado, ha permitido frenar el avance chavista en la región centroamericana y ello es algo que en nada desagrada a los Estados Unidos.

De ahí que el presidente venezolano, Hugo Chávez, esté preocupado y que Rafael Correa en Ecuador, diga ahora, que si lo de Honduras pasa sin pasar nada, él próximo en la mira sería su gobierno. Pero tanto Chávez como Correa, si bien ven la amenaza y la denuncian, a lo interno, su estrategia es reprimir con fuerza en el “marco de la democracia” y cerrar medios de prensa, conscientes que la carta democrática de la OEA no les alcanzará por sus golpes “desde el Estado”, no generan preocupación a Insulza ni el resto de países latinoamericanos proclives a las llamadas dictaduras civiles de la democracia.


Así, Honduras, se juega su suerte en agosto, antes de que entre de lleno la campaña electoral; al tiempo que crece con fuerza la posibilidad de un gobierno de transición si se ejecuta una “muerte cruzada” en las negociaciones de la mediación, entre Micheletti y Zelaya. Washington tiene la última palabra.


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