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Pobreza y desigualdad para populistas



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

Barack Obama es la antítesis de Donald Trump, no por ser demócrata y el otro republicano, negro y el otro blanco, sino por la forma de comportarse en el despacho oval, de entender el ejercicio del poder, del respeto que muestran hacia las personas y mandatarios de la aldea global llamada Tierra.

No imagino a Obama, reunido en el despacho oval con senadores de ambos partidos, tratando asuntos de la inmigración ilegal, decir que prefiere recibir inmigrantes noruegos que procedentes de “países de mierda” (literal) como El Salvador y Haití, cosa que hizo Trump en enero de 2018. Anteriormente, escribía en el artículo “Aporofobia espiritual y política” que el problema de Trump, casado con una inmigrante, hijo de inmigrantes y nieto de inmigrantes, no lo tiene con la raza ni el color de piel de las personas atrapadas en la pesadilla del sueño americano, sino con su pobreza. Padece aporofobia.  

Tanto Obama, demócrata, como Trump, conservador, son populistas y demagogos. Otro tanto podemos asegurar de nuestros próceres, políticos fracasados, afectados por el síndrome de la banda presidencial. El comandante vaquero lo es por ideología, el mago de OZ por soberbia, y el locutor por imagen. La carta que le ha dirigido Nasralla al abogado Berman, fiscal del distrito sur de NY, que lleva la acusación contra Tony Hernández, es para enmarcar. Se le presenta como si fuera el presidente de Honduras, escribiéndole en nombre del pueblo hondureño. Su patología merece una tesis doctoral en psiquiátrica. 

En 2013, Obama dio un discurso sobre movilidad económica alertando del peligro e inmoralidad que subyace en una sociedad donde unos pocos viven muy bien, mientras muchos enfrentan problemas de subsistencia, por tanto, -decía- “el Estado tiene la responsabilidad de redistribuir la riqueza”. Como dice el dicho: “mientras los gobiernos conservadores cuando llegan al poder generan riqueza, los gobiernos de izquierdas se encargan de repartirla hasta agotarla”. Ejemplo, Venezuela con su socialismo chavista. Un país que habiendo sido una de las riquezas más consolidadas de la región ha sido esquilmado por políticos populistas hasta alcanzar una inflación del 2.674%, cifras del pasado agosto.

El populismo no es una ideología sino una manera de hacer política, utilizando al pueblo como herramienta para alcanzar el poder y, una vez logrado, modificar las reglas del juego para consolidarse indefinidamente. El pueblo venezolano, que votó por Chávez y Maduro, ahora hurga en los camiones de la basura buscando restos de comida, soporta severos racionamientos, y protagoniza la diáspora más brutal de la historia contemporánea en tiempos de paz con más de cuatro millones de emigrantes, estimándose las previsiones en 7 millones para finales del próximo año. Como para los próceres populistas la verdad es interpretativa, y la única válida es la de ellos, “Mel” considera a Venezuela como la mejor democracia de América Latina y, su exsocio Nasralla, que vendiera su ideología conservadora por el plato de lentejas de la banda presidencial, lo respalda afirmando que “todo lo malo que se dice sobre Venezuela son inventos de la prensa tarifada”.

Obama, sesgado por el populismo, dio a entender que la riqueza es inmoral habiendo pobreza, aunque su origen sea lícito. Un desatino descomunal. Seguro que olvidó el mensaje de Jesús en Mateo 26,11: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros”. La pobreza conlleva desigualdad, cierto, pero la desigualdad no implica pobreza. Es preferible que todos seamos desiguales en la riqueza que iguales en la pobreza.

El responsable de la pobreza de muchos no es la riqueza de unos pocos, sino la desigualdad en las oportunidades. Allí es donde el Estado, los gobiernos de turno con sus políticas públicas deben invertir recursos masivamente: educación, formación, especialización. Generar las condiciones para que cada persona, sea cual fuese su condición social, tenga la oportunidad de desarrollar su potencial y salir de la pobreza por su propio esfuerzo y méritos.Como decía Cantinflas: “ganaras el pan con el sudor de tu frente, no con el de enfrente”. 

La educación genera conocimiento, el conocimiento proporciona libertad de elección. En este punto el discurso populista ya no tiene cabida y el político trilero queda expuesto y rechazado. La peor pobreza no es la material, sino la cultural, para cambiar la primera hay que cambiar la segunda. 

“La pobreza no se resuelve con donaciones, sino con educación y empleo”. -Carlos Slim-

PG. Nieto.

     Asesor y Profesor CISI.

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