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Pensar estratégicamente



Por: Julio Raudales

No es difícil ser empático con la mayoría de los hondureños en estos días.

 

La gente común siente que el peligro asecha de forma constante. Quienes habitan las ciudades temen por su trabajo, por su futuro y por el de sus hijos. En el campo la sensación de indefensión es todavía mayor. Se cierran las oportunidades; ni migrar a la ciudad o irse del país son ya opciones viables.

Pero en medio de tantas incertidumbres aparece un viento de esperanza: la llamada Plataforma por la defensa de la Educación y la Salud se decanta por una solución ciudadana a los problemas del país.

A comienzos de esta semana,la Plataforma planteó a través de los medios de comunicación mas visibles (las redes sociales), una primera propuesta de temas a discutir para que sea la ciudadanía organizada quien defina su camino hacia el desarrollo.

La Plataforma ha demostrado que aun en medio de una crisis se pueden encontrar salidas si se piensa estratégicamente. Es bueno recordar a sus líderes que hay opciones legales que les permiten utilizar esta vía: La ley de Participación ciudadana de 2006 y la Ley del Plan de Nación continúan vigentes y ofrecen el marco legal adecuado para el cambio. Es decir, las opciones están abiertas. La misma ley las permite.

Ante los riesgos evidentes que hoy presenta la República y establecida la soberanía y la justicia como respuestas a la pregunta ¿Qué queremos?, se hace urgente plantearse: ¿Qué hacer?

Responder a esa interrogante implica la construcción de la fuerza necesaria para ir en pos de aquello que se quiere alcanzar. Pero diferentes objetivos requieren de medios distintos. De ahí que la fuerza de que se trata tiene que relacionarse directamente con el terreno donde se da la lucha.

Frente a los desafíos que hoy encara el país, el trabajo comprometido y participativo es el camino para construir una alternativa viable para la soberanía y la justicia. Esta construcción debe entenderse como una tarea ciudadana. Nadie hará por los hondureños lo que ellos no hagan de manera organizada.

Ahora, a estas alturas en indispensable plantearnos ¿Quienes son los adversarios? En el contexto interno los rivales a enfrentar son la oligarquía acostumbrada a hacer negocios a costa del gobierno, los neo-populistas y, claro está, los intelectuales que diseñan y sostienen los proyectos de ambos bandos.

En el ámbito externo, los adversarios son el narcotráfico y su dinámica perversa, el control desde el extranjero del sistema de pagos del país y las constantes presiones que desde el exterior se ejercen sobre las políticas públicas que deberían ser asunto de los hondureños.

Para encarar estos conflictos hay que pensar con seriedad, debatir en la adversidad y actuar de manera comprometida. Para transformar su entorno, la ciudadanía participativa necesita aprender a leer el mundo que le rodea. El pensamiento estratégico es indispensable en estos tiempos de incertidumbre y ansiedad.

Definir los sectores de educación y salud como los ejes estratégicos del plan es solo el primer e importante paso. Todos los esfuerzos deben ir encaminados a lograr una mejora en la calidad de los servicios y una ampliación en su cobertura: buena infraestructura, materiales e insumos, formación continua, así como buenos incentivos a los prestadores de servicios (maestros, médicos, enfermeras, etc.)

Todas estas acciones deben plantearse mediante la descentralización y definición participativa de las acciones consolidando el trabajo a nivel territorial. El establecimiento de los Consejos Regionales y Locales de Desarrollo, con un mapeo adecuado de actores es crucial si se desea avanzar de manera segura en el proceso.

Luego será necesario pensar en una forma innovadora de presupuesto, de manera que puedan ser integradas en él, las prioridades definidas por la ciudadanía en sus espacios de participación.

La acción gubernamental en adelante, debe ser el resultado de los designios de la ciudadanía activa. Eso es democracia republicana.  

Vivimos en una circunstancia nacional y mundial que podemos aprovechar a nuestro favor. Hace diez años, los hondureños encaramos una situación similar que nos llevó a un conflicto de consecuencias catastróficas. Debemos tomar la lección y no repetir los errores. La dimensión y profundidad de los riesgos que hoy corre el país exigen ser parte de la acción.

El tiempo juega en contra. No hay tiempo para la complacencia. Hay que actuar ahora, con la mirada puesta en el futuro -un futuro que, en cierta forma, ya toca la puerta y que llega cargado de amenazas, aunque también de oportunidades.

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