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PCMs



cosenzaPor: Luis Cosenza Jiménez

Recientemente hemos visto a nuestro país sumido en la confrontación y la violencia debido, aparentemente, a la promulgación de ciertos PCMs por el Poder Ejecutivo.

Los dirigentes gremiales, tanto del Colegio Médico, como de los Colegios Magisteriales, sostienen que el propósito de los PCMs es privatizar la salud y la educación, y hacer masivos despidos de sus agremiados. El gobierno por su parte insiste en que eso no es así y hasta publicó un nuevo PCM que explícitamente dice que no habrá privatización, ni despidos masivos. Los dirigentes gremiales exigen que, previo a dialogar, se derogue los PCMs, a lo cual el gobierno se opone. El enfrentamiento ha llevado a marchas, a toma de carreteras, es decir, a la violación del derecho a la libre circulación de los ciudadanos, y finalmente a la violencia, la delincuencia y el vandalismo. Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre y qué fin tendrá el enfrentamiento? Analicemos la situación y veamos a que conclusiones llegamos.

El Presidente periódicamente se reúne con sus Ministros y en esas reuniones toman algunas decisiones que se plasman en PCMs (Presidente en Consejo de Ministros, por sus siglas). Los PCMs no tienen carácter de ley. Solo el Congreso Nacional puede promulgar leyes. No obstante, los PCMs son útiles para coordinar las actividades del Ejecutivo y para que todos los Ministros empujen en la misma dirección. El gobierno reiteradamente ha dicho que no pretende privatizar la salud y la educación, y que tampoco habrá despidos masivos en esos sectores. Siendo eso así, resulta difícil entender el empecinamiento en la derogación de los PCMs. Igualmente, resulta imposible entender la obcecación en su preservación. El gobierno ha dicho hasta la saciedad que no privatizará y que no habrá despidos masivos. Si eso es así, ¿por qué entonces no derogar los PCMs? Si ya renunciaron a la privatización y a los despidos masivos, ¿qué es lo que todavía contienen los PCMs que impide su derogación? A mi entender, el gobierno nunca ha explicado cuáles serían las consecuencias negativas de derogar unos PCMs que no incluyen ni la privatización, ni los despidos masivos. Para justificar su posición, el gobierno menciona el manejo indebido de los dineros de los agremiados en los colegios magisteriales. No obstante, este es un asunto que el Ministerio Público viene manejando desde hace años y que afecta únicamente a los agremiados en los colegios magisteriales. Resulta inverosímil pensar que este sea el tema que mueve al gobierno a confrontar los gremios y a paralizar el país. En tanto el gobierno no explique el perjuicio que ocasionaría la derogación de los PCMs será imposible que la población apoye su posición. Con excepción de los empleados del gobierno y de quienes se benefician de los programas asistenciales del mismo, muy pocas otras personas apoyarán su posición.

La dirigencia gremial ha enarbolado la lucha en contra de la privatización y en contra de los despidos masivos. En realidad, su lucha debería ser por asegurar servicios de salud y de educación de calidad. Si para eso es necesario revisar los modelos empleados a la fecha, y cuyo resultado es a todas luces un fracaso, entonces que así sea. A la gente no le importa si hay o no despidos masivos, o si el sector privado tiene un papel más preponderante en el sector salud y en el de educación. Lo que se necesita es calidad y acceso para todos, especialmente para los más pobres. Nuestro país hizo un enorme sacrificio para aumentar significativamente los sueldos de médicos y maestros, pero la calidad de la salud y la educación no mejoraron en absoluto. De poco sirve adoptar posiciones dogmáticas si al final la calidad de los servicios prestados sigue siendo pésima. Pareciera que más que luchar en contra de la privatización lo que mueve a muchos es simplemente la mejora de sus sueldos y sus “conquistas”. Por supuesto que hay excepciones, pero en general lo que priva es el interés personal sobre el bien común.

En resumen, a mi criterio se trata de una confrontación basada en intereses personales. Ambos grupos han evidenciado absoluto dogmatismo y ausencia de una vocación sincera para resolver el diferendo de tal forma que se proteja el interés de los pobres. Insistir en la derogación de los PCMs previo a dialogar, al igual que empecinarse en no derogar unos PCMs que aparentemente servirían de poco, o nada, revela absoluta inflexibilidad de ambas partes. Ambas han convertido la discusión en confrontación y ahora buscan ganar el pulso. A mi juicio, es probable que el gobierno sea el perdedor y se vea obligado a derogar los PCMs. Entre más tarde en hacerlo, más significativa será la derrota. Llevarlo a la mesa derrotado allanará el camino para que los gremios muestren y hagan prevalecer su verdadera agenda. El gobierno perderá toda credibilidad y un gobierno que carece de legitimidad y no puede proteger la vida y los derechos de los ciudadanos no tiene razón de ser.

Todo hace suponer que tenemos un futuro muy complicado frente a nosotros. Claramente que en estas circunstancias se reducirá notablemente la inversión y la generación de empleo, en momentos en los cuales miles de nuestros compatriotas vendrán de regreso gracias a las presiones que Donald Trump ejerce sobre México para que impida el paso de nuestros migrantes. Pobreza, falta de empleo y migrantes retornados constituyen un caldo de cultivo para el descontento, la insatisfacción, la delincuencia y la violencia. Para hacer frente a este formidable reto tenemos una clase política en bancarrota. A mi juicio, si no hay una verdadera renovación de nuestra clase política seguiremos retrocediendo, al igual que Venezuela y Nicaragua. ¿Dónde está el liderazgo joven e inspirador ahora que tanto lo necesitamos? Busquémoslo y apoyémoslo antes de que sea demasiado tarde.

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