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Éxito y fracaso, la prueba silenciosa en política



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

«Para conocimiento del lector que, por ignorancia o malicia, me considera extranjero, ostento con orgullo la nacionalidad hondureña.

Llevo catorce años viviendo en esta bendita tierra. Agradezco a los que siguen mi pensamiento, aunque no lo compartan. Quedo motivado frente a los sepulcros blanqueados que pretenden callarme. No entienden que las diferencias fortalecen la democracia, porque no son demócratas.»         -PG. Nieto-

La línea que separa el perfil de una persona exitosa de la que fracasa es sinuosa. En ocasiones, el infortunado presenta virtudes y cualidades que no tiene el triunfador. El sujeto exitoso predica que la suerte es para quien la busca, no permitiendo que se cuestionen sus méritos. El que fracasa lo atribuye a la mala suerte, eludiendo asumir responsabilidades. Diferentes oportunidades llegan a la vida de cada persona, si no las aprovecha es porque no las detecta, no está preparada, o no se atreve a saltar a la zona de pánico. Victimizarse es el preámbulo del fracaso.

El presidente de Venezuela trabajaba como conductor de autobuses, antes de ser reclutado por Chávez. La historia no olvida que Chávez fue un golpista fracasado. En Honduras un presidente abandonó los estudios superiores… Ambos mandatarios no necesitaron mayor formación para dirigir sus países. En este tipo de éxitos siempre interviene el azar, el “cisne negro” del que ya escribí. La suerte de estos mesías refundadores es -y ha sido- una desgracia para sus pueblos.

El éxito es el resultado satisfactorio de un proyecto. La suerte son las circunstancias imprevisibles que lo acompañan, permitiendo que culmine felizmente o marre. El éxito necesita del trabajo, la suerte del destino… ¿Qué hubiera pasado si los troyanos hubiesen descubierto que dentro del caballo se escondían soldados griegos? Sencillamente que la civilización romana no hubiera existido… La suerte de los griegos al no ser descubiertos provocó la derrota de Troya, pero ese fracaso permitió el nacimiento de Roma, por tanto, nuestros actuales perfiles intelectuales, lengua y cultura. Como dijo Henry Ford: “El fracaso es la oportunidad de empezar de nuevo, pero con más inteligencia”. Observando la estrategia del salvador locutor, es obvio que desconoce el pensamiento de Ford.

Los políticos son expertos en decir lo que hacen bien, ocultando sus fracasos. La corrupción junto con la impunidad, provocan las desigualdades sociales como un zigurat: pobreza, hambre, enfermedad, inseguridad, migración forzosa, desarraigo familiar… Podemos inferir que “corrupción más impunidad” son la piedra angular que sostiene el fracaso de cualquier política. La prueba silenciosa de las debilidades de nuestra democracia.

El locutor pretende ser la caseta de peaje por donde transite la crisis política. Arrogándose el título de salvador de Honduras, profetiza ser el elegido para llevarnos a la tierra prometida donde no habrá hambre, pobreza, enfermedad, ni delincuencia…, estamos ante un timador populista. Cual cleptómano se apropia de cualquier problema coyuntural del país para transformarlo en una prueba del malestar social contra JOH, porque le robo la banda presidencial. No le da vergüenza decir que la huelga del transporte fue también un apoyo de los transportistas a su reclamo por el fraude, y que lo mismo pasará con las crisis que están por llegar. Busca desesperadamente contaminar la sociedad con su síndrome de la “banda presidencial”, alentando a la gente para que salga a las calles a protestar.

Sin partido político, utilizó la plataforma de Libre para acudir al proceso electoral. Fracasada su coacción al TSE, OEA y UE, para que le reconocieran como presidente electo, copió la iniciativa de Luis Zelaya para que la ONU mediara, con la mala suerte que el secretario general, Antonio Guterres, respaldó el triunfo de JOH. Utiliza la ONU como altavoz mediático de su reclamo. Presiona a JOH para que firme el decreto vinculante de un dialogo cuyo caballo de Troya es el adelanto de los comicios. Le conmina a reconocer que él ganó las elecciones por ¡dos millones de votos!, amenazando con torpedear las reformas estructurales que demanda la sociedad. El 31 de octubre es la fecha que fija el locutor para mostrarnos su retrato de Dorian Grey. Miente cuando respira.

Cuando era niño, una noche, mi madre, señalando una estrella en el cielo, me dijo que era la mía. Tiene que ser verdad porque me lo dijo mi madre... 

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