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El ritmo de la multitud



Por: Julio Raudales

No es fácil entender lo sucedido en Honduras durante las últimas dos semanas, siempre surgen las preguntas de rigor.

¿Qué no es la primera vez? Ya lo sabemos, ¿Qué no pasa de ser la reacción gremial ante la pretendida acción gubernamental para despedir empleados públicos y qué una vez conseguido el objetivo cada quien va contento a su casa? Tal vez, eso lo sabremos en un ratito. ¿Qué es una triquiñuela mas de la oposición para desestabilizar al Gobierno?, discutible.

Una crisis es el momento largo o corto, intrincado y confuso, en que pasado y futuro luchan entre sí. Es el instante de la historia en el que la minoría sincroniza menos con las multitudes, y aun las mismas entre ellas. Ya en Honduras llevamos un buen rato en la coyuntura crítica, ya va siendo tiempo del cambio.

Creo que en el caso actual, mas allá de posible defensa de intereses gremiales, se tocó dos temas que sí tienden a hurgar la sensibilidad colectiva: Educación y dalud.

Leí con atención y criterio reflexivo el doble proyecto de decreto introducido al Congreso Nacianal la última semana de abril. Para ser franco, no encontré nada en él que despertara alguna suspicacia, a no ser, claro, por el proyecto en sí.

¿Para qué se necesita una ley que mande a reordenar el presupuesto en estos dos sectores? Si Usted hace una simple revision de la normativa vigente para el sector público, se dará cuenta de que toda ella faculta al poder ejecutivo para que realice este tipo de acciones. A mis colegas los técnicos de la Administración Pública seguramente les pareció mas que redundante la susodicha propuesta de ley.

El Plan de Nación, la Ley Orgánica de Presupuesto, las Disposiciones Generales del mismo, La Ley de Administración Pública y un sinnúmero de reglamentos y decretos ejecutivos ya lo ordenan. Entoces: ¿A qué viene la introducción de estos mandatos legislativos que no harán mas que despertar sospechas?

Precisamente en el año 2011, la Secretaría de Planificación presentó a la Presidencia de la República en Consejo de Ministris, un diagnóstico de la situación del personal en las Secretarías de Educación y Salud. En él se mostraba el desorden imperante en las planillas: Maestros, médicos y enfermeras con 5 o 6 plazas en puntos geográficos distantes, salarios disímiles para el mismo puesto sin justificación clara, déficit de personal en distintas regiones y muchos problemas mas.

El diagnóstico se había socializado con colegios profesionales, sindicatos, cámaras de comercio, autoridades municipales y otras fuerzas vivas a nivel territorial, tal y como se determinaba en la ley del Plan de Nación.

En ese momento se logró captar la voluntad de la ciudadanía para reordenar dichos sectores tan importantes. Se calculaba en aquel entonces, que el ordenamiento en ambos sectores generaría al fisco unos 4,000 millones de lempiras y mejoraría sustancialmente la cobertura en los servicios de educación y salud.

Pero como siemre, o casi siempre, la desidia y falta de compromiso con el trabajo, hicieron que el proceso no se llevara a cabo. No se si era esto lo que buscaban arreglar las mal avenidas propuestas de ley. En todo caso, no eran necesarias y la información está disponible, basta con actualizarla.

De todos modos, creo que lo acaecido es una lección clara de economía política: Cómo evitar que una reforma o acción gubernamental muera antes de nacer.

En todo caso queda claro que la eficacia en la aplicación de las políticas públicas de cualquier índole, está determinada por la percepción de legitimidad que la ciudadanía tenga acerca de sus autoridades. El otro elemento clave es la participación ciudadana en desde el inicio de cualquier proceso. Se acabaron los tiempos en que las decisiones eran impuestas desde el centro, lo que digan los grupos organizados debe ser tomado en consideración o no se hará.

En el modo de moverse de las multitudes pudiera apreciarse la situación social de un país: Lo advertimos por el ritmo o la falta de ritmo, por la forma en que se aglomeran los individuos, o el vacío que ellos dejan libre, espacio sin contacto humano.

Es evidente que algo nuevo sucede en nuestra amada patria. Quizas es el preludio de cosas buenas, tal vez el inicio de la debacle. Todo dependerá de si quienes se entronizan en el poder saben ver las cosas de manera inteligente.

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