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Dialogo utópico de políticos distópicos



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

Utopía y distopía son conceptos antónimos. La palabra utopía fue inventada por Tomás Moro para darle nombre a la isla que albergaba una sociedad perfecta, por tanto, inexistente.

Distopia es lo opuesto, la antítesis de lo bueno, lo indeseable. No perdamos el enfoque, el paraíso utópico de Moro se fundamentaba en la sociedad, no en la isla. El traje condiciona a la percha, nunca a la inversa. No hay lugar malo para vivir, son las personas quienes lo hacen inhabitable y distópico.

Concluido el sainete del dialogo los exiguos acuerdos serán solo propuestas que el Congreso deberá debatir, modificar, aceptar o rechazar. La joya será la amnistía para los delincuentes que utilizaron las protestas políticas como excusa para cometer actos de vandalismo y sabotaje. Políticos distópicos que presionan a los poderes del estado para que vulneren el marco legal como “gesto de reconciliación democrática”. Un despropósito que muestra la debilidad de nuestras instituciones y autoridades. ¿Dónde está la amnistía para los militares que defendieron la democracia frente a la turba, como contribución a esa reconciliación?

Quedaba a los distópicos demostrar el fraude, para provocar el adelanto de las próximas elecciones. Siempre dijeron disponer de las pruebas, pero fueron cambiando el discurso. Primero denunciaron la falsificación de actas, después que se violentó el sistema informático, luego fueron 300.000 zombis y 400.000 emigrantes cuyas identidades se utilizaron para votar en las 18.000 mesas… Como diría Jack el Destripador, diseccionemos (la mentira) por partes:

  • El 18-diciembre-2017, Nasralla afirma que el fraude es informático, mostrando una USB con las pruebas que le entrega en la OEA a Almagro, y posteriormente a la UE. Pregunta: ¿Cómo es que ninguno de los dos organismos ha expuesto dichas pruebas formalizando una investigación? No cuela.
  • Pasado lunes 5, en la mesa de Garáfulic se aborda el fraude. Lo previsto, nadie presentó pruebas materiales o testigos directos. Matamoros, presidente del TSE, declaró: “Transcurrido casi un año, no hemos recibido una tan sola evidencia y ninguna acta que contradiga las actas que tiene publicado el TSE”.
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  • Jueves 8, en HRN, Nasralla confiesa: “Manuel Zelaya se quedó con todas las pruebas, él las tiene y nunca me las dio…Si ustedes hablan con él pregúntenle qué las hizo y que me las entregue”. ¿Si nunca tuvo las pruebas del fraude, qué contenía la USB que dijo entregó a Almagro y a la UE con las evidencias? ¡Uf!
  • Viernes 9, (tras el desliz en HRN), los delegados de Nasralla hacen el ridículo ante Garáfulic: “A Libre la faltaron 3.000 actas que compró el Partido Nacional, que utilizó para el fraude”. “Mel” (Libre) nunca ha denunciado que les faltasen copias de las actas generadas en cada mesa. Ninguno de los 3.000 delegados denunció el soborno.
  • Domingo 11, Nasralla en “Hoy Mismo” informa sobre ¡nuevas pruebas!, leyendo en un papel lo que tenía que decir: “En las hojas de los impresos para actas y votos que se utilizaron en las elecciones, queda marcado un código de puntos amarillos invisibles al ojo, el código máquina; y la fecha impresión de cada hoja. Hay que revisar las actas y los votos. Si no tienen ese código o es distinto, ese es el fraude que se cometió.”

Analicemos. Cada acta firmada por todos los representantes en cada mesa, genera una copia que se queda cada partido, que puede cotejarse con el acta original en el TSE para determinar si fue manipulada. Los supuestos “códigos invisibles” -según qué impresora confeccionara los originales- no desvirtúan la manera de detectar si hubo fraude.

  • Jueves 15, “Mel” ante los medios: “Libre está en poder de todas sus actas   -desmintiendo a Nasralla-, y no las presenté para cotejarlas con las originales porque no me fiaba de “la Fulton”. ¡Guau!

  Infiramos. ¿Cómo puede decir que hubo fraude si teniendo las pruebas no las presentó ante las MOEs (OEA-UE) y TSE para demostrarlo? Porque sabía que su candidato había perdido, pero la estrategia para debilitar a JOH pasaba por ocultar las supuestas evidencias. Tras distanciarse de Nasralla confeso que “habían perdido por el voto rural por culpa del perfil inestable del candidato”. El Partido Liberal presentó sus copias y las autoridades no detectaron diferencias en las originales. ¿Entonces?

Políticos distópicos que, mintiendo maliciosamente, buscan inducir en la opinión publica un fraude irreal que no pueden probar, articulando evidencias utópicas. “Lo que no es no puede ser, además es imposible”. 

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