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Con cierta pena y con escasa gloria



Victor mezaPor: Víctor Meza

Tegucigalpa.- Así se va el señor Luiz Guimarães, vocero oficial de la Misión de Apoyo en la lucha contra la corrupción y la impunidad en Honduras, un organismo creado por la Organización de Estados Americanos (OEA), financiado por la comunidad cooperante internacional, solicitado formalmente por el gobierno hondureño y, lo que es más importante, fruto inmaduro de las exigencias multitudinarias expresadas en las Marchas de las Antorchas de los meses de julio y agosto del año 2015.

De hablar pausado, con ese tono simpático del portugués brasilero, el señor Guimarães, hombre bueno si los hay, muy circunspecto, amable, huidizo ante las cámaras y partidario siempre del bajo perfil, estuvo poco tiempo entre nosotros. Le tocó la desagradable tarea de llegar a Honduras para sustituir al jurista peruano Juan Jiménez, primer vocero de la MACCIH, quien, poco a poco, con delectación de artista y paciencia de monje, logró ir conquistando las simpatías de mis compatriotas y el visto bueno de los críticos y escépticos de siempre que no confiaban en su misión. Entre la gestión de Jiménez y la de Guimarães hay un abismo de diferencias, pero también hay otro de condiciones dispares y momentos distintos.

Jiménez se va en el momento en que la imagen de la MACCIH iba en ascenso, en la medida que se lograba colocar las piezas de lo que habría de ser un sistema integral de anticorrupción, el sueño más acariciado del abogado peruano. Guimarães llega en momentos de confusión y duda, cuando el escepticismo vuelve a cobrar fuerza, ante la abrupta salida de Jiménez, como resultado de conspiraciones palaciegas conjuntas de cierta cofradía internacional en Washington y de algunos políticos corruptos locales. Pero, aun así, en tales condiciones, el gobierno se negaba inicialmente a aceptar la designación de Guimarães, hasta que la presión de Washington subió su volumen y se hizo inevitable la llegada del abogado de Sao Paulo.

O sea que Guimarães no llegó en su mejor momento. El origen de su gestión no fue ni el más oportuno ni el más venturoso. La sombra de Jiménez pesaba todavía con demasiada fuerza y su fantasma merodeaba por los pasillos de una MACCIH desmoralizada, en proceso casi de desintegración laboral, con fugas importantes de capital humano y un interinato tan provisional como intolerante.

Los hondureños debemos ser justos al valorar la gestión del doctor Guimarães. Hizo lo que pudo y lo que no pudo lo habrá dejado escrito en su agenda. Su desempeño estuvo marcado por no pocas incomprensiones locales, urgencias inapropiadas para encontrar soluciones inmediatas a problemas que requieren más tiempo y paciencia. Sus iniciativas, modestas y discretas, chocaron más de una vez con ese muro de impunidad  y silencio que rodea y protege a las elites corruptas del país. Con su estilo prudente y con frecuencia incomprendido, el doctor Guimarães impulsó algunos de los procesos que ya estaban en marcha, alentó investigaciones cautelosas y prudentes sobre redes tan sensibles como peligrosas. Pero no fue más allá. El recuerdo de Jiménez y las lecciones de su frustrada gestión siempre estuvieron presentes en su desempeño y en su aprendizaje.

El círculo de hierro que toma decisiones en Washington siempre está atento a lo que hace la MACCIH, vigilante para que no rebase los límites ni cruce la línea de prudencia que la diplomacia cretina y el compadrazgo político aconsejan. Allá, en las cómodas oficinas de la capital estadounidense, están los burócratas que parten y reparten el presupuesto que los países cooperantes aportan para el funcionamiento de la MACCIH, allá se toman las decisiones clave y se decide, en última instancia, si es o no prudente investigar a tal o cual o judicializar este o el otro caso. Así son las cosas, por desgracia.

¡Adiós doctor Guimarães! Buen viaje y mejores recuerdos, si los hay, para tener siempre a Honduras en la mente y en el corazón. Disculpe a quienes lo ofendieron, repudie a quienes obstaculizaron su trabajo y sonría a los que, a veces, por imprudencia y hastío, exigimos más de lo que usted y la MACCIH podían y pueden dar. Ojalá que la sombra de otro interinato, no termine por fin de aplastar las alicaídas energías de la Misión de apoyo.


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