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Autonomía



cosenzaPor: Luis Cosenza Jiménez

Años atrás, los mandatarios, tanto en el ámbito político, como en el religioso, intentaron controlar las universidades, pretendiendo definir lo que esos centros de estudio podían discutir y enseñar. Las universidades rechazaron tales pretensiones y defendieron lo que llamaron “libertad de cátedra”, es decir, sostenían que las universidades eran las únicas que podían decidir lo que se enseñaría en ellas.

 

A mi entender, ese fue el nacimiento de lo que ahora llamamos “autonomía universitaria”. El concepto evolucionó para luego incluir las finanzas, la administración y hasta el espacio físico que ocupan las universidades. En nuestro país pareciera que el concepto se centra exclusivamente en este último aspecto, aunque hay que agregar que esa forma de entender la autonomía universitaria es común en los países en vías de desarrollo. En el primer mundo, lo que parece preocuparles es la libertad de cátedra. Pero bien, veamos, para comenzar, como en otros países se ha interpretado la autonomía para que podamos entender mejor el concepto.

En Costa Rica, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia se pronunció sobre un recurso planteado por la Universidad de Costa Rica cuando la policía ingresó a su espacio físico sin consultar a las autoridades universitarias.

En un artículo publicado por crhoy.com el 13 de septiembre de 2018, se informa que” Los magistrados subrayaron que las universidades públicas no son ajenas al ordenamiento jurídico estatal. Tampoco son un territorio independiente a Costa Rica.” Continúa explicando el artículo ”En realidad el término autonomía universitaria se refiere a independencia administrativa, política, financiera y organizativa.

Luego agrega que en su resolución la Sala Constitucional dijo que “El sistema institucional y jurídico de las universidades públicas está dentro del Estado y del ordenamiento jurídico nacional. No se trata de un Estado dentro de otro Estado, sino de una situación en la cual (por ejemplo) el Poder Judicial puede intervenir cuando las autoridades universitarias violan la Constitución Política.” Concluye el artículo diciendo que “hay facultad plena para intervenciones de otros cuerpos del Estado”.

Me parece que todos, o al menos una amplia mayoría, aceptaremos que las universidades necesitan contar con libertad de cátedra, llamémosle autonomía académica, así como con la potestad de organizarse y manejar sus bienes conforme a su exclusivo criterio, es decir, debe también contar con autonomía administrativa.

En cuanto a autonomía financiera, todos quisiéramos que contara con ella, pero en tanto no genere sus propios ingresos y dependa de transferencias del Estado, no será posible contar con una verdadera autonomía financiera. Finalmente, en cuanto al espacio físico, o al campus universitario, lo que uno esperaría es que la universidad cuente con su propia policía para garantizar la paz y el orden. Eso es lo que hacen otras universidades en países desarrollados.

Sin embargo, se entiende que si la policía universitaria es incapaz o se rehúsa a mantener el orden y la paz, entonces los cuerpos de seguridad del estado tienen la obligación de hacerlo, para lo cual, al menos en algunas ocasiones, podrían tener que ingresar en el campus universitario. Por razones obvias, esto debería ocurrir únicamente en condiciones extraordinarias y excepcionales que deberían ser definidas previamente por los responsables de garantizar el orden y de proteger la vida y los bienes.

Ahora bien, si el propósito fundamental de la autonomía es evitar que fuerzas extrañas a la universidad impongan su ideología o su voluntad en ella, entonces ¿qué puede decirse de un grupo de personas que se apoderan por la fuerza de la universidad con el propósito de imponer su ideología y sus ideas? ¿No constituye esto un claro acto de violación de la autonomía universitaria? Además, ¿no estamos frente a la violación de los derechos de los estudiantes que desean recibir clases? Entiendo que la mayoría de los estudiantes desean recibir clases, pero aunque fuera una minoría, ¿qué faculta a esas personas encapuchadas a violentar los derechos de la minoría? Resulta ensordecedor el silencio de las autoridades universitarias, y de muchas otras personas, frente a esta violación de la autonomía universitaria, como resulta estridente el mutismo del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos.

Todo parece indicar que para algunas personas se da, o no, una violación de la autonomía dependiendo de quien presuntamente la cometió. Claramente que esta doble moral debe, o al menos debería, ser inaceptable en nuestra máxima casa de estudios.

¿Y qué decir de la destrucción de los bienes de la universidad? ¿Debemos permanecer indiferentes cuando algunas personas dañan los edificios, destruyendo los ventanales construidos con los impuestos que todos, con mucho sacrificio, pagamos? ¿Debe mantenerse la fuerza pública cruzada de brazos ante actos vandálicos? ¿No niega eso el propósito fundamental de la fuerza pública, cual es proteger a las personas y sus bienes? Lamentablemente la fuerza pública puede caer en el abuso, pero eso no implica que como sociedad debamos renunciar a su uso.

Tampoco se trata de aceptar y justificar el abuso que la fuerza pública pueda cometer. En este sentido, debe investigarse lo acontecido durante la reciente confrontación que se dio en la Universidad, y si procede, castigar a quienes se hayan excedido en el uso de la fuerza. La impunidad es simplemente inaceptable.

Recordemos que al final lo que se busca es contar con una universidad de calidad, comprometida con la búsqueda de la verdad y el conocimiento. En este contexto, debemos entender la autonomía como un medio para ese fin, y no como un fin en sí misma. Al paso que vamos, y salvo que las autoridades universitarias recapaciten, estamos propiciando la mediocridad en la UNAH y además evidenciando que en la máxima casa de estudios la fuerza prevalece sobre la razón, y que es aceptable violentar los derechos humanos y destruir la propiedad pública y privada. Claramente que este no es el mensaje que la universidad debe transmitir a quienes forma e informa.


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