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Hospitales Públicos: Talón de Aquiles en derechos humanos de hondureños



Tegucigalpa - La creación de nuevos centros hospitalarios, supervisión médica y el abastecimiento de éstos con las necesidades sanitarias básicas que requiere un paciente de escasos recursos, es una misión que está lejana de la realidad de los hondureños que enfrentan, ancestralmente, en un sistema precario y hasta inhumano.
 

- Entre medicinas escasas y frágiles condiciones de infraestructura millares de hondureños padecen de un deficitario sistema que pone sus vidas en riesgo


Y es que casos como los de doña Elvira Guillén, una sexagenaria que acude periódicamente al Hospital Escuela, principal centro hospitalario público de Honduras, desde un remoto poblado de Ocotepeque, en busca de medicamentos y atención para tratar su diabetes, deben ser atendidos con prioridad brindándole lo que ella no puede costearse y que evidentemente la hace viajar de un punto a otro por más de 8 horas.


Así como doña Elvira, más de 2,100 pacientes es decir un promedio de 766,500 casos atendidos anualmente, acuden al saturado y vetusto edificio del Hospital Escuela, que lleva el peso de 38 años encima y algunas pocas remodelaciones e infraestructura.


Pese a las enormes dificultades con las que tropieza en diferentes administraciones estatales, el Hospital Escuela dispone de un abastecimiento de medicamentos del 80%, según lo expresó recientemente el titular de la Secretaría de Salud, Arturo Bendaña, refiriéndose especialmente a los del cuadro básico. Del discurso al hecho las cosas parecen distar como del cielo a las estrellas.


Las incomodidades para cualquiera son múltiples desde su arribo: hacinamiento en los pasillos de emergencia; trato despectivo de gran parte del personal tanto de seguridad como de enfermeras, médicos y practicantes quienes de tanto convivir con la dura realidad sanitaria han dejado de lado la sensibilidad frente al vía crucis de los miles de pacientes.


El escaso número de salas de espera y camas (1,200); lavamanos insuficientes; ventilación inadecuada; baños en condiciones deficientes, insalubres y inadecuados hasta para cuando los pacientes requieren de un “chapuzón” que en cualquier caso deberá ser de agua fría; equipo básico para análisis y ultrasonidos en mal estado o en “proceso de reparación”; espacios insuficientes para la privacidad de la consulta; proliferación de insectos y ratas por conductos de tuberías semi reparadas e inclusive conviviendo con los mismos pacientes en pleno mediodía; cruda realidad que Proceso Digital pudo comprobar en un recorrido por los principales centros hospitalarios de la capital de Honduras, que convierten la estadía de cualquier hondureño en un verdadero sufrimiento.

Al preguntárseles a más de una veintena de personas que aguardaban por una cita médica, la mayoría coincidió que la necesidad y tener bajos ingresos, les hace visitar y esperar por horas en los hospitales públicos, a sabiendas de las precariedades que adolecen.


Las enfermedades más comunes de todos o casi todos comprendían las áreas de ortopedia en niños y adultos, cirugía general, cardiología, urología, ginecología, oftalmología, otorrinolaringología, ginecología sin incluir casi mil pacientes diarios que arriban a emergencia de pediatría y de adultos en los turnos diarios y nocturnos.


Honduras cuenta con un promedio de 8.7 médicos por cada 10,000 habitantes, lo que lo sitúa en el último lugar de los países centroamericanos con disponibilidad de ese recurso humano, según una investigación del Comisionado Nacional de Defensa de derechos Humanos en Honduras (CONADEH).


El Informe Nacional de Derechos Humanos detalla que las enfermeras apenas cubren un 3.2 por ciento por cada 10,000 habitantes.

Se estima que la mayor parte de los 8.7 médicos por cada 10,000 habitantes con que cuenta el país se concentran en las zonas urbanas. En al menos 74 municipios donde viven poco más de medio millón de personas, no hay médicos de la secretaría de Salud.


Hospital San Felipe: Los testimonios hablan de la acción solidaria y organizada


La situación parece ser menos convulsa en las salas de consulta externa del Hospital San Felipe. El área recién construida y bien diseñada que supera los 8 millones de dólares, alberga día con día 1,200 pacientes que desde lugares remotos buscan la medicina para sus males.


Don Mariano Díaz es uno de los tantos casos que ha pasado por aquí; sufre de hipertensión y artritis. Fue remitido del Hospital Escuela al San Felipe para tratamiento y asegura fue lo mejor que le pudo haber pasado: “el trato aquí es mejor y la atención médica cambia de golpe”, nos comenta mientras compra una galleta y un jugo para desayunar.



A Mariano, quien también acompaña a su hija Suyapa la cual será sometida a una intervención quirúrgica, apenas y le alcanzan los lempiras para comprar medicamentos; sin embargo los pocos que le sobran -nos revela- son para el bus de regreso a San Esteban, Olancho y si es preciso, para el pago de su estadía en el albergue transitorio, uno de los proyectos directos que el Comité Pro Ayuda al Hospital San Felipe y Asilo de Inválidos ha dispuesto a aquellos como éstos, que no tienen donde alojarse.
“La cuota por persona es de 20 lempiras diarios”, refiere la arquitecta Fanny Oliva, encargada del diseño de obras de infraestructura del independiente Comité Pro Ayuda, mismo que para individuos como don Mariano representan un aliciente a su economía, cambiando un lúgubre pasillo por una modesta cama.


Al caso de don Mariano se le suma el de José Pérez, un maestro jubilado, quien desde hace 5 años se le diagnosticó diabetes; vive en Nueva Armenia, Francisco Morazán y es uno de los pocos que según nos explica, goza de una ‘buena atención’ en el San Felipe. Asegura que pese a su condición, encuentra el aliciente médico para poder sobrellevar su padecimiento.


“Aunque no tengo los recursos para comprar medicinas, aquí los encuentro casi todos aunque me queda un poco lejos y tenga que salir oscuro, pero siempre regreso a consulta. No me quejo he tenido suerte porque me han ayudado mucho”, menciona el agraciado mentor de generaciones.


Como ellos, más de 1,200 pacientes diarios se atienden en la consulta externa del San Felipe en sus diferentes especialidades. Solo en esta sala, los padecimientos más comunes son diabetes, hipertensión arterial, infecciones respiratorias agudas, lumbago, anemia, dermatitis, dislipidemia, gastritis, artritis y cardiopatías a niños, adolescentes y adultos (hombres y mujeres).


Otros tantos se avocan a servicios de cirugía, maternidad, pediatría, rayos X, oncología, fisioterapia, rehabilitación, Ortopedia, área protésica, oftalmología, odontología, psiquiatría, radiología, clínica del diabético, endoscopia, emergencia materna, laboratorio, banco de sangre, asilo y quimioterapia. Asimismo cuenta con áreas complementarias como: farmacia, cocina, lavandería, taller, costurería; goza de predios extensos, con mantenimiento y aseo permanente, pese a que su construcción data de los años mil ochocientos.


Es así como la benemérita casa de atención, antes “Asilo de los Indigentes”, dispone hoy en día de 18 médicos exclusivos a la consulta externa (13 por acuerdo y 5 por contrato). Sus autoridades manifiestan con agrado que no existen maquinas con desperfectos que obstruyan la labor médica y que las farmacias están abastecidas en un buen porcentaje en igualdad de rangos comparativos a los de otros hospitales de la ciudad.


En las demás como las que incluyen a adultos mayores, interviene el Comité Pro Ayuda, quienes anualmente desarrollan proyectos orientados a brindar una mejor asistencia a los pacientes que llegan del interior hasta este lugar.




El laboratorio de ortesis y prótesis, mantenimiento de unidades de cobalto en área de oncología, electroterapia y ultrasonidos (medicina física y rehabilitación), mantenimiento de la unidad de rayos x, y acceso a otros servicios médicos, así como el albergue transitorio y la remodelación de techos y otras salas, han sido posibles gracias a ellos, quien en un esfuerzo conjunto con autoridades, miembros de la sociedad civil, y otros, han realizado una labor propia para servir con esmero a la ciudadanía en general.

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