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He entrado al corredor de la muerte y he escuchado la silla eléctrica



Una ejecución en la silla eléctrica. Una ejecución en la silla eléctrica.
Autor del artículo: Por Alberto García Marrder

Miami, (EEUU) - Por tres veces he entrado al corredor de la muerte en el estado de Florida para entrevistar a condenados españoles y he escuchado el ruido ensordecedor de la silla eléctrica cuando funciona.

Siendo director de la agencia española de noticias EFE en Miami, entré a la prisión de Raiford en el norte de Florida, en el año 1999, para entrevistar a Joaquín José Martínez, condenado a muerte por el asesinato de dos personas en Tampa.

silla2El 1 de junio de 2001, en un nuevo juicio en Tampa, Martínez fue declarado “no culpable” por faltas de pruebas y quedó en libertad. Ahora vive en Valencia (España) y tiene ya varios hijos.

La foto que le hice, levantando las manos esposado, fue la portada del libro que escribió tras su liberación y la usa mucho el en un blog que tiene en Internet.

En el mismo año regresé para entrevistar a Pablo Ibar, sobrino del famoso boxeador español José Manuel Ibar “Urtain”, ex campeón europeo de boxeo de los pesos pesados.

Ibar fue condenado a muerte por el asesinato, junto a su amigo Seth Peñalver, del dueño de un cabaret en Miramar (Florida) y dos de sus bailarinas.

Cuando entrevistaba a Ibar bajo la vigilancia de un guardia, se escuchó un tremendo ruido que me dejó sobresaltado.

“Están probando la silla eléctrica para una ejecución esta noche”, me dijo muy tranquilo Ibar, quien lleva en el corredor de la muerte casi 15 años y sus abogados están apelando para que tenga un nuevo juicio.

En el 2002, regresé para entrevistar a Julio Mora, un canario mayor de edad y condenado a muerte por el asesinato de dos personas en Fort Lauderdale.

Mora, aquejado de demencia, murió de muerte natural estando en prisión el año pasado, después que su condena a muerte fuera conmutada a perpetua.

Di a conocer en España el caso de Joaquín José Martínez, cuando empezaron a visitarme en mi oficina de EFE en Miami sus padres, él, español y ella ecuatoriana.

silla4Y estaba sentado junto a sus padres el día que dio inicio el segundo juicio en Tampa, al que habían acudido también casi diez periodistas venidos de Madrid.

En un receso, el abogado de Martínez, Peter Raben, se acercó a mí y me dijo: “Dígale a los padres de Joaquín que el fiscal no va a pedir esta vez la pena de muerte”.

Se lo dije y salí corriendo para llamar a la oficina de EFE en Washington para dar la primicia y detrás de mi vinieron todos los periodistas españoles.

Una vez dictada la noticia, la compartí con mis colegas, lo que presagiaba que la fiscalía no tenía asegurada una nueva condena.

El último día del juicio llegó el “Not guilty” (No Culpable) esperado y mi urgente con la noticia interrumpió la transmisión en directo de un partido de futbol de España, tal era el interés que existía en ese país.

Al día siguiente me infiltré en la prisión Orient Road de Tampa, detrás del cónsul español, Javier Vallaure, y fui el primer periodista en entrevistar a Martínez cuando quedó en libertad.

Mientras que todos mis colegas españoles esperaban afuera del edificio de la prisión, incluyendo al corresponsal de Televisión Española (TVE), que estaba transmitiendo en directo a Madrid, coincidiendo con un telediario.

Volví a pisarles la primicia a mis colegas, con foto y texto, cuando al día siguiente, en el consulado español en Miami, que estaba situado en el mismo edificio de la Agencia EFE en Coral Gables, el cónsul le entregaba un pasaporte español nuevo.

silla3Ibar no ha tenido la suerte de Martínez y sigue batallando en los tribunales de apelaciones, tras 15 años de estar encerrado en el corredor de la muerte.

Hay más de 300 condenados a muerte en Florida y estos tiene la opción de escoger entre la inyección letal o la silla eléctrica. La mayoría escogen la primera.

En las gasolineras cerca de la prisión de Raiford me llamó la atención unas T-Shirt (camisetas) que se vendían con este lema: “Only sissies use injections”, algo así como “Solo los mariquitas escogen la inyección”.


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