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El alma de los pueblos



juliorPor: Julio Raudales

Tegucigalpa.- La palabra vedette en el lenguaje de los medios de comunicación y las redes sociales durante las últimas dos semanas es la “intervención”.

Ya se instaló una comisión en el Registro Nacional de las Personas, otra en salud y ahora se habla también de la Secretaría de Educación.

Parece que las autoridades han concluido en que existe la ineludible necesidad de hacer cambios estructurales en ciertas áreas que, pese a la cantidad de recursos presupuestarios históricamente destinados a la prestación de sus servicios, no han satisfecho las expectativas de los beneficiarios y mantienen a la población en un desconsuelo que se aproxima cada vez mas a la indignación.

En efecto, solo para este año, quienes pagamos impuestos nos gastaremos la bicoca de 40 mil millones de lempiras para sostener los ¿sistemas? de educacion y salud. Esto es mas o menos un 7.2% del PIB, lo cual es poco si lo comparamos con lo que a ellos destinan países exitosos en la región como Costa Rica y Uruguay, quienes invierten sistemáticamente mas del 12% del total de su producción a financiar estas dos tareas.

Es decir, las cosas en su sitio. Si las autoridades no comienzan por priorizar el gasto público en educación y salud, para ponerlos en la dimensión presupuestaria requerida, por mas comisiones de notables que se integren, estaremos desperdiciando tiempo, saliva y tinta. ¡Sin mas presupuesto, los cambios no se darán! Y cuando hablo de presupuesto, no me refiero únicamente a la cuestión financiera.

Y es que, aunque el dinero parezca siempre el problema mas ingente no lo es. En efecto, el problema de la política social en el país trasciende lo meramente crematístico. Un presupuesto eficaz requiere, además de dinero, formas inteligentes de manejo, honestidad y sobre todo, un liderazgo decidido a realizar los cambios.

Me decía el profesor Ramón Ulises Salgado, quien fuera Rector de la Universidad Pedagógica Nacional y Director de Educación Superior en la UNAH, que la educación hondureña necesita urgentemente de la mejora integral en tres aspectos fundamentales: la gobernabilidad del sector, la mejora en los servicios al estudiante y la reforma curricular. Nadie -me decía el Profesor- se atrevió hasta ahora a encarar un proceso de reforma integral con estos tres elementos. Cualquier intento de mejora sectorial que no los incluya será vano.

Cuando se busca la razón fundamental de nuestro subdesarrollo, la baja calidad y cobertura del sistema educativo resaltan sobre cualquier otra explicación. Será necesario entonces, avanzar en la visualización de la política educativa como una cuestión de estado, mas allá del enfoque tradicional de planificación sectorial que tanto daño ha hecho al país y que las autoridades persisten en implantar. Así como Japón o Chile no tienen buena educación porque son ricos, sino que al contrario, son ricos porque tienen buena educación, debemos entender que solo desde una perspectiva holística de la mejora en el capital humano, el país saldrá adelante en sus retos.

De ahí la urgencia de que los problemas en el sector se aborden como una cuestión de estado y no de manera compartimentada. En ese sentido, será necesario que ambas comisiones, educación y salud, trabajen en forma coordinada, pero, además, que ambos temas vayan pensándose integrados y coherentes, en función de los desafíos del territorio, es decir, pensar el desarrollo con una visión de población y asentamientos humanos.

Nadie, ningún presidente o político de quienes nos han gobernado, se ha tomado en serio el problema educativo del país. Mas allá del discurso y los buenos deseos, el sector ha padecido de un total abandono y la mejor prueba la tenemos en las asignaciones presupuestarias y los indicadores de resultado.

Si las actuales autoridades quieren demostrar que el asusnto va en serio, deben comenzar por la vía del presupuesto y la planificación eficaz. Si no están dispuestas a priorizar lo verdaderamente importante, mejor que “ni se tiren”.

Solo haciéndolo de forma inteligente y honesta, quedará claro que subsiste aun en nuestra Honduras el espíritu morazanista: “La educación es el alma de los pueblos y el abono de los ejércitos de la libertad”. 

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