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Separacion familiar



Otto Martin Wolf 2015Por: Martín Wolf

El mundo entero le cayó encima al Presidente Trump por su política de “Cero Tolerancia”, que llegó hasta la infame acción de separar niños y en algunos casos bebés, de sus padres y madres, cuando son capturados ilegalmente dentro de los Estados Unidos.

Asociaciones de Derechos Humanos, organizaciones religiosas, opositores políticos; la presión fue tanta que un hombre como él, intransigente en extremo, tuvo que retroceder y ordenar que se reunificaran todos los que estaban en esa situación, quizá unos tres o cuatro mil seres humanos.

Pero esta vez tengo que decir que Trump, con todo y su radicalismo e intolerancia, no es en realidad el verdadero culpable de la situación, no es su gobierno quien separa las familias; los responsables son nuestros gobiernos, nuestros países, nuestros gobernantes, nuestra gente, los culpables somos nosotros.

Es nuestro país quien obliga a las familias a dividirse, a buscar otros lugares donde encontrar oportunidades.

Se dividen las familias, se van buscando empleo, servicios médicos, seguridad, esperanza; todo eso de lo que carecen aquí.

Son nuestros gobernantes los culpables, quienes desde sus puestos se dedican al disfrute del poder y a enriquecerse, en lugar de cumplir la función para la cual fueron nombrados.

Somos nosotros, como sociedad en conjunto, los que hemos propiciado que más de un millón de nuestros compatriotas se vayan a buscar mejor suerte, se jueguen la vida, se lleven a sus niños y sus bebés porque aquí no tienen condiciones adecuadas para vivir, aquí no pueden aspirar a un futuro, aquí no hay esperanza.

En la terrible jornada son violados, secuestrados, convertidos en esclavos, obligados a prostituirse, inducidos en las drogas y -si sobreviven a todo eso y alcanzan a subirse al tren de la muerte- llegan a tierra desconocida donde la patrulla fronteriza les detiene y deporta.

Los que logran escapar y perderse entre las multitudes de las grandes ciudades se ven en la necesidad de trabajar en las peores condiciones por salarios muchos más bajos de lo que indica la ley, a cortar frutas en el campo sin ninguna clase de seguridad social, casi como esclavos y aún así, con todo eso, ellos sienten que están mejor que en Honduras.

Lavando inodoros, recogiendo basura, escondiéndose cada vez que un carro de la policía pasa cerca, corriendo cuando alguien grita “la migra!”

Lejos de su familia, de su patria, extraños en tierra extraña y aún así están mejor que en Honduras.

Aún así, los dólares duramente ganados alcanzan para sobrevivir y para enviar a sus familias.

Centenares de miles de hondureños enviando remesas mantienen la economía del país que no supo ni pudo retenerlos.

Y nosotros, los que si pudimos quedarnos y especialmente los gobernantes que no pueden salvar al país como tantas veces han ofrecido, ninguno siente vergüenza de que esos pobres expatriados, esos emigrantes de última categoría, sean quienes sostienen nuestra economía, nuestro cómodo estilo de vida.

No es el Presidente Trump el responsable, él cree estar defendiendo su país, lo que es su derecho y su obligación.

Somos nosotros, gobernantes y pueblo los responsables de que eso ocurra, somos nosotros, todos nosotros quienes verdaderamente los separamos, no sólo de sus familias pero también de su patria.

Somos nosotros quienes separamos a esa madre de su hijo, a ese padre de su hija, somos nosotros los culpables de mandarlos a sufrir y a veces hasta a morir… nosotros somos los verdaderos culpables.

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