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Escándalo en la iglesia católica



Otto Martin Wolf 2015Por: Otto Martín Wolf

Investigaciones de la Fiscalía en Pensilvania (USA) demostraron que trescientos sacerdotes católicos abusaron sexualmente de más de mil niños durante varios años.

Niños que fueron enviado por sus padres con toda confianza de que la institución a la que les mandaban les daría una sólida formación moral.

Lo que encontraron fue una banda de delincuentes sexuales, pedófilos degenerados quienes usaron la frase “dejad que los niños vengan a mi”, para causarles un daño que difícilmente se cura con el tiempo.

Qué hizo la Iglesia Católica?

La respuesta sencilla, dura y directa es: nada o, por el contrario, hizo mucho. Utilizando su poder de intimidación ya que hasta hace poco era inconcebible que alguien criticara esa iglesia -ninguna iglesia calló muchas voces.

También, utilizando el dinero de las limosnas para callar críticas y comprar conciencias, logro mantener en silencio lo que era notorio; pero nadie puede ocultar semejante cantidad de crímenes en forma permanente.

Qué hicieron entonces los dirigentes católicos? También la respuesta es: nada.

Fue hasta recientemente, cuando algunos perdieron el miedo o la vergüenza que por aquí y por allá empezaron a surgir las denuncias, las dolorosas quejas de aquellos a quienes sacerdotes católicos les habían destruido la infancia y, en muchos casos, la vida entera.

En Estados Unidos -y también en muchos otros países- depredadores sexuales, pedófilos y violadores habían escogido el sacerdocio como carrera ya que ahí los “niños venían” llamados por Dios.

Un Papa venerado por muchos, Juan Pablo II, tiene que haber oído sobre lo que estaba pasando, pero no hizo nada. Su silencio cómplice manchó para siempre su memoria. El siguiente Papa, a pesar de ser un anciano expulsó más de 400 sacerdotes durante su pontificado.

El actual Papa -Francisco- aceptó la renuncia del Cardenal de Boston Bernard Law, por encubrir más de 250 curas pederastas. Lo mismo sucedió con Roger Mahony, de Los Angeles,.

Chile, Irlanda, Francia, España, Alemania, Australia, la misma Italia; prácticamente todo el mundo católico finalmente levantó la voz y denunció los crímenes sexuales de sus sacerdotes, no todos pero muchos.

En México, Marcial Mercier, creador de la Orden Los Legionarios de Cristo, fue denunciado por múltiples abusos.

Juan Pablo II y los propios Legionarios negaron sistemáticamente la culpabilidad de Mercier, aunque sin duda conocían los hechos.

Benedicto XVI ordenó su retiro. Cuatro años después la Legión de Cristo reconoció los abusos sexuales de Mercier.

Del ex nuncio del Papa en República Dominicana, José Wesolowski, al arzobispo de Santa Fe, Argentina, Edgardo Stormi, al de Viena Hans Herman Groer, al de Brujas en Bélgica, Roger Vangheluwe (quien reconoció que había abusado de sus dos sobrinos), como hongos putrefactos, por todas partes surgen cada día nuevas denuncias sobre depredadores sexuales y pederastas refugiados detrás de hábitos y sotanas.

En Honduras un obispo fue acusado por antiguos seminaristas por su conducta sexual, incluyendo lujosos regalos para un ex amante (dinero de las limosnas?), tal y como denunció el semanario italiano L Spresso, renunciando poco después.

Cuántos casos más habrá que aún no salen a la luz?

Las más altas autoridades religiosas en Honduras siguen guardando un escandaloso silencio sobre éste y los muchos casos en todo el mundo; siguen predicando moralidad como si tuvieran estatura moral para hacerlo.

No deberían hablar como lo hace el Papa Francisco?

Mientras tanto un consejo a los padres de familia: No dejen que los niños vayan solos a la iglesia, ninguna iglesia.

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