porsalud 2018 5

boton19

GIF Jestereo nov 17

Menu

         

El respeto, primer fundamento del prestigio político



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

En el Talmud podemos leer: “No vemos las cosas como son, sino como somos”.

La realidad la percibe cada individuo de forma diferente porque somos distintos, no hay dos huellas dactilares iguales. De manera que si relatamos lo que vemos según somos, podemos inducir el perfil ético/personal/profesional de una persona estudiando cómo expone los hechos ya subjetivados, inconsciente o maliciosamente.

Maquiavelo decía: “No intentes ganar por la fuerza lo que puede obtenerse por la mentira”. La mentira, que forma parte de la naturaleza humana, es una herramienta de supervivencia que con el paso de los siglos se ha ido perfeccionando hasta convertirse en el arma definitiva para alcanzar el éxito. A medida que se miente más se perfecciona la técnica y se miente mejor, por eso los mejores mentirosos son los políticos, porque el pueblo no está capacitado para entender la realidad, la de ellos, por tanto, es imperativo mentirle. Tampoco es propio del político pedir perdón por haberse equivocado, aunque en ocasiones haya quien pida disculpas, que no es lo mismo. Las disculpas van acompañadas de justificaciones por los errores cometidos, pero no hay arrepentimiento. Cuando se pide perdón sí, porque se visualiza el daño causado a la contraparte y se asume la responsabilidad sin excusas.

Algunos políticos utilizan un lenguaje confrontativo para obligar al pueblo a que se polarice y escoja entre dos bandos. Magnifican todo lo que nos separa pretendiendo socavar los pilares de todo aquello que nos debe unir como hondureños. “Honduras de aquí y de allá”. “Revolución o Dictadura”. “Oficialismo u Oposición”. “Refundación o Continuismo”. “Con el pueblo o con la oligarquía”. Cuidarse de estos “patriotas” porque intentan fortalecer su imagen a costa de exponer las debilidades del Estado e instituciones atacando la gobernabilidad. Actúan como depredadores de la democracia con tal de ser el novio en la boda y el muerto en el entierro, los protagonistas. Denuncian las falencias de nuestras leyes, pero torpedean cualquier iniciativa para sacar adelante los cambios que la Constitución y el marco jurídico necesitan con urgencia. Hablan de dialogo, pero ponen condiciones para dialogar y presionan para que el resultado les favorezca, son burdos extremistas.

Ante la sequía de estadistas aparece un político dummy despotricando contra el gobierno y lo subimos a los altares entregándole nuestras esperanzas, sin reparar si tiene las capacidades para el puesto que pretende, o se trata de un hipócrita estafador del intelecto y las emociones. Mas de un millón de venezolanos ya abandonaron Venezuela y la sangría diaria continua, seguro que muchos votaron por Chávez y por Maduro, ahora maldicen el día que lo hicieron. El principio de las “Jerarquías de Peter” fue postulado por el filósofo Ortega y Gasset en 1910, y reza: “Las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad hasta que alcanzan su nivel de incompetencia, haciendo fracasar toda la estructura”. No cuestiono la habilidad de Maduro para conducir autobuses, pero Venezuela no es una guagua. Tampoco Honduras es un estudio de televisión, ni la política de Estado un concurso de entretenimiento con azafatas.

El sentimiento más genuino que la sociedad puede experimentar hacia un líder se llama ¡Respeto! Pero se trata de un valor moral que necesita funcionar simultáneamente en los dos sentidos. Se respeta a quien respeta. Agarrar el micrófono para injuriar, calumniar, denigrar, difamar y ensuciar la dignidad de las personas, arrogándose atribuciones que no se tienen, nos retrotrae al comienzo del artículo: “No vemos las cosas como son, sino como somos”. El locutor nos muestra cómo es realmente. Que el vocero de un ente diga que determinadas personas están siendo investigadas por sospechas de corrupción, sin que medie ningún requerimiento del MP, no es patente de corso para que vomite que todos son ladrones y corruptos, condenándolos al linchamiento mediático como en el viejo Oeste. Esa forma de medrar en la política para ganarse las simpatías de una población machacada por la pobreza y falta de oportunidades es deleznable.

La anticorrupción es un comportamiento ético que debe formar parte de la gestión de todo político honrado, de cualquier partido. Apoderarse de esa bandera, como hace el locutor, no certifica su titularidad ni exime de padecer la epidemia como es el caso. Su disonancia cognitiva sobre la que ya escribí lo evidencia. Resulta una torpeza pueril construir un liderazgo basándose en un atributo, que además no tiene.

Más de Pedro Gómez Nieto

   


Valora este artículo
(1 Voto)

volver arriba