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Divergencias y disonancias politicas



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

“Divergente” se titula la primera novela –llevada al cine-  de la trilogía escrita por Verónica Roth ambientada en una futurista ciudad de Chicago.

Los habitantes viven divididos en cinco grupos diferenciados: “Sinceros”, “Inteligentes”, “Pacíficos”, “Valientes”, y “Altruistas”. Con la mayoría de edad los jóvenes se someten a una prueba para determinar en qué grupo integrarse. Beatriz, la protagonista, es divergente porque tiene aptitudes para estar en más de una facción, lo cual está prohibido en esa sociedad.

En Honduras también tenemos cinco grupos diferenciados que sobresalen del resto de colectivos: “Políticos”, “Empresarios”, “Funcionarios”, “Religiosos”, y “Pobres”. No hay que someterse a ninguna prueba para determinar el grupo de pertenencia, depende de los recursos económicos, los contactos que se manejan y los favores por cobrar o deber. A diferencia de la novela de Roth aquí la divergencia está permitida. “Políticos” y “Empresarios” son divergentes, mutan, incluso simultanean ambos grupos. La facción “Religiosos” es divergente con los dos anteriores pues incursiona en ambos. El grupo “Funcionarios” incluye a las fuerzas de seguridad y servidores públicos, cuando mutan lo hacen con los dos primeros.

El único colectivo que no es divergente son los “Pobres”. Después de 36 años de democracia no hay manera de que un pobre adquiera las capacidades para mutar y cambiar de grupo. Según el Banco Mundial somos el país con más pobres de la región, un 64,5%, de los que el 42,6% están en pobreza extrema. Los datos del BCH señalan un aumento del PIB superior al 3,7%, pero la pobreza sigue creciendo. Según el coeficiente de GINI tenemos las mayores desigualdades de América Latina, poniendo en evidencia el fracaso del modelo de desarrollo que implementa cada gobierno cuando llega al poder.

El responsable de la situación del colectivo “Pobres”, que mantiene al país en el inframundo, es el grupo “Políticos”. Buscan el poder para servir al resto de facciones, pero una vez alcanzado un amplio sector prioriza los intereses personales sobre los sociales. Su neolenguaje establece que “en política todo es posible”, es decir: alcanzar un fin supuestamente noble justifica el uso de medios espurios. Ejemplo palmario sería la manera cómo algunos diputados del Congreso saliente, por acción u omisión, utilizaron el método “a lo pirata” para colocar en la Ley del Presupuesto un chaleco antibalas que les proteja frente a cualquier investigación judicial sobre el uso de los fondos departamentales, que previamente no se canalice a través de una investigación administrativa… Lo dicho, no hay forma de que un pobre sea divergente en Honduras, Jiménez Mayor finalmente lo entendió.

Verónica Roth no clasifica sus grupos atendiendo al poder adquisitivo de los ciudadanos. La riqueza no es determinante para salir del subdesarrollo. En cualquier estructura social, con cualquier sistema de gobierno y democracia, siempre habrá ricos y pobres. Jesús nos lo recuerda en el evangelio de Mateo 26:11: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros”. Las sociedades están laminadas según la riqueza de sus habitantes, lo que no representa un problema de convivencia, ni de mutación. El punto de fractura es utilizar la pobreza como herramienta de control, poder y enriquecimiento personal, envolviéndolo todo en un neolenguaje populista que mantiene engañado al “pobre pueblo pobre”. La corrupción no tiene ideologías ni grupo social.  

En nuestra sociedad se respira doble moral y “disonancias”, patología que padecen los que se muestran éticos escondiendo la malicia de sus acciones. Cuando son descubiertos saben justificarse. Internamente argumentan falta de voluntad, mantener el ego, respeto social, cuidar la imagen… Externamente explicarán sus procedimientos “irregulares” porque buscan lo mejor para su entorno familiar, fortalecer sus empresas y mantener los puestos de trabajo… Un disonante es aquel fumador que sabe que el cigarro perjudica su salud pero sigue fumando. Aquel religioso que predica el evangelio pero en la intimidad es lascivo. El empresario que paga sus impuestos pero soborna al político para que le promueva licitaciones. El funcionario que se esconde en la manada para no cumplir con sus responsabilidades profesionales. Incluso la disonancia afecta al grupo “Pobres”, cuando teniendo oportunidad de ser divergentes no quieren sacrificarse; les resulta más cómodo responsabilizar al gobierno por su situación, esperando le resuelva sus necesidades. La disonancia está arraigada en nuestra cultura, acostumbrados a convivir entre hipócritas y mentirosos.  

La paz social y el desarrollo armónico llegarán a Honduras cuando corruptos y ladrones de cualquier grupo social sean estigmatizados como los leprosos en tiempos de Jesús, y la sociedad entienda que la riqueza mal habida y falta de valores está gangrenando la Patria. El bisturí que nos propone Jiménez Mayor es articular una Ley de Colaboración Eficaz, la sociedad civil y organismos internacionales deben presionar para ello. Como dice Jesús en Mateo 13:30, “cuando llegue el tiempo de la siega separemos el trigo de la cizaña que será arrojada al…” Pozo (I-II).

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