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“Declaración de Nueva York” o las capitulaciones políticas



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

La capitulación es el acuerdo firmado entre las partes en conflicto, donde se establecen los requisitos para la resolución del diferendo.

En una guerra es el convenio que recoge las condiciones de la rendición. El término <<capitulación>> procede de los capítulos en los que se divide el acuerdo, que desarrolla los distintos temas, tiempos y procedimientos para su cumplimiento. Una vez firmado se convierte en ley, existiendo un capítulo de sanciones en caso de transgresión, bajo la supervisión de los mediadores.

La declaración es una exposición pública, realizada ante una autoridad y testigos, sobre una cuestión concreta, un pacto entre caballeros que no necesita incluir un mandamiento ejecutivo. Lo que el Partido Liberal presento en la mesa de Garáfulic, que llama “Declaración de Nueva York” (DNY), debería haberse llamado “Capitulación de Nueva York”. El documento, por el momento desestimado, pretende obligar a los tres poderes del Estado a consumar una dejación de autoridad y funciones, en favor de los intereses espurios de una oposición, que se escuda en una crisis mantenida artificialmente. En su origen la crisis se sustentaba en el supuesto fraude electoral, pero como la reclamación del fraude nunca obtuvo el respaldo de la comunidad internacional (¿se han preguntado por qué?), reformularon la estrategia. Pasaron a denunciar las debilidades estructurales del marco electoral, -anteriores a las elecciones y gobiernos precedentes-, y colocaron como banderín de enganche las violaciones a los DDHH que ocurrieron durante la crisis.

El pacto entre Luis Zelaya y Nasralla, que viera la luz el 27N, pretende presionar al presidente del Ejecutivo para que a su vez obligue al presidente del Legislativo, a que apruebe un documento cuyo contenido se desconoce, en el que los diputados no participarán, y tampoco tendrán posibilidad de debatirlo, modificarlo y rechazarlo. La estrategia de estas lumbreras de la democracia es machacar inmisericorde las instituciones y gobernabilidad de cara al próximo proceso electoral. Simultáneamente se lamentan ante la comunidad internacional por la debilidad de nuestra democracia. Esta forma de hacer política produce arcadas. Recordamos a “Mel” firmando una proclama por la que se declaraba a la OEA y UE organizaciones “no gratas”, porque no se plegaron a entregarle la banda presidencial a su locutor.

El dialogo es una herramienta democrática de consenso. Cuando al dialogo se le ponen condiciones previas se convierte en coactivo y pasa a llamarse chantaje. Si damos otra vuelta de tuerca obligando a que sea vinculante, pasa a convertirse en una capitulación.

La DNY contiene medias verdades ajenas a la crisis. Por ejemplo: “Es patente que la sociedad se encuentra dividida por la reelección, lo que acentúa las diferencias entre los hondureños”. Omite que todos los partidos políticos aceptaron presentar sus candidaturas al proceso electoral junto al candidato reeleccionista, supervisados por la comunidad internacional. Cuando perdieron la urna presidencial es cuando patalean, primero el fraude, después la reelección. La UE les explicó que ellos avalaron el proceso cuando participaron junto al candidato nacionalista, dándole carta de naturaleza. En represalia declaran “non grata” a la UE y se van con la ONU, a ver si pillan algo en la mesa de Garáfulic. Bajaron el listón, el locutor ya no pide la banda presidencial, solo el adelanto electoral. Intentan que la pandemia de la corrupción de políticos debilite al gobierno, aunque ellos también estén pringados.

La DNY incluye la necesidad de fortalecer las instituciones, pero omite que ellos contribuyen a su debilitamiento. Por ejemplo, tras el 27N dicen no reconocer la legitimidad del TSE, pero aceptan su declaratoria electoral para diputaciones y alcaldías. Incluso el locutor le solicita la inscripción de su nuevo partido. Tremenda disonancia. No reconocen la legitimidad de la presidencia de la república, pero en la DNY determinan una agenda para que el poder ejecutivo pueda emitir decretos en la esfera de ¡sus atribuciones! Esto se llama política de fariseos.

La DNY estable una agenda vinculante aprobada por las partes. Pero esa vinculación precisamente es la que desnaturaliza el dialogo para convertirlo en capitulación. No se puede presionar al Ejecutivo para que firme un documento en blanco y vinculante, que implica usurpar las funciones del Congreso Nacional. La violación a los DDHH es lo que debe abordarse con urgencia, el resto de cuestiones se enmarcan en la esfera del CN.

Decía Mark Twain: “Nunca discutas con un estúpido, te hará descender a su nivel y ahí te vencerá por experiencia”.

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