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Comunicación, liberación, contaminación política



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

“Es imposible no comunicarse. Todo comportamiento es una forma de comunicación” - Paul Watzlawick-

En la “Teoría de la Comunicación”, Watzlawick desarrolla que aun estando callados siempre comunicamos. Conocemos el porcentaje promedio de información que se trasvasa en cada comunicación. El 7% es lo que se dice, un 38% corresponde a cómo se dice, la paralingüística, el 55% restante son kinemas, lo que expresa el cuerpo mientras se habla. Por tanto, lo más importante de una comunicación está en lo que no se dice.

La comunicación es motor del desarrollo social, pero las castas con poder establecen las reglas del juego por medio de leyes y normativas que las instituciones ejecutan. El poder político determina, por ejemplo, qué tipo de educación debemos recibir, y así nos va. La verdadera libertad es la del conocimiento, cuanto más ignorantes más fácilmente seremos manipulados por el poder. No hay un solo poder sino un entramado de poderes que se relacionan, liderado por el político cuyo siamés es el económico.

El vehículo más efectivo para que el poder muestre su política son los medios: prensa, radio y televisión. Por eso lo primero que hace el partido político cuando alcanza el poder es diseñar su propia estructura de medios, por afinidades y contratos publicitarios, para controlar la comunicación. Definitivamente la política necesita ser mediática para ser eficaz. Pero el poder tiene un serio problema, desde hace unos 15 años y en aceleración constante, la comunicación de las masas está puenteando al poder para situarse directamente en la población, merced a las redes sociales.

La política tradicional ha quedado ninguneada por los cambios generados en los sistemas de comunicación virtuales, que no puede controlar. Las sociedades se configuran en torno a redes que intercomunican a las personas, en cualquier ámbito y actividad. Los medios tradicionales son incapaces de competir con una información masiva que fluye por Internet cuasi con el suceso. Los noticieros de los medios tradicionales generan poca información propia, investigación, rellenando con asuntos sociales y amarillistas, recurriendo a las redes para mantener la inmediatez y audiencia. La multiconectividad de las masas influye cada vez más en la opinión pública. El ciudadano se convierte en periodista, siendo las redes su plataforma de comunicación, liberación y contrapoder.

Esta novedosa herramienta fortalece las democracias, pero también las debilita por contaminación. La desinformación actúa con impunidad y malicia, afectando principalmente a los sectores con peor formación intelectual, manipulables. No estamos habituados a informarnos con espíritu crítico, cuestionando. Esas debilidades hacen que la sociedad quede afectada por dos sesgos cognitivos, denominados heurísticas, atajos mentales. El de “Confirmación”, nos quedamos con aquella información en la línea de nuestras creencias y emociones, rechazando la restante. Y el “Efecto Manada”, dejándonos llevar por la opinión de la mayoría. Como dice “Mel”, el pueblo no puede equivocarse, es la voz de Dios. Manipulación patente desde las pasadas elecciones que los tres próceres mantienen para debilitar al oficialismo, llevándose de encuentro la convivencia. Escuché a “Mel” exponer que la crisis política permanece porque ellos no reconocen el resultado electoral que diera el TSE, ni la legitimidad del gobierno de JOH. La hipocresía sublimada. Bien que reconocen los resultados del TSE para sus diputaciones y alcaldías. Bien que ponen la mano para recibir la deuda política. Bien que agarraron el bono de Semana Santa, y la brutal subida salarial que aprobaron sus diputados… No sigo, me faltaría papel.

Como zopilotes en busca de carroña, contaminan problemas coyunturales, como el del sector transporte, generando inestabilidad en las protestas pacíficas de los transportistas. Comandos perfectamente organizados, con el rostro embozado, violentando a la población a la que bajan de taxis y buses al grito de “fueraJOH”, impidiéndoles que acudan a sus puestos de trabajo. Así refundaremos Honduras.

La crisis estructural es sobre políticos e institucionalidad, la gente no les tiene confianza. El poder, cualquiera, al no controlar las redes las contamina para protegerse, y desprestigiar al adversario. Está de moda la “política del escándalo”. Los debates políticos se han convertido en show barriobajeros. La política se personaliza, destruyendo reputaciones que se juzgan y condenan en los medios, presionando también a los jueces. La presunción de inocencia queda sepultada bajo la obsesión por meter en la cárcel a los corruptos y delincuentes del oficialismo; pero cuando aparecen en la oposición se convierten automáticamente en “perseguidos políticos”.

Al periodista tradicional le queda la última frontera de su reputación para generar credibilidad y confianza, porque cualquier pendejo con un celular se convierte en un comunicador de masas.

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