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Periodismo, política e intolerancia



thelmamejiaPor: Thelma Mejía

Tegucigalpa.- Un informe del Latino barómetro reveló hace un poco más de dos años que los hondureños estamos perdiendo el valor de la tolerancia, última que no debe ser entendida como sinónimo de complicidad o impunidad.

La tolerancia como un valor democrático debe ser un ejercicio diario en toda sociedad que pregona la democracia. Es lo ideal, pero en nuestro país ese valor se encuentra de capa caída y en época electoral la fuerza de ese valor se debilita y las pasiones políticas arrastran no solo a la sociedad, también a la prensa.

La cobertura política en tiempos de elecciones presidenciales se vuelve complicada para la prensa. Los insultos afloran, las especulaciones aumentan y las descalificaciones se ponen a la orden del día. Y muchos colegas, dejan de ser periodistas para volverse militantes partidarios. Y cuando eso sucede, pierde la sociedad porque la brújula del periodismo entró a una fase de contaminación que no abona al debate de las ideas.

El proceso electoral al cual nos vemos abocados en noviembre próximo requerirá de una cobertura periodística al nivel de los acontecimientos, al margen del color político que tenga un comunicador social. La víspera indica que este proceso no será lineal, sin  sobresaltos, todo lo contrario, será cambiante, intenso y muy demandante.

La figura de la reelección presidencial ha sido el detonante para caldear los ánimos y será en las urnas donde se decidirá si tendremos o no un continuismo. Quienes adversan al actual gobernante se desahogan con cualquier cantidad de epítetos en las redes sociales y prefieren ignorar que es en las urnas donde se juegan la suerte los candidatos presidenciales. No hay en esas redes una tan sola propuesta de educación cívica ciudadana para que el elector en este proceso no “bote su voto”. ¿Qué hacer más allá de despotricar en las redes? ¿Cómo las volvemos en canales promotores de cultura cívica y electoral para ser un motor de cambio?

Mientras las revoluciones rosas se producen en las redes sociales, con muestras de intolerancia a más no poder, las estructuras del oficialismo se mueven distinto: con bonos solidarios, inaugurando obras, haciendo promesas y justificando, desde su óptica, el por qué la reelección es vital. La maquinaria se ha aceitado a más no poder.

De lado de la oposición, los partidos políticos hacen lo suyo con la desventaja de no tener los recursos del oficialismo.  ¿Qué pueden hacer para encantar al elector? ¿Ofrecer más de lo mismo? ¿Cómo superar el discurso oficial? ¿Existe un discurso oficial? ¿Por qué debemos votar para una reelección? ¿Qué es lo nuevo que ofrecen?

Son parte de las preguntas que en este proceso electoral debería hacerse el periodismo, empujar porque en el plató electoral la dinámica de las propuestas sea tan enriquecedora que el voto no se circunscriba a un proceso más sin tocar los temas del país. La intolerancia política no debe predominar por sobre los problemas del país. Estamos tocando fondo. Los problemas nos estallan: narco política, corrupción, reparto de poder, inseguridad, violencia, extorsión, desplazamiento forzoso, refugiados, asilados políticos, crímenes emblemáticos, desempleo y muchos etc., que ameritan respuestas.

Respuestas que nos deben dar los actuales candidatos presidenciales, incluyendo al presidente Hernández, que busca reelegirse y es consciente que debe ganar con una alta participación ciudadana para no caer en un fuerte déficit de legitimidad social. Que resurja el valor de la tolerancia y el valor de la tolerancia política. Que impere el debate de las ideas.

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