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Los desafíos del Fiscal General



thelmamejiaPor: Thelma Mejía

Tegucigalpa.- En su más reciente visita a Washington, junto a sus colegas de Guatemala y El Salvador, el fiscal general, Óscar Fernando Chinchilla, fue objeto de un fuerte respaldo a su gestión por congresistas estadounidenses y altos funcionarios de ese país.

Pero ese reconocimiento conlleva también desafíos para el fiscal, que tiene ante sí tremendos casos por resolver y por desenredar.

Para citar algunos, está el crimen de la líder indigenista y ecologista Berta Cáceres, asesinada hace un año y por cuyo crimen si bien hay personas capturadas consideradas presuntos autores materiales, el ovillo se enreda cuando se quiere llegar a los autores intelectuales. Hay quienes aseguran que el Ministerio Público ya tiene perfilado los responsables intelectuales y materiales, pero no termina de dar ese paso. 

Justicia tardía no es justicia, si es cierto que ya saben quién ordenó tirar del gatillo. De las declaraciones del director de la ATIC, Ricardo Castro, se colige que el caso está resuelto en un 95 por ciento, pero ese otro cinco por ciento que falta parece que se engulle en un pantano. Confiemos en tener respuestas.

El otro caso es el del desfalco en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), uno de los mayores hechos de corrupción pública en la Honduras del siglo XXI. Aquí las cosas toman matices satisfactorios: ya hay condenas y una de ellas constituye la primera en la historia del país por corrupción. Qué bien por el país y qué bien por el Ministerio Público.

En este caso, el acompañamiento de la MACCIH ha sido notable según las autoridades. De momento, se percibe una relación bastante armoniosa entre el Ministerio Público y la MACCIH, aunque el caso del seguro social apenas inicia y si los trabajos se resguardan como pinta la víspera, quizá vamos a poder desmantelar una red de corrupción que cooptó el Estado desde varias facetas, utilizando subredes y otros entramados ligados finalmente al poder político.

Pero en sus manos ha caído una de las papas más calientes que está sacudiendo el entorno político del país: la denuncia del cachiro Devis Leonel Rivera Maradiaga sobre el financiamiento a la narco política, sobre la forma en cómo, desde el Estado, lavaron dinero, compraron favores y tuvieron poder e impunidad para decidir sobre la vida de al menos 78 personas.

Algunas de esas 78 personas, fueron periodistas a los cuales el gobierno de turno nunca pudo tener respuestas sobre las causas de su muerte. ¿Y cómo? Si el cartel de los Cachiros tenía a la autoridad a su diestra y al político a su siniestra.

Chinchilla junto a la MACCIH está frente a una medusa, la cual deberán trabajar con fineza para evitar que esas colas les corten la cabeza. Y quizá fue por eso que los congresistas estadounidenses y los altos funcionarios del departamento de Estado de Estados Unidos y el Fiscal General de aquel país, ofrecieran respaldo y denunciaran los riesgos que enfrenta: intimidaciones y amenazas orientadas a sacarlo de sus funciones antes de tiempo.

Amenazas e intimidaciones que sufren también sus colegas de Guatemala, Thelma Aldana, y de El Salvador, Douglas Meléndez. Ambos fiscales libran también en sus países retos enormes, se enfrentan a estructuras de poder capaces de todo, pero siguen haciendo camino judicializando casos, logrando condenas y poniendo ante las tablas a ex presidentes.

Aldana y Meléndez siguen dando a sus países esperanzas, uno acompañado de la CICIG, otro de una institucionalidad que está respondiendo del lado de la sala constitucional. No es casual entonces que estos tres fiscales generales del llamado triángulo norte de Centroamérica, se junten y coordinen acciones entre sí, unas más intensas y visibles que otras.

Pero el fiscal Óscar Chinchilla sabe que aquí en Honduras las cosas no son tan fáciles, pero tampoco imposibles. Él tiene el desafío de devolvernos la confianza y la credibilidad en la institución que rectora. Ha hecho cosas interesantes, pero lo que tiene enfrente se asemeja a una avalancha de la cual requerirá de sus mejores fiscales y del acompañamiento ciudadano para librar la gran batalla. La ley de Colaboración Eficaz será una armadura que podrá acompañar su traje cuando ésta venza las reticencias que ha empezado a encontrar en el Congreso.

Por la discrecionalidad con que se maneja, por ser una persona que no se apantalla ni deslumbra por andar en reuniones de cúpulas pactadas, según cuentan quienes le conocen, el fiscal Chinchilla quizá no imagine que en sus hombros carga no solo presiones y problemas enormes, lleva también las esperanzas de un pueblo y una sociedad que anhela tener su propia primavera, como bien lo apuntó en su última reflexión la Pastoral Social Caritas de la iglesia católica.

Esa primavera que nos debe no solo el Ministerio Público con el fiscal a la cabeza, también la MACCIH y quienes sigan apostando por mantener viva la llama de la indignación en este país que se resiste a caer en la sociedad de los poetas muertos. Que la suerte y la justicia acompañen al fiscal Chinchilla en esa suerte de primavera anhelada.

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