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Escenarios y valoraciones de la Coalición N-26



thelmamejiaPor: Thelma Mejía

Tegucigalpa.- Los últimos acontecimientos suscitados con la denuncia de la MACCIH sobre las reformas aprobadas en el parlamento pasado a la ley orgánica de presupuesto para configurar un “pacto de impunidad” a favor de la corrupción, mueve sin duda los escenarios en el país que busca afanosamente una salida a la crisis política post electoral instalada desde el 26 de noviembre de 2017.

Escenarios que se vuelven cada vez más complejos y que hacen válidas algunas preguntas al partido en el poder: ¿Hasta dónde quieren ayudar a salir de la crisis al presidente Hernández? ¿Hasta dónde están dispuestos a promover las reformas no partidarias ni politizadas que requiere Honduras? ¿Hasta dónde existe la voluntad real para un diálogo nacional? ¿Hasta dónde quieren impulsar Reformas al Estado para salvarse del caos?

Preguntas que también son válidas para el resto de las elites políticas representadas en el pasado hemiciclo y, que como bien decía el ex presidente Lobo Sosa, “calladitos, se ven más bonitos”. Lo pactado por estas elites políticas no fue cualquier cosa, en medio del barullo, los pitazos y las misas legislativas, lograron desplazar la atención de lo toral que se estaba aprobando para que las cámaras se centraran en el tumulto. 

Traigo esto a colación por una participación que tuvo en un foro televisivo la ex rectora, Julieta Castellanos, al afirmar que desde hace un mes existen “negociaciones directas” entre el gobernante hondureño y algunos caciques partidarios del otrora bipartidismo y de las nuevas fuerzas políticas que han coloreado el sistema de partidos políticos en Honduras.

Las palabras de la ex rectora cobran fuerza cuando esa reforma lesiva contra la transparencia y rendición de cuentas aprobadas por los pasados parlamentarios pasó de un plumazo, a la cinco de la tarde y aprobada por más de 70 diputados, según se ufanan en sus relatos los diputados nacionalistas, incluyendo uno de los viejos y nuevos vicepresidentes legislativos que sancionó “con orgullo” ese decreto.

Cuando la MACCIH indica que esta red de diputados no solo son cinco, sino que más de 60 y que implica a 30 ONG, entre lo que han investigado por ahora, se puede intuir el por qué el decreto y el por qué cobija desde las administraciones del 2006 a la actual de 2018. El decreto que no ameritaba sanción del poder ejecutivo, según los expertos, fue publicado un día después de su aprobación en el diario oficial La Gaceta. Ello da el beneficio de la duda al actual gobernante hondureño, en el sentido que “no se dio cuenta” de la trastada. Demos ese beneficio para seguir creyendo en Honduras.

Lo cierto es que esta reforma, no daña a la MACCIH ni sus integrantes como muchos piensan y despotrican contra ellos, daña al país y a sus ciudadanos, pues es evidente que estamos ante un escenario en donde los políticos quieren cerrar el paso a la lucha anticorrupción.

Pareciera que el escenario post electoral no les bastó, que no están pensando realmente en sacar de la crisis al país, en salvar a Honduras y en salvarse ellos mismos. De ahí que cobre fuerza el informe presentado por la Coalición no partidaria de Observación Electoral N-26, al presentar una serie de posibles escenarios para la salida de la crisis, primero, y la búsqueda de soluciones, después.

También plantea las características que deben regir un Diálogo Nacional, siendo una de ellas: “compromiso real” de cumplir los acuerdos. La duda es, ¿qué tan real será eso, si en la cara del pueblo están protegiendo la corrupción? Devolver la credibilidad es un gran desafío en donde el desencanto crece y el riesgo de la anarquía aumenta.

A medida que discurra esta nueva bomba estallada en nuestras narices, sabremos si tendremos un gobierno de transición pactada, obligado por la conflictividad; si será un gobierno de integración—con rostros nuevos y altamente profesionales con poder de decisión para empujar los cambios junto al Ejecutivo, sin que termine en un reparto político partidario; o si nos abocamos a un gobierno de partido, confiado en que los números le favorecen, pero ignorando que el maquillaje nunca es permanente.

También veremos de qué diálogo se habla: un diálogo para salir de la crisis, un diálogo para buscar soluciones o un diálogo para legitimar el actual orden de cosas. No la tiene fácil el presidente Hernández y se complicará más si su partido se vuelve parte del problema y no de la solución. 

Como bien señala en sus escenarios la Coalición N-26, “la democracia no solo es una forma de gobierno; es principalmente un sistema de organización social en el que todos, comenzando por sus autoridades, se deben conducir respetando la ley. Nada más reñido con el Estado Democrático Constitucional que la presunción de que es suficiente una mayoría para legitimar una decisión. El Estado Democrático Constitucional se fundamenta en una regla simple, pero de enorme contenido ético, la igualdad ante la ley y el consiguiente respeto de la misma por todos”. ¿Tenemos esto en Honduras? Dejo por aquí este par de desafíos.

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