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Reveses



cosenzaPor: Luis Cosenza Jiménez

Durante el fin de semana pasado nos enteramos de dos noticias relacionadas con el combate a la corrupción.

Por un lado, en el sonado caso Pandora, la juez natural decidió que casi todos los acusados serán juzgados en libertad, mientras que en el caso de los integrantes del extinto Consejo de la Judicatura, se revocó las medidas sustitutivas y se determinó que guardarán prisión preventiva mientras se les juzga. Mientras unos salían de la prisión, otros se aprestaban para ingresar en ella. La segunda noticia ha recibido menos atención que la primera, tal vez por el número y la relevancia política de los involucrados en el primer caso y por la atención mediática que se le había dispensado. Por otro lado, hay quienes ven en lo ocurrido en el caso Pandora un golpe o revés al Ministerio Público, MP, ya que se comenta que plantearon mal su caso y así facilitaron el trabajo de los abogados defensores y de la juez natural. Una destacada personalidad en el tema anticorrupción calificó lo acontecido en el caso Pandora como “un cuento mal contado”. Pero, más allá de la opinión que nos pueda merecer el par de noticias, lo importante es tratar de entender hacia dónde va la lucha anticorrupción. Analicemos la situación y veamos a que conclusión podemos llegar.

En lo referente al caso Pandora, la reacción a la decisión de la juez natural no se hizo esperar y ha sido negativa. No obstante, pocos han criticado las razones esgrimidas para dictar el fallo. Hay quienes se “maravillan” por la rapidez con que se falló, refiriéndose al volumen de los documentos que debieron ser estudiados previo al fallo. No obstante, muy pocos han criticado el fundamento del fallo, mostrando por tanto su aceptación de la decisión de la juez. Todo indica que se piensa que las acusaciones no fueron bien planteadas y sustentadas por el Ministerio Público. Lo ocurrido, por tanto, se percibe como un revés para el MP que irremediablemente daña su credibilidad y prestigio. Un MP debilitado y desprestigiado no favorece la lucha contra la corrupción, por lo que esperamos que esté sea un revés momentáneo que servirá para aprender y mejorar la labor del MP. Lo acontecido es particularmente preocupante si se recuerda que el MP ha contado con asesoría especializada de expertos foráneos y que prepararon el caso durante un largo tiempo. Es evidente que el proceso no termina todavía y que se trata solamente de si los acusados pueden o no gozar de medidas sustitutivas. Ahora deberá procederse con el juicio y es posible que el MP pueda probar sus acusaciones. No obstante, lo ocurrido a la fecha deja una mala imagen y provoca que algunos piensen que son escasas las probabilidades de éxito de vencer en juicio a los acusados. Lo que por otro lado resulta evidente es que es necesario evitar el espectáculo mediático que se ha tejido en estos casos y dejar que sean los tribunales, y no la opinión pública, quienes decidan si los imputados son o no culpables. La presunción de inocencia, y el respeto al debido proceso, debe ser lo que promuevan los medios de difusión, por muy impopular que esto resulte.

En lo recientemente acontecido, brilla por su ausencia la presencia del nuevo portavoz de la MACCIH. Pasamos del activismo y protagonismo de don Juan Jiménez Mayor al silencio ensordecedor del nuevo portavoz. Es claro que ha habido un golpe de timón en la conducción de la MACCIH; hemos pasado de un extremo al otro, y ninguno de los extremos es deseable. Lamentablemente la invisibilidad y la afonía de la MACCIH se presta para que se piense que hemos perdido un valioso aliado en la lucha contra la corrupción. Ojalá que la MACCIH vuelva a tomar el camino que, en función del acuerdo entre el gobierno y la OEA, le corresponde, incluyendo su compromiso de informar al pueblo hondureño sobre sus actividades.

Al final, me parece que habrá que esperar un poco a fin de que el panorama se despeje y podamos ver claramente el rumbo que tomará la lucha anticorrupción. Esperemos que el resultado sea un nuevo y redoblado esfuerzo, serio y profesional, y que evite, o al menos minimice, el circo mediático que en varias ocasiones ha surgido como consecuencia de las actividades del MP o la MACCIH. Lo que, por otro lado, parece incontenible son las acciones que se dan en el Congreso de Estados Unidos. Según entiendo, la iniciativa de la Representante por California, Norma Torres, que ya fue aprobada por la Cámara de Representantes, ahora es impulsada en el Senado por John McCain. Al ser aprobada por el Senado, se convertirá en Ley y obligará a los Secretarios de Estado y de Defensa de ese país, a publicar la lista de funcionarios y empresarios corruptos en los tres países del Triángulo Norte. Preocupa que esa lista se confeccione sin que los imputados hayan sido vencidos en juicio, y que por tanto se violente la presunción de inocencia. Sin embargo, pareciera que la paciencia de los señores del Norte se ha agotado y han decidido declarar y condenar a supuestos corruptos, vulnerando sus derechos. Nuevamente, vamos de un extremo a otro. Nuestra manifiesta incapacidad para combatir la corrupción ha dado pie a que otros se dediquen a identificar corruptos, sin que se les haya probado su participación en actos de corrupción.

Concluyendo, parece razonable suponer que la participación de Estados Unidos dará un nuevo giro a la lucha anticorrupción. El señalamiento por parte de autoridades de ese país terminará con reputaciones y carreras. Seguramente que en algunos casos tendrán razón, pero es probable que en otros no. Además, resulta incongruente que un país que se vanagloria de respetar los derechos humanos los violente en su afán por combatir la corrupción. El fin simplemente no justifica los medios. Lamentablemente debemos aceptar que esta infortunada situación es el resultado de nuestra falta de voluntad e incapacidad por combatir la corrupción.

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