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Migración y redefinición



cosenzaPor: Luis Cosenza Jiménez

Recientemente hemos visto grandes flujos migratorios hacia Estados Unidos y Europa.

Hemos sido testigos de medidas draconianas, como la “tolerancia cero” y la separación de menores de edad de sus padres, así como el rechazo de parte de ciertos países europeos a la llegada de barcos cargados de migrantes. En algunos casos, como en Siria, la migración es producto de conflictos armados, mientras que en otros es el resultado de graves dificultades internas, como en el caso de Venezuela y en el Triángulo Norte de Centro América. Dada la situación por la que atraviesa Nicaragua, es razonable suponer que ha aumentado la emigración, particularmente hacia Costa Rica, el destino favorito de los nicaragüenses cuando dejan su país. El fenómeno migratorio ha hecho revisar algunos de los conceptos relacionados con la idea de un estado moderno en dos áreas. Ha obligado a reconsiderar los derechos que amparan a quienes ingresan ilegalmente en el territorio de otro país, así como las mismas políticas que esos países han tenido vigentes para el manejo de la migración. Pero veamos en más detalle.

Las políticas y medidas adoptadas por la Administración Trump han sido criticadas y rechazadas por muchas personas en Estados Unidos y en la comunidad internacional. El impacto ha sido tal que se ha rescindido la medida de separar a menores de sus padres. Esto se debe, simple y sencillamente, al efecto que esas medidas podrían tener en las elecciones legislativas a celebrarse en Estados Unidos en noviembre de este año. En juego está el control del Congreso, y la historia nos dice que usualmente el partido en el gobierno pierde escaños en el Congreso en las elecciones legislativas celebradas en el segundo año del primer período de un presidente. En esta ocasión lo que los expertos se preguntan es si la pérdida será de tal magnitud que haga que el Congreso, o al menos el Senado o la Cámara de Representantes, pase a ser controlado por el partido Demócrata. Frente al rechazo de una significativa porción de la sociedad estadounidense, los estrategas de Trump han optado por dar marcha atrás con su política de separación. Es gratificante ver como la opinión pública nacional e internacional ha hecho retroceder a una persona que a la fecha ha mostrado gran inflexibilidad y tozudez. Esta experiencia demuestra claramente los límites que tiene el poder del presidente de Estados Unidos, aún y cuando se trate de una persona que se ha deleitado exhibiendo su soberbia y rigidez.

Pero el problema no termina allí. Ahora el presidente Trump ha propuesto que las personas capturadas ingresando ilegalmente a Estados Unidos sean deportadas inmediatamente, sin que su caso sea conocido por un juez. Acá el tema se centra en los derechos que amparan a las personas, aún cuando hayan ingresado ilegalmente a Estados Unidos. ¿Tienen esas personas el derecho de comparecer ante un juez para que este decida si procede, o no, la deportación? Mediante este debate se busca definir en Estados Unidos cuáles son los derechos que amparan a una persona que ingresa ilegalmente a su territorio. Me atrevo a pensar que, de insistir el presiente Trump en su propuesta de deportación inmediata, el asunto terminará en los Tribunales y me permito pensar que los Tribunales afirmarán el derecho de los migrantes a comparecer ante un juez, aún y cuando hayan ingresado ilegalmente a Estados Unidos. Las repercusiones de esta decisión son profundas, ya que en efecto implica que nadie podrá ser sumariamente deportado de Estados Unidos, es decir, que siempre se deberá primero comparecer ante un juez. Para el caso, aquellas personas que sean atrapadas en una redada, tendrán el derecho de comparecer ante un juez y a que este decida si procede, o no, su deportación.

Lo que resulta más interesante es que las medidas impulsadas por la Administración Trump han generado un ambiente favorable para la aprobación de una nueva ley que norme la migración. Esto tendría un impacto enorme sobre los doce millones de personas que residen ilegalmente en Estados Unidos. Es prematuro celebrar, pero podría ser que veamos una legislación que favorezca al millón, o más, de compatriotas que viven indocumentados en el país del Norte. Este es el momento para que todos nuestros países redoblen sus esfuerzos y continúen con un cabildeo inteligente y persuasivo.

En Europa la situación es diferente. El tema migratorio parece estar creando fisuras en la Unión Europea, ya que algunos países, como Hungría, Austria y ahora también Italia, han tomado medidas para restringir la migración. En otros países, como Alemania, el tema ha causado dificultades para los gobiernos que son vistos como “amigables” a la migración. Es difícil pronosticar como se resolverá esta situación. En Europa no se escucha hablar de deportar a los migrantes, lo cual parece implicar que quienes logran desembarcar en algún puerto, podrán permanecer en al menos algunos países de la Unión Europea. Si esto es así, los migrantes continuarán llegando y desembarcando donde les permitan. ¿Qué pasará después? ¿Podrán estas personas desplazarse libremente por la Unión Europea? Al desembarcar, ¿cuentan con los mismos derechos que un ciudadano de un país miembro de la Unión Europea? Me parece que mucho dependerá de lo que suceda en Alemania. Si la señora Merkel paga un alto precio por su posición sobre la migración, la situación se tornará más difícil para los migrantes.

Al final me parece que los países ricos tendrán que apoyar más decididamente el desarrollo económico e institucional de los países pobres. De otra forma, la migración continuará y se incrementará, no importa cuántos muros se construyan, o cuantas personas perezcan ahogadas tratando de cruzar el Mediterráneo. O se incrementa el apoyo o se tendrá que revisar el concepto de un estado soberano con fronteras respetadas y aceptadas. O se aumenta la ayuda o tendremos que aceptar que vivimos en un mundo sin fronteras, o con fronteras porosas por donde pasarán los pobres buscando una mejor vida, sabiendo que aunque hayan ingresado de forma ilegal, siempre contarán con los derechos que les confiere su condición de persona humana.

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