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Lloviendo sobre mojado



cosenzaReiteradamente hemos señalado que la inversión, extranjera y nacional, genera empleo, reduce la pobreza y es la base del crecimiento económico y el desarrollo. 

También hemos analizado los estudios preparados por el Banco Mundial, como el informe Haciendo Negocios y el documento sobre el Índice de Desempeño Logístico, así como los análisis publicados por el Foro Económico Mundial, y otros más, que identifican los obstáculos que en diferentes países se presentan a la inversión. 
 
En todos esos estudios e informes nuestro país resulta muy mal evaluado, y lo que es peor aún, en los últimos años se nota un continuo deterioro. 
 
Es decir, estamos muy mal y seguimos empeorando. No debe extrañarnos entonces que la inversión extranjera directa crezca muy lentamente (casi que se ha estancado alrededor de los mil millones de dólares anuales) y que palidezca frente a los niveles que alcanza en Costa Rica y Panamá. 
 
Recientemente he leído un estudio hecho por América Economía, en el cual compara a cincuenta ciudades latinoamericanas en cuanto a su atractivo para hacer negocios.
 
En este caso, el análisis es en el ámbito local y no nacional, y en esas cincuenta ciudades se incluye a Tegucigalpa. 
 
Por alguna razón, que desconozco, el estudio no incluyó a San Pedro Sula, pero en todo caso, Tegucigalpa resultó colocada en penúltimo lugar. 
 
Una vez más, otro estudio, con una óptica diferente, confirma lo poco atractivo que resultamos para la inversión.  
 
Pero veamos en más detalle las bases del análisis.

El estudio consideró ocho factores, todos referidos al ámbito local, es decir,

El marco social y político, al cual asignó un peso del 15%, e integra la calidad de la gobernanza, la fortaleza institucional, la seguridad, el desarrollo social y la seguridad jurídica.

El dinamismo económico, al cual otorgó un 25%, y se refiere a la captación de inversiones, la estabilidad económica, y a las características de los mercados de bienes, financieros y laborales.

Los servicios disponibles a las empresas, con un peso del 10%, y que incluye el costo de instalación y el régimen aplicable a los negocios, la calidad y el acceso a los servicios de información (telefonía e internet), a los servicios bancarios y a la calidad del gobierno local.

Los servicios disponibles a los ejecutivos, con una puntuación del 10%, y que incorpora variables referentes a la calidad y costo de la vida tales como acceso y calidad de servicios bancarios para las personas, y la calidad de las escuelas, hospitales y restaurantes.

La infraestructura y conectividad física, con un peso del 10%, que incluye la calidad del transporte terrestre, marítimo y aéreo, así como la calidad y costo de la energía eléctrica y otros factores.

El capital humano, ponderado en un 10%, y que se refiere principalmente a la cantidad y calidad de personas con educación universitaria y con preparación para los negocios y la innovación.

La sustentabilidad ambiental, con un peso del 5%, y que refleja la calidad del aire, la contaminación ambiental y la conciencia del impacto que se tiene sobre el ambiente global, y

El llamado Poder de Marca, con un 15% de relevancia, y que resulta de la “Encuesta sobre Negocios y Calidad de Vida en las Ciudades de América Latina”, hecha entre los lectores de América Economía.


El estudio refleja que entre las primeras veinte ciudades cinco se ubican en México, tres en Brasil, tres en Chile, dos en Colombia y una en Argentina, Costa Rica, Panamá, Perú y Uruguay. Como hemos antes dicho, Tegucigalpa se ubica en la posición 49, es decir, en la penúltima.

Nos parece razonable suponer que a estas alturas y frente a la evidencia disponible, nadie duda que tengamos un serio problema de competitividad. 
 
Igualmente suponemos que, al menos entre los entendidos, se acepta que nuestro desarrollo debe basarse en un modelo de economía abierta y en un modelo exportador, el cual requiere y reclama que mejoremos la competitividad de nuestro país y nuestras ciudades. 
 
Lamentablemente no escuchamos a nuestras autoridades explicar cómo se proponen lograr esto, mucho menos presentar las metas anuales que se proponen alcanzar. 
 
Por esa razón, y por la importancia del tema, seguiremos insistiendo, aun y cuando se nos diga que está lloviendo sobre mojado.

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