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Comunicado de la Conferencia Episcopal



cosenzaPor: Luis Cosenza Jiménez

El pasado 8 de junio la Conferencia Episcopal de Honduras publicó un contundente comunicado que merece ser conocido, discutido y apoyado.

En su tercer párrafo, el comunicado nos dice que “Frente a esta incapacidad de la clase política para dialogar entre sí, se vuelve urgente impulsar otros espacios donde el principal actor sea la sociedad, basada en el derecho del pueblo a ser escuchado y a participar en los asuntos fundamentales para la vida del País, a través de instrumentos y mecanismos que nuestro ordenamiento jurídico y la democracia nos permiten: el plebiscito, el referéndum y las consultas ciudadanas.” En su cuarto párrafo agrega que “La aplicación de estos instrumentos de forma adecuada hubiera evitado que el tema de la reelección alimentara la crisis política institucional y terminara siendo cuestionada por un amplio sector de la población, por sus visibles muestras de inconstitucionalidad.” A mi juicio, en ambos temas el comunicado de la Conferencia Episcopal es atinado. Bien haríamos en aceptar su propuesta de recurrir a los mecanismos de consulta a la población, en lugar de cifrar nuestras esperanzas en un diálogo que ya ha sido rechazado por una de las partes en conflicto.

Más adelante, en su quinto párrafo, el comunicado se refiere a la lucha contra la corrupción, y nos dice que “Recordamos y exigimos a la clase política que rehabilite la política, respetando la Constitución en lugar de violarla y acomodarla a sus intereses particulares; que respete el marco legal y la institucionalidad vigente, fortaleciéndola y no debilitándola con leyes, decretos y sentencias hechas a la medida para proteger y garantizar impunidad a personas señaladas por corrupción.” En su sexto párrafo agrega que “Luchar contra la corrupción significa defender las acciones de la MACCIH, del Ministerio Público, de la UFECIC. Significa apoyar, contribuir y sentirnos parte de la lucha que contra los corruptos lleva a cabo el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA). Una lucha que no está motivada por el odio contra los corruptos, sino por la necesidad de que ya no siga habiendo corrupción en Honduras.”

Finalmente (para nuestros propósitos) en su décimo párrafo señala que “Las tareas para rehabilitar la democracia y restablecer la confianza son urgentes, y no debemos permitir que se nos quiera distraer con temas que necesitan otra solución. No creemos en soluciones superficiales como es aprobar la lectura de la Biblia en las escuelas.” En su lugar el comunicado propone que “se pudiese instaurar en la escuela una asignatura optativa de religión para aquellos alumnos cuyos padres la elijan.”

En resumen, el comunicado pide que le consultemos al pueblo sobre las reformas político-electorales, que cese la aprobación de leyes y medidas para propiciar la impunidad de los corruptos, y que todos nos involucremos en la lucha contra la corrupción, apoyando las acciones de la MACCIH, la UFECIC y el CNA. Finalmente también reclama que se desista de los intentos por distraernos proponiendo medidas populistas y superficiales que no contribuyen a la solución de nuestros problemas.

Quiero felicitar a nuestros Obispos por la divulgación de un comunicado oportuno, diáfano y categórico. Es tranquilizante saber que en momentos difíciles, como el que vivimos, podemos contar con el liderazgo de nuestros referentes morales. El reto ahora es para nosotros. Podemos apoyar la lucha contra la corrupción, por la adopción de las reformas político-electorales que demanda la nación, y por el adecentamiento de la política, o podemos llamarnos al silencio. La decisión es nuestra. No obstante, debemos recordar que nuestro silencio obstaculiza el cambio y la transformación de nuestro país y en efecto nos convierte en cómplices de los corruptos.

A los creyentes el Comunicado de la Conferencia Episcopal les recuerda parte del Salmo 50 que reza: “Al pecador le dice Dios: ¿Por qué recitas mis mandamientos y tienes en la boca mi alianza, tú que detestas la corrección y te echas a la espalda mis mandatos?” Todos, creyentes y no creyentes, debemos recordar que se trata, ni más ni menos, de la construcción del país que legaremos a nuestros hijos y nietos. Hagamos nuestra parte y apoyemos públicamente el planteamiento de nuestros Obispos.

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