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Zelaya se exhibe y arrasa con diplomacia mexicana y brasilera



Tegucigalpa.- Eran las cuatro de la tarde del sábado 5 de diciembre, cuando el ex presidente Manuel Zelaya, se comunicó vía telefónica desde la embajada de Brasil con un asesor del presidente interino Roberto Micheletti, para comentarle que “está desesperado” , que ya no “resiste más tiempo allí” y que desea “pedir asilo en otro país”.
 

Zelaya confiesa al asesor gubernamental que ha iniciado conversaciones con México y que esa nación está dispuesta a recibirlo. La petición de Zelaya es trasladada a Micheletti quien acepta darle el salvoconducto y remite el caso a la Cancillería para que inicie los trámites de rigor.

Durante todos esos días, el caso se manejó con discreción, según confirmaron fuentes de entero crédito a la redacción de Proceso Digital, sin imaginarse nunca, ni Micheletti ni el propio gobernante electo, Porfirio Lobo, que estaban a las puertas de una trampa y de un nuevo espectáculo circense por parte de Zelaya.

Lobo, quien no ha descansado en la búsqueda de la reconciliación, el diálogo y la unidad en la población hondureña, ignoraba que Zelaya iba a ir a México; él creyó que se lo iba a encontrar en República Dominicana, en una reunión que sostendría con el presidente dominicano, Leonel Fernández, quien serviría de aval en la firma de un nuevo acuerdo entre Zelaya y Lobo, orientado a zanjar la crisis política hondureña.

Así le vendieron a Porfirio Lobo la idea Manuel Zelaya y el propio Leonel Fernández. Pero en el camino, el ex presidente Zelaya (a quien el Congreso Nacional ratificó su destitución del cargo), tenía planeada otra jugada al mejor estilo de los países albistas chavistas. Argentina y Brasil fraguaron todo e hicieron cómplice de la estrategia a México.

El sucio juego mexicano


En las conversaciones con la embajada de México se confirma la disposición de esa nación de dar asilo. La cancillería hondureña procede a elaborar el salvoconducto, no obstante, México aún no enviaba la nota.


Ante la tardanza mexicana en formalizar su petición, otros países entran en la jugada y manifiestan su disposición a recibirlo. Ellos querían ayudar a Brasil a salir del problema que les está originando su “incómodo huésped”. Por eso Zelaya, en sus incongruencias ofrecidas a los medios locales de prensa, afirmaba que estaba en conversación con “varios países”.


Pero México decide enviar, cerca de las ocho de la noche del miércoles, la primera nota, que luego es precedida por otra. En la primera se hace referencia únicamente a Manuel Zelaya, bajo la figura del “Señor Zelaya”.



Sin embargo, en la segunda nota, la embajada de México se refiere a Zelaya como “el Señor Presidente” y amplía la petición para él, su familia y Rassel Tomé.


Según la fuente, la cancillería hondureña al leer detenidamente ambas notas, cae en la cuenta de que en ninguna de ellas se menciona la palabra “asilo”, no obstante, que en ambas se solicita un salvoconducto.


De acuerdo con el derecho diplomático aplicable, se explicó a Proceso Digital, el salvoconducto solamente se solicita en caso de asilo, pero las notas enviadas por la cancillería mexicana no indicaban el estatus en el que Zelaya sería recibido.


La figura del asilo impide al beneficiario, en este caso Zelaya, viajar fuera del territorio que le otorga el mismo y le prohíbe hacer pronunciamientos o actividades políticas.


Zelaya y su megalomanía


Danilo Orellana, responsable de la operación “Paz y Democracia”, confirmó al noticiero Hoy Mismo que Zelaya pidió el asilo desde el sábado 5, tres días después de que la cámara Legislativa ratifica su no retorno al poder. La declaración televisiva de Orellana ratifica la información en poder de Proceso Digital.


“Yo les dije en una reunión en la cancillería, que ese señor se iba retractar, que no se iba a ir, porque tiene problemas de personalidad, es un megalómano y así fue. Se burló de la buena fe de las autoridades hondureñas”.


Orellana incluso dijo que en su pretensión Zelaya “se llevó de encuentro a la diplomacia brasileña con más de cien años de ser admirada, pero aquí en Honduras, esa diplomacia se vino por los suelos; y no digamos a México, los engañó a todos”.



Orellana dijo incluso que Zelaya estaba dispuesto a firmar una declaración en donde se comprometía a acatar el acuerdo Tegucigalpa/San José, reconocer las elecciones y no referirse más a la crisis hondureña, porque “aceptaba que era un ex presidente”, pero “a última hora cambió…es un caso para la psicología”, afirmó.


Posteriormente, cuando todo estaba listo para su salida, y trasciende desde Managua una declaración de su ex ministro de la presidencia, Enrique Flores, en el sentido que Zelaya no iba en calidad de asilado, sino de “huésped especial”, el panorama se le complicó internamente al propio Zelaya, que empieza—una vez más—a cambiar su discurso y dice que ya no se va.


Una nueva burla para Los Pinos


En declaraciones al un canal televisivo, Zelaya dice desafiante que él no ha pedido asilo y que viaja como “invitado distinguido” de México. La cancillería busca confirmar esta aseveración con su par mexicana y le responden que Zelaya no va como “asilado, porque lo que se pretende es sacar a Zelaya de Honduras para que vuelva a su estatus anterior a su refugio voluntario en la embajada de Brasil”.


Es decir, que Zelaya siguiera viajando como cualquier “gobernante” que no tiene cuentas pendientes en Honduras y probablemente conformara, desde el exterior, un “gobierno paralelo itinerante” para complicarle la situación al presidente electo, Porfirio Lobo.


No es casual que Zelaya manifestara que si bien ha viajado por muchas naciones, “me falta aún ir a Venezuela, que mucho me ha apoyado, y a La Habana”, última en donde tendrá lugar una reunión de los países albistas que inspiran e impulsan a Manuel Zelaya.



Ante la respuesta mexicana, el personal de la cancillería y gobierno transitorio de Honduras, se sorprendió y sintió “engañado”, por lo que comunican a México que en vista que Manuel Zelaya tiene órdenes de arresto y juicios pendientes con la justicia, solamente podría ser autorizado legalmente a salir del país bajo la figura del asilo, por lo que procede a cancelar el salvoconducto.


Zelaya nuevamente engaña a la administración mexicana de Felipe Calderón que parece no haber aprendido la lección. Primero, cuando estuvo en México, donde fue recibido con honores, Manuel Zelaya reconoció como presidente legítimo a Manuel López Obrador, lo que obligó a que se retractara y fuera echado sin mayor ruido de tierra azteca.


Ahora, cuando el avión mexicano ya había despegado, el ex presidente hondureño se “las vuelve a poner (defraudar)” y dice que ya no va, que no pidió asilo y que mejor se queda.


Para el portavoz policial Orellana, ellos advirtieron a la Cancillería que si el salvoconducto de Zelaya no era para fines de un asilo político, “nosotros al salir de la puerta de la embajada lo íbamos a capturar, porque esas son las órdenes y si no las cumplimos, nosotros seríamos los que tendríamos problemas con la justicia”.


Si bien Zelaya negó que solicitara asilo político a país alguno y juró que prefería que se “pudrieran sus huesos” en la sede diplomática brasilera en Tegucigalpa, si ésta se lo permitía, el gobierno mexicano se encargó de desenmascararlo y sacudirse un poco la vergüenza pública a que fue expuesto.


La canciller Patricia Espinosa informó que en su gobierno “ya no hay posibilidades de acoger al presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya”.


“Por el momento, después de haber tenido una conversación telefónica anoche con Zelaya, todo parece indicar que las posibilidades de que este traslado se dé no están vigentes”, acotó.


Espinosa afirmó que fue Zelaya quien pidió su intervención para obtener el salvoconducto, desmintiendo así al ex gobernante, acostumbrado a desinformar y permitir que se le salga a cada momento la costura del traje.



De Micheletti para Amorim


En esta ola arrolladora de engaños en que Zelaya engulló a la diplomacia mexicana, Brasil no podía quedar atrás. Su canciller, Celso Amorim, dijo sentirse “indignado” porque Zelaya “no amanecía” en México, como su gobierno lo había planeado con Argentina.


Amorim dijo que la negativa del actual gobierno transitorio a concederle el salvoconducto a Zelaya, “demuestra la marginalidad de ese gobierno respecto a las normas internacionales”.


La acusación de Amorim tuvo una rápida respuesta por parte de Roberto Micheletti, quien durante una ceremonia de ascenso militar, fue tajante al denunciar que desde la embajada de Brasil “con mentiras, con falacias, quisieron sorprender una vez más a Honduras”.



Reclamó a los países que “respeten” la soberanía hondureña y no se dejen “sorprender” por personajes como Manuel Zelaya.


En los mismos términos se refirió el presidente electo, Porfirio Lobo, quien abandonó por un momento su lenguaje diplomático por uno claro y directo: “le pido al señor Manuel Zelaya que respete el acuerdo que él mismo firmó, y si bien queremos tener excelentes relaciones con muchísimas naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Lobo abandona lenguaje diplomático


Lobo dijo que a partir de ahora, Manuel Zelaya, ya puede ser llamado “ex presidente”, porque el Congreso “decidió y ratificó que no volvía al poder, en cumplimiento al acuerdo que él (Zelaya) firmó junto a Micheletti, por lo que yo le pido a Manuel Zelaya que respete lo que firmó”.


De los planteamientos a discutirse en el llamado Foro de Sao Pablo, que reúne a los países albistas chavistas y de la izquierda latinoamericana, se insiste en la idea de que los países latinoamericanos agrupados en la OEA, la ONU, el Grupo de Río, la Alba, entre otros, deben continuar su estrategia de condena hasta que se instale en Honduras un gobierno que permita una nueva Constituyente que les otorgue un régimen político “más conveniente”.


Algo de eso pretendía Zelaya con su frustrada salida, misma que al ser detectada en sus artificios, ahora le complica el panorama para una amnistía política.



Es probable que Manuel Zelaya, si sigue enredándose y llevándose consigo a los países que abogan por él, pase la Natividad y el Año Nuevo en la embajada de Palmira, y asista por televisión a la toma presidencial de Porfirio Lobo, que por ahora, ha querido darle un trato y una salida digna, pero ante su terquedad, le es más conveniente consolidar su ascenso al gobierno y evitarse así las traiciones y paralelismos de Manuel Zelaya.


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