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Emotivo adiós a Rafael Alejandro, su madre anuncia que seguirá luchando por jóvenes universitarios



Tegucigalpa – Fue un adiós emotivo, matizado por una tarde gris y un viento frío, en el cual se transportaban las melodías del coro universitario, que acompañó los actos religiosos y luego la ceremonia del sepulcro del joven Rafael Alejandro Vargas Castellanos. Su madre, la rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Julieta Castellanos, se mostró dolida. Le tocaron en el corazón al arrancarle la vida de su hijo, de 22 años. Pero sus lágrimas se mezclaron con un temple especial, pues al momento de depositar el cuerpo de su hijo, sacó fuerzas de donde no tenía para reafirmar que seguirá luchando a favor de la juventud hondureña desde la máxima casa de estudios del país. “No nos van a parar”, dijo con su voz entrecortada, pero firme.
 

Julieta Castellanos es una madre ejemplar. Pese a lo demandante de su labor académica y sus luchas sociales, el centro de su vida giró siempre en torno a sus tres hijos y su ex esposo fallecido hace tres años, Rodolfo Vargas. Sus batallas están marcadas por retos significativos al fundar el Observatorio Nacional de la Violencia, trabajar en el área de gobernabilidad y seguridad en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual dejó para asumir la rectoría universitaria y por último, en forma simultánea, integrar la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), constituida por la administración de Porfirio Lobo para aclarar los hechos ocurridos en el país antes, durante y después de la crisis política que dejó fuera del poder a Manuel Zelaya Rosales.

Ahí, según sus compañeros ex comisionados—nacionales e internacionales—así como del equipo técnico, desarrolló un trabajo impecable, sorteando incluso los epítetos descalificativos de quienes buscaron restar méritos a la CVR y sus protagonistas. Muchos de sus detractores estuvieron en el sepelio.

Pero en los últimos tres días, la rectora Castellanos, impulsora de una reforma universitaria que ya puede palparse, ha dejado de lado la academia para llorar a su hijo, un joven de 22 años asesinado junto a su amigo Carlos Pineda en un hecho que ha conmocionado a diferentes sectores de la sociedad que cada día ven como las muertes violentas no dejan tregua a la ciudadanía.


Este lunes, la consternación se manifestó plenamente en el sepelio de Rafael Alejandro Vargas Ruiz, quien fue sepultado, en Tegucigalpa. La catedral de Suyapa apenas pudo albergar la enorme cantidad de familiares, amigos, académicos y miembros de la sociedad ahí presentes.

Rafael Alejandro y Carlos Pineda fueron asesinados la madrugada del sábado en la zona sur de Tegucigalpa. Hasta ahora las autoridades guardan silencio y poco han hablado de hipótesis sobre el caso. El hermetismo reina frente a la indignación de la comunidad universitaria.

Lo único que se ha descartado oficialmente es que el robo haya sido el móvil del crimen.

Los informes preliminares dan cuenta que el arma utilizada para quitar la vida a los jóvenes no es de uso común.

Las autoridades universitarias han conformado un equipo de estrategia para dar seguimiento a las investigaciones que ejecuta la autoridad policial y fiscal, ante el compromiso del gobierno y del presidente Porfirio Lobo de dar con la captura de los responsables de tan repudiable hecho.


Mientras se daba el último adiós al joven Rafael Alejandro, decenas de jóvenes, amigos y parientes no dejaron de hacer enormes vallas en la funeraria y luego al ingreso de la capilla, donde la misa oficiada por el capellán de la iglesia católica ante el recinto universitario, intentaba confortar a los presentes y dolientes con versículos alusivos a la reconciliación, el crecimiento espiritual y el amor al prójimo.

Uno de los familiares, se encargó de agradecer las muestras de solidaridad y en el confort hacia sus parientes, en especial a Julieta Castellanos, dijo que su aporte por un mejor país, su valentía para afrontar sus adversidades sin duda, “para quienes la conocemos y sabemos de su trayectoria, no dudamos en que seguirá adelante, haciendo su trabajo por Honduras”.

Algunos de los actos que se preparan en la comunidad universitaria para condenar la violencia contra los jóvenes y exigir respuestas que den fin a la impunidad, tienen como protagonistas centrales a los estudiantes, mismos que mientras los restos del joven Rafael Alejandro eran velados y posteriormente sepultados, se sentaron en las orillas, con sus miradas reflexivas, sin entender el por qué de tanta violencia hacia la juventud. En Honduras, muere un promedio de 20 personas de forma violenta, la gran mayoría son jóvenes cuyos casos siguen sin respuestas sobre los móviles.

Los jóvenes hondureños se hicieron presentes en este hecho que les ha tocado tan cerca, en especial a los amigos y compañeros de Rafael Alejandro y Carlos Pineda, dos jóvenes promesas con excelencia académica, joviales, con la sonrisa a flor de piel y toda la voluntad para ofrecer lo mejor de sí mismos al prójimo. Jóvenes de una familia con profundos valores y sueños por cumplir.


Por tres días, la rectora Castellanos aguantó de forma valiente las últimas horas con su vástago, sacó fuerzas del dolor para agradecer la enorme solidaridad del pueblo que se volcó no solo para acompañarla en el último adiós, también en las redes sociales de donde le exhortaban a seguir adelante, a seguir dando esperanzas a este país de que un cambio como los que ella impulsa desde la UNAH son posibles y viables, más allá del dolor que en este momento enfrenta.

Caía la tarde y el cementerio de Suyapa, la nueva morada de Rafael Alejandro, seguía lleno de personas, y fue hasta llegar casi la noche, que dieron un último “hasta pronto” a un joven dulce, solidario y orgulloso hasta morir de su madre.


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