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Tres mujeres hacen renacer “primavera hondureña contra el crimen”



Tegucigalpa - En un país donde el machismo aflora, las muertes violentas superan las 3,500 solo en el primer semestre del año y los femicidios ya suman más de 300 víctimas, tres mujeres marcan la agenda del país en medio de una turbulencia criminal que les ha marcado directamente y que les ha obligado a ser abanderadas de la lucha por recuperar la paz en Honduras.
 
Todas son mujeres de carácter. Han vivido diferentes realidades. Su denominador común es que las tres han sido piezas fundamentales de familias integradas y sólidas. Ahora, al concluir 2011 ellas son jefas de sus hogares.

Estas tres damas, son Leslie Portillo, Julieta Castellanos e Hilda Caldera ahora son nombres que han trascendido mediáticamente no sólo por lo impactante de sus tragedias sino porque han decidido hablar y emprender una ruta donde el miedo se achica para dar paso a el estoicismo de una lucha por adecentar la violencia y el crimen que involucran, de manera potente, las estructuras de los órganos de seguridad del Estado.

Todas ellas tienen algo en común: han perdido un ser querido en medio de la vorágine de violencia de vive el país.

Leslie Portillo

Leslie Portillo, esposa del malogrado General Julián Arístides Gonzales, hizo un desgarrador testimonio que ha conmovido a la ciudadanía en general.

El General Gonzales dirigió la dirección de Lucha Contra el Narcotráfico y fue asesinado en 2009 por sicarios a bordo de una motocicleta.

A dos años de la muerte de su esposo, Leslie Portillo, decidió hablar. Ella denunció que fueron policías los que acribillaron a su esposo.

“Mi familia se ha desintegrado, mi esposo se fue al cielo, mis hijos han tenido que salir del país y yo sigo acá, con la única protección de Dios, porque no tengo resguardo alguno pese a las múltiples y constantes amenazas”, dijo Portillo.

“Se sabe que fueron policías los que lo mataron, que se encerraron en Casamata… está en los expedientes, todo el mundo sabe quien tiene el expediente, el señor Fiscal lo sabe, los detectives lo saben. Las personas que mataron a mi esposo son de la Policía…” reiteró.

Portillo continuó su denuncia: “lo mataron porque mi esposo sabía, tenía bastante información. Un día después que mi esposo dio declaraciones en la prensa, fue que lo mataron y se sabe, todo lo que mi esposo llevó arriesgando poco a poco, lo que tenía que hacerse, ahorita se están haciendo ese montón de allanamientos, de confiscar bienes, eso es producto de lo que el general Julián Gonzales Irías”.

El mismo día que la viuda de Gonzales hiciera esas declaraciones, horas más tarde la sociedad hondureña se conmovía por el vil asesinato del ex asesor en temas de Seguridad, Alfredo Landaverde.

Leslie es pilar de su hogar. Mantiene a su familia unida a la distancia, Con sus hijos fuera del país ella trabaja y los mantiene pero más allá de eso dice que luchará porque en Honduras se acabe con la impunidad y su señalamiento es directo a quienes participan de la danza del delito.


Julieta Castellanos

Pero fue la rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Julieta Castellanos, la encargada de encender la mecha de la reflexión social en una sociedad atemorizada, captada por el miedo. Castellanos siempre ha sido combativa, decente y una mujer de convicciones. Ha luchado desde su espacio en la academia además de fundar el Observatorio de la Violencia.

La gota que rebalsó el vaso y que permitió una voz más beligerante de su parte, fue el cruel y vil asesinato de su hijo Rafael Alejandro Vargas junto a su amigo Carlos Pineda Rodríguez, el pasado 22 de octubre, un hecho que fue ejecutado presuntamente por elementos de la Policía Nacional de Honduras.

El crimen cambió la ruta del país en torno a la impunidad. El miedo se perdió y las denuncias afloraron contra la Policía. Más de 3,500 han sido interpuestas y están pendientes de investigación en la recién desconcentrada oficina de investigación de la Policía, un ente que también surge debido a las presiones sociales.

Muchas han sido las declaraciones de la rectora Castellanos en torno a una verdadera intervención del órgano policial, exigiendo castigo para los agentes de seguridad del Estado que perpetuaron tan horrendo crimen pero más allá de eso la necesidad de intervenir la policía con la participación de externos que avalen el proceso.

“La Policía Nacional es la organización delictiva más peligrosa del país, ésta es también la conclusión dramática a la que ha arribado el equipo técnico de la UNAH después de un amplio análisis sobre la crisis de inseguridad que agobia a los hondureños”, dijo Castellanos.

“Con una población subordinada a la Policía, la que ejecuta sus acciones delictivas con toda la potestad de la ley, bajo la cual, se protege con un uniforme que lo reviste de autoridad, con implementos, con vehículos, con armas, que el Estado ha puesto, al servicio de la gente, para que nos cuiden. Entonces, en ese sentido, hay una dramática conclusión, una dolorosa conclusión, poder decir, que la Policía es, el sector criminal más peligroso que hay en el país”, argumentó Julieta Castellanos quien ha reiterado que no descansará hasta lograr ese objetivo

Hilda Caldera

Hilda Caldera es socióloga, ella ha estado vinculada a investigaciones profundas sobre la realidad hondureña en temas de violencia juvenil. Forma parte de una respetada familia venezolana y sus aportes a Honduras con sus investigaciones han sido de gran trascendencia.

Hilda apareció en escena después del cruel asesinato de su esposo para exigir justicia ante la muerte de su marido, Alfredo Landaverde, uno de los luchadores sociales con mayor hidalguía para luchar contra el crimen desde sus funciones públicas y desde la denuncia pública y frontal.

Nacida en Caracas, hace 54 años, vive en Honduras desde 1981. Tuvo una hija y reside en Santa Lucía. Ella ha mostrado su amor a Honduras a lo largo de su quehacer académico y familiar.

Sacudida por el sangriento crimen donde falleció su esposo el miércoles anterior, declaraba: “tengo una bala en la columna y otra en la espalda que gracias a Dios no me tocaron ningún órgano vital, pero esto me servirá para seguir adelante con las tareas que había emprendido mi esposo por el bien de Honduras, país que yo he adoptado como mío”.

“Yo estoy aquí si me quieren matar vengan a matarme”, dijo horas después del hecho que le quitó la vida a su esposo.

Después de las honras fúnebres ha ofrecido algunas declaraciones: “Mi esposo no murió en balde, se inmoló porque habló y habló, era lo único que podía hacer; no tenía cargo, ni dinero, sólo su honradez, gallardía y valentía”.

“No tengo la certeza de quién mató a Alfredo, pero quiero que en honor a él se haga justicia y pediré ayuda para que se investigue su muerte, expresó la acongojada viuda.

Este viernes Hilda marchó junto a los periodistas de Honduras pidiendo el fin de la impunidad, el esclarecimiento de tantas muertes violentas y un cese a la casi guerra en que vive éste país centroamericano, calificado por las Naciones Unidas como el más violenta del planeta, con cifras superiores a las de cualquier país en guerra.

Mujeres dispuestas a transformar

Leslie, Julieta e Hilda tienen convicciones definidas y su horizonte claro. Han mostrado un valor que inspira a los hondureños de a pie que ya se atreven a reclamar y alzar su voz.

Los esfuerzos de estas mujeres renacen cada día en una especie de “primavera hondureña contra el crimen” pero la pregunta es ¿cuántas más habrá que sumar a la lista para tomar acciones inmediatas?



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