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El fútbol hondureño está en coma



Tegucigalpa - En Honduras el “deporte rey” está en coma. El fútbol, al menos el rentado, dejó de ser “música del cuerpo, fiesta de los ojos” como bien le llama Eduardo Galeano, aquel escritor sudamericano que siempre soñó con hacer una gambeta, pero su arte y su habilidad no están precisamente en sus piernas.
 

- Inseguridad, crisis económica y malos espectáculos alejan a la afición de los estadios.

- El ex futbolista y escritor argentino Jorge Valdano decía: “Si alguna vez muere el fútbol, lo hará de seriedad”.

El uruguayo Galeano, quien se confiesa “un mendigo del fútbol” que va por los campos donde implora “una linda jugadita, por amor de Dios”, previó en su obra, “El fútbol a sol y sombra”, como el espectáculo ha ido matando la alegría del balompié para hacerlo un deporte de fuerza y velocidad, alejado de la belleza que encierra para quienes lo viven con pasión.

Y si bien este sudamericano de las letras anticipó la muerte de la esencia futbolera, en Honduras las razones que alejan a la afición de las canchas van más allá de la etapa de la “tecnocracia” deportiva.

En Tegucigalpa, la capital hondureña; en San Pedro Sula, principal ciudad industrial; en el atlántico puerto de La Ceiba y en otras plazas ubicadas en distintas regiones de este país centroamericano, las gradas lucen vacías ya sea que se trate de un clásico o de un encuentro entre los más populares equipos.

El fútbol muere día a día. La pasión parece haber mermado en un pueblo eminentemente futbolero, avasallado por la violencia, la crisis económica y el decadente fútbol competitivo.

Ni la selección nacional de fútbol, máxima representación del deporte hondureño ha logrado reanimar al “jugador número 12” como se le llama a la afición. Muestra de ello, es el reciente partido oficial, rumbo a la Copa del Mundo Brasil 2014, que los catrachos sostuvieron contra sus homólogos de Cuba. El estadio Olímpico de San Pedro Sula lució entonces a un 30 por ciento de su capacidad.

Estadios y barrigas vacías

La situación en los estadios ha llegado al extremo de que partidos de Liga se han jugado con menos de un centenar de aficionados.

Las barras, incondicionales a los clubes de la liga profesional hondureña son las que nunca faltan a acuerpar al equipo de sus amores.

La crisis económica que mantiene a más de la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA) de Honduras sin empleo; el ola de inseguridad que convierte al país en uno de los más violentos del planeta; la falta de mercadeo, los pobres espectáculos y la transmisión en directo por televisión de los partidos, son para algunos expertos las razones que colocan al fútbol en tan precarios escenarios.

Son muchas las quejas que hacen los directivos de los equipos denominados grandes como el Olimpia, Motagua, Real España y Marathón, quienes aseguran que en los últimos campeonatos las taquillas han tenido una tendencia a la baja, mismas que solo reflejan leves mejorías en la etapa final de los campeonatos.

Las incongruencias del fútbol

Proceso Digital consultó con el sicólogo, experto en temas deportivos, Teodosio Mejía. Para él, el fútbol hondureño está en decadencia por diferentes factores del ámbito nacional como del mismo deporte en si.

Según el doctor Mejía, las estructuras del fútbol no han sido suficientemente congruentes con el anhelo de la afición de tener una disciplina deportiva con un perfil competitivo a nivel internacional.

Agregó que el fútbol en las divisiones inferiores está descuidado y que los dirigentes nacionales solo ponen sus ojos en la selección adulta ya que la utilizan con fines políticos y publicitarios.

Para el experto, la dirigencia no ve más allá, no establece planes de formación integral del deportista, de preparación técnica, táctica, física y mucho menos de la sicología aplicada al deporte.

Asimismo, explicó que la carencia de un espectáculo de calidad un factor esencial que está destruyendo el principal deporte de los hondureños.

Señaló que el fútbol hondureño está en decadencia porque se exporta una buena cantidad de jugadores hacía países en los cuales no están desempeñándose con perfiles de alto rendimiento.

A criterio de Teodosio Mejía, la venta de los derechos a los medios de comunicación televisuales, quienes desarrollan transmisiones en vivo, también es un elemento responsable del abandono de las graderías. El tema, en este sentido, está ligado a los intereses económicos de los equipos que prefieren percibir grandes cantidades de dinero por la venta de derechos antes que sujetarse a la asistencia de su afición a las tribunas.

Según Mejía, la percepción que tienen los aficionados de la inseguridad que atraviesa el país, y los problemas que generan las barras, también han alejado a las familias de los estadios.

¿Donde está el hincha de manicomio?

Lejos está el aficionado hondureño de aquel estado de epilepsia, descrito por Galeno, cuando se mira el partido. Lejos está el hincha catracho de la tribuna. Distante el aficionado local de ser un fanático de manicomio tal lo describe el escritor.

Proceso Digital consultó con algunos aficionados sobre el tema, a quienes se les preguntó las razones para alejarsede los estadios y esto dijeron:

Miguel Ángel Barahona: “El problema de las barras poco a poco ha ido en aumento y a las familias les da temor salir lastimados durante los violentos episodios que se protagonizan”.

Nelson Manuel Méndez: “Por la inseguridad... es cierto que la hay en todos lados, pero en los estadios se encuentra de gratis, no se puede arriesgar a la familia o la seguridad propia por ir a ver malos espectáculos, equipos que juegan mal, jugadores que entrenan toda la semana y ni siquiera le pegan bien a la pelota”.

Jimmy Meléndez: “Yo voy de vez en cuando, menos a los clásicos porque a esos juegos no te podés ni poner la camisa. Yo no peleo por fútbol, pero siempre se encuentra un tonto que lo saca de sus casillas. Además los partidos muchas veces son malos y creo que eso básicamente lo aleja de los estadios a uno”.

Y es que constantes enfrentamientos, entre barras han cobrado con la vida de aficionados. Es especialmente en los estadios de Tegucigalpa y San Pedro Sula donde ocurren acciones violentas que incluso ya han cobrado vidas.

El último antecedentedata del pasado 2 de mayo de este año, en San Pedro Sula, donde una pelea entre barras previo al juego Marathón-Motagua, quienes disputaban las semifinales del fútbol hondureño, dejó el saldo dos muertos y cinco heridas.

En Tegucigalpa, durante el último clásico capitalino agentes de la Policía Nacional detuvieron al menos 80 personas tras un enfrentamiento registrado entre las barras deportivas del Olimpia y Motagua.

Ya lo decía Jorge Valdano en unas de sus frases celebres: "Hay dos tipos de espectadores: aquellos que aman el fútbol y aquellos que aman la moda o el fenómeno social. Estos últimos son los peligrosos". Las barras hondureñas han importado las peleas y enfrentamientos con hinchas rivales que en muchos casos terminan en tragedias.

¿Suspensión del Torneo Apertura?

El gerente del equipo más popular de Honduras, el Olimpia, Osman Madrid, dijo a la prensa nacional que la situación es tan difícil, que el presente Torneo Apertura que el mismo podría ser suspendido por la crisis económica que atraviesan todos los clubes.

"El fútbol se está muriendo", comentó Madrid, otrora jugador del Olimpia, actual campeón nacional, con sede en Tegucigalpa y fundado hace cien años.

Madrid advirtió hace cinco años que el fútbol comenzaba a sufrir los efectos de la poca asistencia de aficionados a los estadios, tema al que con frecuencia se refiere la prensa deportiva del país centroamericano.

Elocuentes estadísticas oficiales

Según datos estadísticos de la Liga Nacional, semana tras semana son menos los aficionados que llegan a los estadios de cada localidad.

Ayer para el caso, al juego entre Real España y Vida, llegaron menos de 500 aficionados al estadio Olímpico, un déficit que se repite con mucha frecuencia.

Otro ejemplo es el encuentro registrado entre el Choloma-Victoria donde sólo asistieron 135 aficionados, en esa misma cancha el Choloma-Deportes Savio solo reportó 116, siendo este el partido con menos afición.

El estadio Rubén Deras de Choloma es la cancha menos rentable para el fútbol hondureño, aunque las demás plazas tampoco es que la superan por mucho.

Las estadísticas también indican que ha habido encuentros con presencia de 245, 325, 635, 800 y mil aficionados, cifras que dan escalofríos si se toma en cuenta la cantidad de dinero que ganan los futbolistas.

En los 45 partidos disputados en la primera vuelta del actual Torneo Apertura, han asistido en total sólo 57 mil 859 aficionados.

El Torneo Clausura que culminó en el mes de mayo registró una asistencia en 100 partidos de 280 mil 553 aficionados que dejaron una taquilla de 19 millones 85 mil lempiras.

En comparación con el Torneo Apertura 2011-2012, en 100 partidos asistieron 251 mil 588 aficionados con una taquilla de 22 millones 470 mil 757.50 lempiras, registrándose una disminución en la taquilla de un 15 por ciento en comparación con el torneo Clausura 2011-2012.

Más allá de la Liga

La crisis en el fútbol hondureño, también toca los espectáculos internacionales. Tal es el caso del Marathón que enfrentó el miércoles pasado al Caledonia de Trinidad y Tobago con apenas 67 personas. El encuentro era válido por la Copa de Campeones de la Concacaf, donde el equipo de casa venció 2-1 a la visita.

El sicólogo Teodosio Mejía sugirió a los directivos de los clubes buscar nuevas estrategias para volver a llamar la atención de los aficionados.

Sostuvo que tanto la Federación Nacional de Fútbol de Honduras (Fenafuth), la Liga Nacional y las juntas directivas de los equipos deben de sentarse y buscar el apoyo necesario para atraer a los aficionados del fútbol.

Asimismo, hizo hincapié en el apoyo que deben tener las ligas menores.

La Liga Profesional de Honduras, fundada en 1965, consta de diez equipos actualmente: Atlético Choloma, Deportes Savio, Platense, Real Sociedad, Vida, Victoria, Real España, Marathón, Motagua y Olimpia.

Y como cerraría la idea entre la afición y el fútbol, Eduardo Galeano: “El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de ceniza después de la muerte del carnaval.


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