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Vorágine de Violencia gana terreno en Olancho; desafío a la autoridad se profundiza



Tegucigalpa – La violencia no da tregua en el vasto departamento de Olancho, las masacres y baños de sangre no se detienen. Poblaciones enteras se refugian en sus casas desde tempranas horas ante la zozobra y el terror que provocan pistoleros que desafían a las autoridades.
 

- Las operaciones militares en la zona no reflejan resultados positivos ya que los hechos criminales mantienen en zozobra a la población

- Al aproximarse las elecciones primarias e internas en el país, en Olancho también se han acentuado las tragedias.

- En el departamento que vio crecer al actual mandatario hondureño, se ha llegado al extremo de suspender las clases en las escuelas y colegios por temor a que los niños, jóvenes y maestros queden atrapados en algún enfrentamiento armado.

- Ante los escasos resultados de la Operación “Relámpago”, las autoridades de Seguridad, han lanzado una nueva promesa de poner orden en Olancho.

Y es que en Olancho el crimen ha tomado una siniestra forma. Allí operan bandas que se disputan territorio. El crimen organizado ha desplazado las viejas pugnas entre familias que desangraron la región con decenas de muertos.

Basto y exuberante, Olancho conjuga las narco pistas y los vuelos de aeronaves clandestinas con un amplio corredor de tráficos diversos. Allí los bosques también son un elemento que genera tensiones.

Como una prueba de lo que acontece en ese productivo departamento del oriente de Honduras, 11 personas fueron abatidas el fin de semana en tres hechos distintos en las localidades de Catacamas, Santa María del Real y Juticalpa.

Violencia cruda

Sólo en la ciudad de Catacamas, 200 kilómetros al este de Tegucigalpa, ocho jóvenes fueron acribillados la noche del sábado en una cancha de fútbol rápido del barrio La Trinidad en esa ciudad. Los jóvenes, tenían entre 19 y 25 años de edad y de momento se desconocen las causas del brutal ataque.

Versiones de testigos, indican que individuos fuertemente armados que se transportaban en un vehículo no identificado, abrieron fuego indiscriminadamente en contra de ocho jóvenes.

Mientras eso sucedía, otro hecho violento se registraba a eso de las 8:00 de la noche en el barrio La Unión, del municipio vecino de Santa María del Real, donde otros dos jóvenes murieron de forma violenta a manos de pistoleros y según información de la Cruz Roja, también resultaros personas heridas.

El baño de sangre también se extendió a la aldea Fapilotepe, del municipio de Juticalpa, donde se reportó el fallecimiento de Ángel Turcios Durón (24), las autoridades presumen que el hechor es Carlos Herrera, quien se dio a la fuga tras haber cometido el asesinato.


Políticos en medio de la vorágine de sangre

No cabe duda, que la vorágine de violencia se ha recrudecido en Olancho y ahora toca a políticos de la zona.

El jueves de la semana pasada, fue acribillado el señor Claudio Rigoberto Méndez Acosta (60), esposo de la viceministra de Riesgos Poblacionales de la Secretaría de Salud, Mirna Yolanda Paz Cruz, en donde otras personas más resultaron heridas en el barrio Arriba del municipio de San Esteban, Olancho.

Se conoció que en el tiroteo perecieron dos personas más, que solo fueron identificadas como Dalbino Bustamante y Eliezer, supuesto yerno del diputado Freddy Nájera.

Méndez era un potentado ganadero de San Esteban, Méndez Acosta, pero también era un destacado dirigente del Partido Nacional y padre del candidato a alcalde por el movimiento Azules Unidos, Miguel Méndez.

El desafortunado empresario falleció tras ser alcanzado por las balas en un cruce de fuego que protagonizaban dos grupos de civiles a inmediaciones del restaurante El Mirador, en el barrio Arriba de San Esteban, informó una fuente policial.

La muerte de Méndez fue lamentada por el propio presidente Porfirio Lobo, quien era amigo personal del ganadero a quien calificó como un buen hombre, incluso la Casa Presidencial emitió un acuerdo de duelo ya que el occiso era el esposo de una funcionaria del gobierno.

Igualmente, hace apenas ocho días, también atentado contra la vida del diputado liberal Freddy Nájera, quien recibió varios impactos de bala, pero no fue herido de muerte.

De acuerdo con los informes dados a conocer por las autoridades policiales, el hecho criminal se suscitó en la ciudad de San Esteban.

La versión indica que varias personas se encontraban reunidas cuando llegaron pistoleros que comenzaron a disparar en contra de los presentes. Al escuchar los disparos, el diputado, se lanzó al suelo y sufrió algunos raspones en el cuerpo.

En el hecho también resultaron heridos con arma de fuego un ciudadano identificado como Fausto Daniel Montoya y el precandidato a la alcaldía del municipio de Guata, Olancho, Gerson Orlando Benítez.

Anteriormente, el viernes 28 de septiembre, había perdido la vida el candidato a vicealcalde por el Movimiento Liberal Villedista, Carlos Padilla Guillén, al ser atacado a balazos cerca de su vivienda de San Esteban.

En otro hecho en la aldea El Tigre de Salamá, Olancho, también se registró la muerte de Francisco Armando Merlo Lazo (56), regidor municipal; Carlos Emilio Merlo Puerto (33) y Vidal Antonio Cruz (47), quienes fueron atacados a balazos por un individuo.


Enfrentamientos obligan a población a refugiarse en sus casas

Los constantes hechos violentos en casi todos los municipios de Olancho, han generado una atmósfera de pánico y en muchos casos hasta de terror a tal grado que en varias comunidades la gente se encierra en sus casas desde tempranas horas de la noche para evitar ser víctima de balas perdidas.

El temor es tal que en San Esteban cuando ocurre un hecho violento como el asesinato del ganadero y político, Rigoberto Méndez, hasta se suspenden las clases en las escuelas y muchas personas se refugian en sus hogares.

Ante esa situación ya en varias ocasiones un contingente de policías, encabezados por el propio director general de la Policía, Juan Carlos “El Tigre” Bonilla, se ha tenido que movilizar desde la capital con el fin de controlar la situación y evitar más hechos de violencia.


¿y la Operación “Relámpago”?

Las masacres en Olancho no son nada nuevo, en enero de 2011, ocho personas murieron y otras tres resultaron heridas en una emboscada que hombres armados con fusiles de grueso calibre le tendieron a las víctimas, en el sector de Punuare, la Cuesta del Cieneguito, quienes se transportaban en un microbús que se conducía entre Catacamas y Juticalpa, Olancho.

El microbús resultó perforado por múltiples balazos, y las personas en su interior fueron alcanzadas por los impactos, muriendo al instante.

Fue así que con el recrudecimiento de la violencia en todo el país, el gobierno de Porfirio Lobo decidió a inicios de noviembre de 2011, luego de haber cambiado la cúpula policial, impulsar la denominada Operación “Relámpago”, que arrancó en Tegucigalpa y San Pedro Sula y que un mes después se inauguró en el departamento de Olancho.

El inicio de los operativos fue anunciado con bombos y platillos, lo que generó expectativas entre la población ya que se trataba de una operación combinada entre policías y militares en una región hondureña en manos del crimen organizado y la delincuencia común.

Las acciones arrancaron masivamente en un ejercicio que mantuvo tomado el corredor caliente de Juticalpa, Catacamas, Santa María del Real, San Esteban, Gualaco y San Francisco de la Paz, hasta donde las fuerzas del orden se fueron desplegando gradualmente.

Olancho reportó en 2010, nueve mil muertes violentas, una cuarta parte más que en 2009, de acuerdo a datos del Observatorio de la Violencia de la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

En 2011, la media de muertes violentas en esa región del oriente alcanzó 79 asesinatos por cada 100 mil habitantes.

El esa ocasión, Lobo anunció que desplegarían acciones contundentes contra el crimen en Olancho, el departamento donde tradicionalmente él ha vivido junto a su familia.

En Olancho, el crimen organizado, las reyertas familiares, el tráfico de madera, el narcotráfico y el sicariato, son las modalidades que han profundizado la ola criminal.

Al iniciar la operación en ciudades como Juticalpa, la cabecera departamental, las fuerzas combinadas del ejército y la Policía, hicieron allanamientos y lograron incautar armas, pertrechos y hasta autos blindados.

Que los olanchanos dejen de vivir en zozobra a raíz de la violencia imperante en la zona oriental de Honduras, era la meta de la operación que incluyó movilizaciones, retenes y patrullajes, acatando las disposiciones del gobierno.

Sin embargo, a casi un año después de haber la Operación Relámpago prácticamente fracasó puesto que la Policía con el apoyo de las Fuerzas Armadas no ha sido capaz de poner freno a la violencia, delincuencia común y a las bandas que mantienen sitiadas varias zonas.

Lobo consideró que la situación para poner orden en Olancho sería fácil y creyó que bastaba con ubicar retenes en las comunidades como Limones, Télica y Azacualpa, entre otros lugares. “Es mi pueblo, vamos a recuperar la paz”, confió el mandatario, sin embargo, el tiempo ha revelado que el gobernante no tenía la razón.


La masacre que no fue

La zozobra y el temor siguen teniendo secuestrados a los olanchanos a tal grado que se inventa hasta con masacres tal como sucedió a mediados de septiembre pasado cuando se informó sobre una supuesta matanza de 16 personas entre niños adultos en una remota comunidad del municipio de Dulce Nombre de Culmí.

La noticia generó que el director general de la Policía, Juan Carlos “El Tigre” Bonilla, se trasladará al frente de un contingente de unos 200 policías para investigar el supuesto hecho macabro, que al final resultó ser una información falsa.


Nueva promesa de poner orden en Olancho

Ahora, a menos de un mes de ese hecho, “El Tigre” Bonilla vuelve al vasto departamento, esta vez por una masacre que si se ha comprado que ocurrió y que ha obligado a las autoridades a volver a reiterar que ahora sí, se pondrá orden en Olancho.

“No podemos permitir que se llegue a un estado que no se pueda manejar por la Policía Nacional y por el gobierno y que se pierda la gobernabilidad. No vamos a permitir que estas situaciones se sigan presentando", aseguró el ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla.

El funcionario anunció que a partir hoy lunes se reforzará la seguridad en Olancho con el objetivo de reducir los índices de violencia que se han recrudecido en los últimos días, para lo cual se ha desplazado un contingente encabezado por el director de la Policía.

"Vamos a imponer el orden en Olancho, no se puede permitir que esas situaciones se sigan incrementando”, afirmó al tiempo que precisó que las investigaciones se centrarán en asuntos políticos, de madera, narcotráfico y pleitos familiares, para esclarecer los asesinatos de decenas de ciudadanos.

Bonilla manifestó que urge regular la portación de armas en Honduras y se declaró a favor de reformas a la Ley de Portación de Armas.

"No hay necesidad de que un hondureño ande armado. El 90% de las muertes que se registran en Honduras son generadas con armas de fuego, es por eso que hay que tomar las medidas de tajo", expresó.

Lamentó que “no es posible que a una persona se le autorice tener cinco armas. Sólo pongámonos a pensar: si en una familia hay cinco miembros y cada persona se le autorizan cinco armas, habrán 25 armas en una sola casa. Eso no puede ser”.

El funcionario enfatizó que para devolver la paz a Olancho, la fuerza policial que llegará hoy a la zona mantendrá operaciones el tiempo que sea necesario.


El fantasma de las vendetas familiares

La violencia en Olancho históricamente ha tenido también matices de venganzas entre familias que han resurgido en comunidades como San Esteban, donde los residentes consideran que podría estar reiniciada una guerra sin cuartel entre familias.

De tal suerte que el temor obligó a los familiares del señor Méndez Acosta a trasladar el cadáver a la capital bajo estrictas medidas de seguridad. Los restos fueron velados en una funeraria capitalina y sepultados en un cementerio local.

Denuncias de pobladores dieron cuenta a Proceso Digital que en San Esteban grupos armados mantienen sitiado un amplio sector del municipio, pese a la presencia de elementos del Comando de Operaciones Especiales y policías preventivos.

Los recientes hechos violentos en San Esteban, traen a la memoria el recuerdo de las sangrientas riñas entre familias en ese lugar.

Ya han pasado 16 años desde la firma del acuerdo de paz entre las familias Nájera y Turcios, pero todavía se recuerdan las violentas acciones de aquella época.

Pero más allá de disputas familiares, la realidad olanchana es otra. El crimen en sus distintas modalidades ha copado espacios en la región, donde el reto a la autoridad está vigente.


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