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Teodora: Un hijo es la fuerza que nos permite levantarnos cada día



Tegucigalpa – Teodora Flores Zabala tiene 54 años, es madre de tres hijos a los que ha sacado adelante como jefa de familia. Su vida es ejemplo de dignidad y superación. Ella es parte de las 500 mil mujeres que en Honduras son jefas de familia.
 

Su figura frágil contrasta con el carácter y la fortaleza de una mujer que a los 14 años emigró a la capital hondureña proveniente de El Sauce, Sabanagrande, Francisco Morazán con el propósito claro se buscar mejores estadios de vida.

“Teo” como le llaman familiarmente, inició su vida citadina trabajando en casa de parientes que le brindaron empleo doméstico. Al par, ella logró graduarse de secretaria, un trabajo que desempeñó por años sin detener sus estudios de bachillerato para luego ingresar a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), donde se graduó de abogada, una profesión que ejerce con prestigio y mejor suceso.

A los 22 años Teodora se convirtió en madre soltera y pese a las dificultades propias de la maternidad, ella logró superar los desafíos profesionales y familiares. Teodora es una del 32.9 % jefas de hogar en una país con 8, 385,072 de habitantes, donde poco más del 50 % de la población son mujeres.

Sus hijos Jesús Moisés Vallecillo (32), ingeniero civil; Mitchell Aurora Vallecillo (26), es pasante del servicio social previo a graduarse de médico y Laura Vallecillo Flores (20), estudiante de odontología.

Esta abogada y madre ejemplar, abrió las puertas de su casa a Proceso Digital para compartir sus vivencias como mujer y madre soltera, en algunos momentos, derramó lágrimas al recordar las situaciones por las que cruzó:

¿Cómo logró sacar adelante su casa como jefa de hogar?

No es fácil ser madre y padre a la vez, se tiene que jugar con el tiempo. Busqué alcanzar metas en la vida, traté de adecuar el tiempo y hasta el espacio para poder salir adelante.

¿Cómo logró cumplir con ese doble papel de madre soltera y profesionalizarse a la vez?

Creo que fue la entrega como una madre porque uno quiere que sus hijos no vivan lo que uno vivió, yo siempre quise lo mejor para mis hijos, no quiero que mis hijos, trabajen y estudien, porque trabajar al mismo tiempo que estudiar es desgastante, por eso es la entrega que uno hace, es el sacrificio.

Ellos están hoy realizándose sin tantas presiones como las que tuvo su mamá.

¿Cómo afrontó las situaciones económicas y sociales propias de su responsabilidad?

Bueno, si hubo momentos muy difíciles cuando tu dinero no te alcanza para tus alimentos, para tu ropa, para darle de comer a tus hijos, pero eso también ayuda a ver las cosas de forma diferente para los tuyos.

Hubo momentos difíciles, más difíciles con mi hijo. Mis hijas en ocasiones me dicen que lo quiero más a él, pero es que con él pase los momentos más duros de mi vida porque no estaba preparada para ser mamá, pero hay que saber enfrentarlo, hay que saber salir adelante.

Hay que saber que de cada error, de cada situación, de cada problema, de cada obstáculo, siempre hay una enseñanza y entonces cuando se salta el primer obstáculo, ya nada es difícil y se pueden lograr metas, al principio lloraba en silencio en mi almohada.

¿Ha definido límites con sus hijos?

Si hubo límites con las edades, hubo un tiempo que no tenían permiso de salir a la calle, nunca puse dinero en sus bolsas para ir a la escuela o al colegio.

El propósito solo fue hacer lo mejor, y estoy entregando al país y a la sociedad, tres jóvenes que no van a ser parte del problema sino de la solución de Honduras y por lo cuales lucho todavía.

¿Qué le diría a las madres solteras hondureñas?

Que se levanten, que sigan adelante, solas podemos enseñarle a nuestro hijos enormes valores.

Sí hace falta la figura de un padre, pero una madre que toma la decisión de salir adelante lo puede lograr. Es importante tener fe y creer en ese Dios que es quien me ha ayudado, él es mi ayudador y mi fortaleza.

No hay que quedarse, hay que darles a nuestros hijos lo mejor. A veces uno se cae moralmente, tiene muchos sufrimientos y muchas situaciones pero lo más importante es que de cada caída aprendemos a ponernos de pie, sabiendo que cuando uno se forja metas en la vida y que quiere ver a sus hijos en otras dimensiones, entonces eso le da fuerza para seguir adelante.

Un hijo es una bendición, es la fuerza que le permite cada día levantarse.



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