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Faper-UD una alianza al calor del poder



Tegucigalpa- Las elecciones del 24 de noviembre próximo, no solo marcarán el tránsito de un sistema político regido por el bipartidismo para dar paso a uno multipartidario, también sellarán el camino de las alianzas al calor del poder que construyeron un sector de la izquierda hondureña agrupada en el partido de Unificación Democrática (UD) y el Frente Amplio Político Electoral en Resistencia (Faper).
 

Tanto la UD como el Faper construyeron y fortalecieron su alianza en el gobierno de la reconciliación y unidad que impulsó el presidente Lobo Sosa. Ahí, en los pasillos de la Casa de Gobierno, en los diálogos y en los acuerdos, estas dos facciones de izquierda se fortalecieron al lograr ambos bandos amplios espacios de reconocimiento y legitimidad desde el poder mismo.

No obstante, sus hazañas se remontan a hace más de cuatro años, en la administración liberal del ex presidente Manuel Zelaya, donde ambos, desde los espacios políticos partidarios, uno, y de los derechos humanos, el otro, fueron apoyando el proceso de la abortada cuarta urna y de violación a la ley y la constitución en que fue cayendo el ex gobernante en su afán continuista hasta que el 28 de junio de 2009 fue sacado abruptamente del poder.

Pero los líderes de la UD, César Ham, y Andrés Pavón del Codeh, concluyen y sellan su acercamiento y afinidad ideológica en la actual administración nacionalista, al ser los primeros—dentro de la facción de la izquierda hondureña—en reconocer el triunfo de Lobo Sosa. Incluso, la UD fue a las elecciones de noviembre de 2009 por considerar que era ahí donde se definían los procesos de búsqueda del poder por medio de las elecciones que solo se producen en la democracia.

Tanto Ham como Pavón durante la crisis de 2009, se fueron a las calles, condenaron la salida de Zelaya pero consideraron que había llegado el momento de dar un salto en su ansiado interés de mayor vigencia y protagonismo, uno a su partido, y el otro a una histórica organización de derechos humanos como el Codeh que ahora muta al ámbito de lo político partidario y electoral, politizando e ideologizando así la labor de los derechos humanos, que es universal y sin tintes de ninguna naturaleza.

En términos políticos y de incidencia la estrategia de la UD y de Andrés Pavón, que decide, de último momento crear su propio partido político en el Faper, les ha dado resultados al mantenerse vigentes en la administración del poder.

Los primeros beneficios

En el caso de UD, este partido logró un puesto estratégico en el gobierno como es el Instituto Nacional Agrario (INA), así como una de las vicepresidencias en el Congreso Nacional. Nunca habían estado tan cerca del poder.

Desde el INA, Ham impulsó procesos de entrega de tierra a los campesinos, se enfrentó a una agria lucha con el empresario y terrateniente Miguel Facussé, pero no puso paz en la zona del Bajo Aguán, donde los grupos campesinos le ven con desconfianza y los intereses que se mueven en esa zona hacen que la misma comience a escapar de los ámbitos del control gubernamental y estatal.

Pero a nivel político partidario, Ham tuvo el privilegio de dar empleo a sus partidarios, de inyectar “dinamismo”a su partido y de compartir, desde el congreso nacional, el respaldo a las más polémicas decisiones ahí tomadas relacionadas con el debilitamiento institucional de sectores claves en el Estado y el país. La izquierda de la UD representada en el Congreso, con algunas excepciones, ha sido por ahora, la bisagra perfecta que ha acompañado en decisiones trascendentales a los poderes legislativo y ejecutivo. Fueron portavoces de maniobras, que ni los mismos sectores del oficialismo, se atrevieron a enfrentar.

Pero la UD también está representada en otra instancia clave como es el de las telecomunicaciones a través de Conatel, y aunque tuvo otro despunte interesante en una comisión para revisar las exoneraciones, al término del plazo fijado, ésta no obtuvo los logros cacareados y terminó sucumbiendo al “gourmet prohibitivo”.

Pavón, a su vez, fue considerado en todos los espacios en donde el gobierno de Lobo Sosa requería de algún aval y construye así su partido político, que logra inscribir ante la sorpresa de todos y ahora es parte de espacios de concertación como el Foro Nacional de Convergencia, en medio de una nebulosa que rodea los abruptos cambios hechos a lo interno de esa instancia de ciudadanía, que no logra sacarse la placenta gubernamental.

Pavón fue el primero en acompañar y avalar la paralela creada al Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, que terminó siendo una especie de concierto de opositores al actual defensor del pueblo por aquello de viejas rivalidades en la trayectoria de la lucha de los derechos humanos en Honduras.

El “síndrome de Estocolmo”

Ahora con su instituto político como es el Faper, Pavón inicia acercamiento con la UD para crear una alianza—a nivel electivo presidencial—que aparente una fuerza unida de una facción de la izquierda, al distanciarse, en teoría, de su otro gran opositor político que es el partido Libertad y Refundación (Libre) que coordina el ex presidente, Manuel Zelaya.

En esta alianza, la única en el actual proceso electoral, este sector de la izquierda hondureña busca en conjunto atraer un poco más de votos de lo que podrían lograr en forma individual, sin perder la esperanza, de que a futuro, si Libre logra acceder al poder, ellos puedan insertarse en los espacios políticos que ahí se generen.

Con la UD y el Faper se quedó un grupo de la izquierda hondureña que no comparte que Libertad y Refundación se haya llenado de liberales—el mayor caudal electoral que tienen—combinado con líderes e integrantes del movimiento social, popular que ven en Libre la oportunidad más cercana de llegar al poder.

Tanto UD como Faper se cuidan de no confrontar abiertamente el liderazgo de Libre y su coordinador, Manuel Zelaya, con quien aseveran tienen “excelentes relaciones” más allá del resquemor o la calentura que pueda generar en algunos de sus integrantes. Ham y Pavón saben cómo es su relación con Zelaya y cómo también sacar provecho a la misma en caso de que Xiomara Castro asuma la conducción de este país.

Se cuidan también de que no los visualicen como una escisión de la izquierda hondureña, que al igual que la derecha, va dividida a estas elecciones del 24 de noviembre. Y también se cuidan de que no los liguen tanto con el partido en el poder, El Nacional, con quien parece han desarrollado una especie de “síndrome de Estocolmo”.

La apuesta de Faper-UD se centra en Trabajo, Seguridad y Diálogo, bajo el slogan de “El gobierno de tus derechos”, donde habrá un modelo de seguridad comunitaria que equivale a la policía comunitaria, apoyo a las microempresas y trabajo a los jóvenes incentivados por el sector privado empresarial.

Pero para no perder la costumbre dentro de la izquierda hondureña, recientemente Pavón denunció que es objeto de amenazas e intimidaciones por parte de activistas de Libre, y que la UD no lo está defendiendo como parte de la alianza que han conformado.

Pavón dijo que si la UD no miraba el escenario, las cuentas eran claras: “si a mí me atacan y no sacamos el nivel de votos requeridos para seguir en el sistema, seremos eliminados tanto Faper como la UD, espero que lo entiendan”.

Sus reclamos de más de una semana, tuvieron eco finalmente el viernes 27 al emitir un comunicado en el cual rechazan la campaña de odio y desprestigio en contra del candidato presidencial Andrés Pavón.

Tras exaltar su trayectoria en derechos humanos, indican que “reafirmamos el apoyo incondicional de nuestra parte hacia nuestro candidato presidencial por nuestra Alianza UD-Faper, ya que en la actualidad existe una campaña de odio y desprestigio por parte de aquellos que no respetan las ideas y pensamientos de los que no coincidimos en utilizar el odio y rencor para hacer campaña política”.

Con el comunicado se subsana el malestar, pero el 24 de noviembre próximo tanto Faper como la UD tendrán el desafío de demostrar si son capaces de elevar el caudal electoral de la izquierda, de sobrevivir dentro del nuevo sistema político que apunta a un multipartidismo, o de mutar su “síndrome de Estocolmo” hacia otras esferas políticas.




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