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Casa Alianza: Cada 10 horas muere violentamente un menor de 23 años en Honduras



Tegucigalpa - El último estudio de Casa Alianza, correspondiente a noviembre de 2013, da cuenta que 77 menores de 23 años perdieron su vida en condiciones violentas en Honduras, una cifra que delata la incesante criminalidad que tiene de rehenes a este sector de la población.
 
- El promedio general de las muertes es de 20 años.

- En las últimas horas, tres jóvenes fueron encontrados ejecutados en San Pedro Sula. El patrón de asesinatos se repite casi a diario y cobra la vida de muchos menores.

- Durante los últimos 15 años, particularmente entre febrero de 1998 a noviembre de 2013 se han registrado en el país ocho mil 931 casos de ejecuciones extrajudiciales y muertes violentas de niños, niñas y jóvenes menores de 23 años.

De las 77 muertes registradas durante noviembre, un total de 10 casos corresponden a niñas y niños entre los 0 y 17 años, 67 corresponden a jóvenes entre 18 y 23 años.

Cabe señalar que el mayor pico durante el presente año se registró en julio con 121 decesos y el menor fue en marzo con 54.

Además se contabilizaron 59 en enero, 79 en febrero, 81 en abril, 83 en mayo, 83 en junio, agosto 93, septiembre 91 y octubre 105, para alcanzar la suma de 926 muertes violentas de niñas y niños menores de 23 años.

Del total de los 77 casos registrados de muertes violentas en el pasado mes de noviembre, el 90% son niños y hombres jóvenes (69 casos) y el 10% de víctimas son niñas y mujeres jóvenes (8 casos).

Si se compara el registro de muertes de octubre (105 casos) al de noviembre (77 casos), se constata que hay un descenso de 28 casos, pero la cifra sigue siendo alarmante.

Cortés, Francisco Morazán y Comayagua los más peligrosos

La radiografía de violencia que tiene a los menores de 23 años como el grupo más vulnerable, se manifiesta con mayor incidencia en Cortés (31), Francisco Morazán (30) y Comayagua (5). A los anteriores le siguen Yoro (4), Copán (3), Gracias a Dios (2), Colón (1) y Atlántida (1).

Siempre en noviembre, los municipios en los cuales se registró un mayor número de ejecuciones arbitrarias y muertes violentas son: Distrito Central (29), San Pedro Sula (21) y Villanueva. La región norte del país continúa siendo la más violenta contra las niñas, niños y jóvenes menores de 23 años.

De los 77 casos registrados en noviembre, la principal causa de muerte es la provocada por heridas de bala (arma de fuego) con el 84% de los casos registrados, luego las muertes ocasionadas por asfixia con el 8%.

Cabe resaltar que se evidencia un incremento de casos en los cuales se encuentran los cuerpos en sacos, bolsas plásticas o envueltos en sábanas y las víctimas son estranguladas y mueren asfixiadas; durante noviembre se reportaron seis casos.

De igual forma se encontraron cuerpos con señales de tortura previa a la ejecución, cuerpos desmembrados, envueltos en sábanas, en bolsas plásticas y presentando certeros disparos en la cabeza.

Durante noviembre se presentaron también casos de ejecuciones en grupo, donde dos o más jóvenes son asesinados, ya sea que hayan sido raptados y llevados a zonas retiradas de la ciudad o en las calles de los barrios y colonias, en canchas de futbol e incluso dentro de sus propias casas.

Katerine y David no desconocen violencia contra menores

Proceso Digital salió a las calles con el objetivo de conocer relatos de menores que trabajan en las calles de Tegucigalpa para llevar el sustento diario a sus casas.

Katerine Chávez, de 17 años, aunque aparenta menos, y David Maldonado de 13, se ubican todos los días en una de las esquinas cercanas a un populoso centro comercial de la capital hondureña. Uno limpia los vidrios de los vehículos que forzosamente se detienen ante la luz roja de un semáforo de la zona; y el otro hace malabares con dos palos delgados para lograr acaparar la atención de la gente. Ambos comparten el fin de obtener alguna paga por el trabajo que desde tempranas horas realizan en el lugar.

“Aquí estamos desde las 6:30 de la mañana y nos vamos hasta las 7:00 de la noche, eso sí lograron hacer al menos cien pesos (lempiras)”, relata Katerine.

El pequeño David la interrumpe y dice: “Yo me hago 180 lempiras y no digamos el sábado que es cuando mejor me va”. Los dos personajes no son familiares, aunque sí son vecinos de la aldea de Suyapa, una zona que se formó sin servicios básicos.

A la consulta si no temen por sus vidas ante la ola de violencia que cobra la vida de centenares de niños, casi al unísono exclaman: “Claro que sí, yo por eso me voy a las 7:00 (de la noche)… éste no -se refiere a David- porque se queda hasta las 10:00 (de la noche)… ahhhh, pero es que él es hombre”, expresa Katerine.

Por su parte, el pequeño David manifiesta con total inocencia y desconociendo los peligros de la calle: “A mí lo que más miedo me da es el Ihnfa (Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia)… ¡jee! Que me lleven a encerrar, eso sí me da miedo… No mira que lo llevan a Casitas Kennedy y después no puede trabajar uno”.

La plática con los menores llega a su fin y rápidamente nos toca retirarnos de la zona porque dos adultos se acercan para averiguar qué temas hablábamos con los dos personajes. Así de rápido abandonamos el lugar, uno de los más calientes de la ciudad y donde estos dos inocentes se ganan la vida ignorando los peligros que les acechan.


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