En Honduras las cárceles son escenarios de hechos violentos, donde pululan las drogas, el alcohol y hasta se dirigen acciones criminales desde su interior.
En los presidios, aparte de la inseguridad que ha desembocado en tragedia tras tragedia, que cada año registra la muerte de muchos internos, los centros penales son una especie de “universidades del crimen”. Ahí, dicen expertos, un privado entra infractor de la ley, pero sale maestro en el crimen.
La riña que se desató el pasado 29 de marzo cuando perdieron la vida 13 reclusos, ha dejado en evidencia la realidad que se vive en los centros penales del país, desde esa fecha los privados de libertad han mantenido el control del centro penitenciario.
Después de 21 días de la reyerta las autoridades procedieron a intervenir el centro penal.
El portavoz de la Secretaría de Seguridad, Héctor Iván Mejía, informó que la acción se lleva a cabo en conjunto con la jefa de Fiscales en San Pedro Sula, Marlen Banegas y miembros de Policía Nacional.
Mejía explicó que una comisión técnica se encuentra hablando con los internos para realizar las inspecciones y asegurarles que no se les va violentar sus derechos.
El funcionario policial manifestó que el objetivo de la intervención es tomar el control del centro penitenciario respetando derechos y garantías.
Los agentes policiales mantienen acordonado el centro penal a la espera que las autoridades les autoricen la intervención, la que se espera sea de forma pacífica, indicó Mejía.
Según las autoridades, los privados de libertad aún mantienen las armas con las que dieron muerte a los 13 reos en la reyerta, por lo que las autoridades procederán a revisar el recinto para desarmar a los reclusos.
En el operativo realizado por fuerzas del orden se logró decomisar cinco armas de fuego y 42 armas blancas.
En la actualidad el centro penal sampedrano cuenta con una población de 2,400 internos y su capacidad es para 800 reos.