Proceso Digital ofrece en exclusiva a sus lectores un artículo póstumo y un diaporama con imágenes de Carlos Fuentes captadas durante un encuentro literario en la ciudad de Aix-en-Provence en octubre pasado en el sur de Francia.
Tegucigalpa - El Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), Ramón Custodio, hizo hoy un enérgico llamado al presidente Porfirio Lobo para que asuma su rol constitucional de mantener el orden y la paz interna y les garantice seguridad a todos los hondureños.
Tegucigalpa - La muerte de otro agente de orden fue reportada en las últimas horas y al hecho se suman tantas otras ocurridas en las anteriores semanas.
Le anteceden la masacre
en la que cuatro policías asignados a la posta de la colonia Kennedy
fueron acribillados, un policía asesinado en la colonia Nueva Capital y
otro que perdió la vida de forma violenta asignado a la sede de La
Granja.
Este martes el reporte dio cuenta del cuerpo sin vida de un policía
asignado a la posta de Belén, un resguardo de las fuerzas del orden
vinculado al crimen y conocido en los medios de prensa como “el cartel
de Belén”.
El
agente permaneció en calidad de desconocido en la morgue capitalina
hasta que llegaron sus parientes a retirar el cuerpo inerte. Reportes
indican que habría desaparecido ocho días antes.
Las
historias de muertes violentas de policías acontecidas en las últimas
semanas van aparejadas al torbellino de hechos que han movido el
estamento policial desde sus cimientos hasta la cúspide.
Vergüenza ajena
La posta policial de Belén ha estado en las críticas de la población por varios escándalos, como el asalto a un niño vendedor de tortillas y el extravío de armas que posteriormente aparecieron en casas de empeños.
Unas
20 armas desaparecieron, entre incautadas y propiedad de la posta, de
las cuales se recuperaron cerca de la mitad. Habían sido empeñadas. Esta
acción provocó que se señalara que en la institución se habían pedido
hasta los más elementales códigos éticos. La indignación se tornó
vergüenza ajena.
Cuando otros agentes asaltaron a un pequeño vendedor de tortillas, los límites se sobrepasaron por mucho….
En
Honduras, la Policía se ha visto sacudida por una crisis profunda que
liga a componentes de todos los niveles de sus fuerzas con el crimen
organizado y común.
La
olla empezó a destaparse cuando policías asignados al distrito de la
Granja, en Comayagüela, asesinaron, según fuentes oficiales, a dos
estudiantes universitarios.
El
caso provocó la huida, no muy clara, de cuatro agentes a quienes se les
vinculó directamente con el cruento hecho. Otros cuatro policías están
en la cárcel.
La
forma en que ocurrieron los hechos y las posteriores declaraciones de
los jefes policiales contribuyeron al descabezamiento de la cúpula
policial. Para muchos, solo se trató de rotaciones que únicamente
representaron el traslado del problema de un lugar a otro.
Una historia anunciada
La
agitación fue como una especie de crónica anunciada que empezó a
develarse cuando el ex ministro de Seguridad, Oscar Álvarez, dijo que el
crimen organizado había permeado las estructuras de la Policía e
incluso señaló que habían miembros de la institución que servían de controladores aéreos de las narco avionetas.
Poco
tiempo después salió del poder. El presidente Porfirio Lobo ha dicho
que el equipo no dio el ancho a las demandas ciudadanas en materia de
seguridad ya que la tasa de muertes violentas en Honduras supera las 20
por día y sólo en el primer semestre del año sobrepasaron las 3,500.
Los
crímenes arreciaron con el estreno del nuevo ministro Pompeyo Bonilla.
Un viernes gris de mediados de octubre, por ejemplo, en una acción que
se efectuó en escasos minutos, casi a las puertas del aeropuerto
Internacional Ramón Villeda Morales, una banda asesinó a seis personas
a quienes bajaron de sus lujosos vehículos para cometer los crímenes.
En la escena no se encontró un solo disparo en los automóviles y la
operación pareció reunir un alto nivel de planificación.
Casi simultáneamente, en la principal cárcel de San Pedro Sula nueve reos morían en un presunto enfrentamiento entre grupos a lo interno del recinto.
En
tanto en Tegucigalpa, la capital hondureña, se reportaba un número
similar de víctimas cuyos cadáveres debieron permanecer varias horas en
las escenas del crimen, donde los cansados equipos forenses llegaban sin
lograr reponerse entre cada jornada.
¿Depuración o intervención?
La
indignación colectiva se ha activado con la cadena de sucesos que
llevan a historias criminales inéditas de policías involucrados o
protagonistas.
Los
medios de prensa han recibido denuncias crecientes de ciudadanos que
han perdido el miedo y cuentan sus insólitas vivencias. Las víctimas son
de todos los niveles desde el pequeño vendedor de tortillas hasta un diputado al que despojaron de su automóvil y otras pertenencias.
Las acciones también dan cuentas de la perdida de arsenales en confusas versiones.
El
ovillo no logra desenmarañarse aún, pero las propuestas para encontrar
la punta del hilo han tomado fuerza en el seno de la estatal Universidad
Nacional Autónoma de Honduras, donde la convergencia de varios sectores
de la sociedad organizada, unidos a un grupo académico
interdisciplinario, se plantean la urgencia de una intervención a la
Policía con un necesario acompañamiento externo.
El
Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, Ramón Custodio, pidió la
aprobación inmediata de las figuras penales por los delitos de ejecución
extrajudicial y desaparición forzada, que por su gravedad deben ser
sancionados con la pena de prisión de por vida.
El
Ombudsman dijo que hay autoridades policiales que, abusando de su
misión, tienen un aparato organizado para poder atentar contra el
sagrado derecho de la vida de las personas; gozando, de hecho, de la
impunidad por un sospechoso desempeño de sus superiores y operadores de
otros componentes del sistema policial.
Tegucigalpa- El presidente hondureño, Porfirio Lobo Sosa pidió esta noche al pueblo hondureño una unidad nacional para encarar el terrible reto de la criminalidad que impera en el país.