Tegucigalpa.- En un país como Honduras, donde la cultura del escándalo siempre es objeto de primeras planas, la sonrisa de doña Cendela López Kilton, una misquita de 58 años, madre de seis hijos y abuela de 18 nietos, contagia al más escéptico. Está orgullosa de su raza, de su femineidad y del trabajo que junto a las mil 200 mujeres misquitas está impulsando a favor del medio ambiente y el desarrollo.
En el 2003 conformó la Asociación de las
Mujeres Indígenas Misquitas (Mimat), un orgullo misquito objeto de
reconocimientos nacionales e internacionales, que para gran parte de la
sociedad ha pasado desapercibido o escondida entre los agrios debates de
la agenda político-partidaria nacional.
“Empezamos poco a poco, paso a pasito
como digo yo, pero me siento contenta porque hemos llegado muy largo y
nos falta mucho aún por hacer. Mi vida ha cambiado mucho; al principio
no creía que podía ser una persona útil para mi comunidad y para las
mujeres de mi zona, y no digamos para la sociedad”, relata con humildad
doña Cendela, mientras muestra una agradable sonrisa que permite ver la
blancura de su dientes.
“La cultura misquita es muy difícil
porque nuestros varones creen que las mujer es para estar en la casa y
tener hijos; a mí me reclaman los maridos porque las mujeres misquitas
ahora se defienden...es que a los hermanos misquitos siempre les gusta
pegar a las mujeres, pero ellas ahora no se dejan, los denuncian en la
fiscalía y eso a ellos no les parece”, comenta al tiempo que suelta una
sonora carcajada.
Un proyecto
único en la zona
Apoyados por el Programa de
Pequeñas
Donaciones (PPD) que impulsa el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), el grupo Mimat comenzó a organizarse en el 2003, pero
fue en el 2006 cuando arrancaron con un proyecto de recolección y
reciclaje de basura, que nadie imaginaba iba a ser un éxito. Al
principio, las autoridades locales de la Mosquitia o Gracias a Dios se
opusieron y esos fueron los primeros obstáculos a vencer por este grupo
de mujeres diseminadas en filiales en los seis municipios misquitos.

Luego tuvieron que
vencer los recelos
de instituciones misquitas que están en la zona desde hace décadas,
canalizando recursos de cooperación en diversos proyectos, que en la
práctica no tienen resultados tan contundentes como los del grupo Mimat.
En cuatro años de trabajo intenso, este grupo de mujeres—al cual se han
sumado dos hombres-- recolecta un promedio mensual de 750 metros
cúbicos de basura en la zona.
Las mujeres, en su
mayoría madres
solteras, viudas, gente con alguna discapacidad, esposas de buzos
misquitos y ancianas, han logrado limpiar de basura a la Laguna de
Caratasca, en Puerto Lempira, así como en los otros municipios
generadores de basura en la Mosquitia.
La laguna de
Caratasca, ubicada al
centro del complejo de lagunas, es de aguas salobres y está separada del
mar por una faja angosta. Mide cerca de 60 kilómetros de largo por 12
de ancho. Forma parte de la zona costera de humedales más grandes de la
biosfera del Río Plátano, uno de los principales pulmones ambientales
del mundo.
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La laguna
ahora luce limpia
“Antes, la gente botaba la
basura a
la laguna y Puerto Lempira se miraba tan feo, lleno de basura y la
contaminación de la laguna nos afectaba; de ahí comemos nuestros
alimentos que es sobre todo el pescado. Pero con la contaminación, nos
atacaban enfermedades como la malaria y la diarrea, por la acumulación
de la basura, eso ahora ha bajado mucho”, agregó López.

“Para mí, eso es
importante porque
ahora vemos también que el humo que salía de las casas misquitas, por la
quema de basura, ahora ya no se hace. Las mujeres del Mimat logramos
construir un crematorio a donde va la basura y nosotras la
procesamos..!es una maravilla!”, exclama.
Esa basura--afirma
doña Cendela—ahora
ya no va a parar a la laguna. La basura trasladada al crematorio se
transporta en un carro recolector, el primero en la historia de la
Mosquitia. Ello les ha permitido dar empleo a las personas, en su
mayoría dedicada a las labores de pesca que mantiene a centenares de
buzos misquitos lisiados porque se sumergen en aguas profundas sin el
equipo de buceo específico.
“Hemos tenido la
oportunidad de dar
empleo a las mujeres misquitas para que ellas se sientan útiles, que
sientan que pueden hacer algo para sus hijos y en la protección del
medio ambiente, porque sino lo cuidamos nosotros los misquitos, nadie lo
va a hacer por nosotros, hoy tenemos conciencia de ello”, explica la
líder del grupo Mimat.
Sólo en Puerto
Lempira, las
integrantes del Mimat son 60 mujeres y dos hombres; el resto de miembros
está distribuida en los otros municipios del lugar. La forma en que se
organizan para el empleo es rotatoria. Un mes, un grupo se dedica a
barrer las calles, otro recolecta la basura, otro hace la clasificación
de la misma entre productos orgánicos e inorgánicos y un último grupo se
dedica a montar las pacas compactas de basura que son enviadas vía
marítima a La Ceiba y de aquí a San Pedro Sula, donde tienen firmado
contrato con una empresa recicladora.
En ese lapso de un
mes, las otras
mujeres a quienes no les toca el turno de laborar, se dedican a otros
trabajos como aprender en talleres de sastrería, manualidades,
reforestación y otras actividades productivas, detalló López.
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La
distribución del trabajo
Los salarios que pagan por cada
labor
van acorde a un consenso entre el grupo. A las mujeres que barren las
calles, dos veces por semana, se les paga 1,200 lempiras al mes; las que
limpian los plásticos reciben un salario de 1,500 lempiras; los que
hacen la labor de recolección de la basura reciben tres mil lempiras, el
conductor del carro de la basura le dan una remuneración de cinco mil
lempiras; el técnico que las asiste tiene un salario de 5,000 lempiras;
el ayudante y el supervisor, reciben tres mil lempiras, respectivamente.

La hazaña de Mimat
no es fácil en una
cultura misquita caracterizada por el machismo, pero doña Cendela dice
que no se arrepiente de lo que han hecho, “seguiremos haciendo más hasta
cuando Dios no de vida”.
Doña Cendela
comenta que su
entusiasmo se agranda, pues recién acaba de venir de Punta del Este, en
Uruguay, a donde fue invitada por la sede del Fondo para el Medio
Ambiente Mundial, GEF, por sus siglas en inglés, que financia al PPD, en
su reunión anual en esa zona, donde conoció otros proyectos de
biodiversidad y desarrollo muy prometedores.
“Nunca pensé que
un día iba a conocer
ese lugar tan bonito, pero lo que más gustó son las ideas que traigo
para impulsar con mis compañeras. Mire, aquí este manual que nos dieron y
lo leo y lo leo y me imagino qué podemos hacer nosotros en la
Mosquitia, ¡uff!, mil cosas y las voy a echar a andar”, expresa mientras
muestra fotos y exposiciones en power point que ella ha traido para
replicar sus conocimientos.
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Los sueños
de doña Cendela
Reconoce que si no hubiese sido
por
el apoyo del PPD Honduras, que coordina el experto, Hugo Galeano, y un
Comité Directivo ad honorem, “nunca nosotros hubiéramos despertado en la
Mosquitia; ellos nos han ayudado y abierto la mente para entender que
somos útiles y que los pobres también tenemos una oportunidad”.
| Doña Cendela,
quien contó por espacio
de 15 minutos su experiencia a Proceso Digital, lleva la
idea de promover la energía renovable con estiércol de animal, con el
agua de los ríos, “en fin, muchas cosas aprendí y yo me imagino una
Mosquitia iluminada con luz en todas las casas de mis hermanos
misquitos, con niños sanos, con menos mujeres solas, bueno, me la
imagino con desarrollo”.
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No es casual que
dentro de sus metas
haya logrado suscribir un convenio con el Registro Nacional de las
Personas para identificar a más de 16 mil misquitos que carecen de
tarjeta de identidad y que “prácticamente no existen, no quiero eso para
mi pueblo, quiero que la Mosquitia exista y, mire, quiero también
buscar ayuda para un proyecto que evite que las mujeres de mi zona sigan
muriendo a causa del parto”, concluye convencida.
La paradisíaca y
selvática región de
la Mosquitia, con más de 16 mil kilómetros cuadrados, ha encontrado por
ahora en el grupo Mimat, un grupo de entusiastas mujeres que como bien
diría el poeta español, Antonio Machado, “Caminante no hay camino/se
hace camino al andar”. Ellas junto a doña Cendela, son eso, un ejemplo
de “hacer camino al andar”.
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