Tegucigalpa.- El depuesto Manuel Zelaya no deja de ser una “caja de sorpresas”, al retractarse ahora de lo que expuso en la carta enviada al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, donde reafirmó que cualquiera que fuera el caso, “no acepto, ningún acuerdo de retorno a la presidencia (…)”.
Zelaya, quien no midió el impacto de lo que escribió,
sostiene ahora que la prensa le “interpretó mal”, porque él no está
renunciando a volver al poder, sino a suscribir ningún acuerdo con el
régimen interino de Micheletti.
Pero
una cosa es no volver a sentarse con Micheletti o sus negociadores, y
otra muy distinta es escribirle al presidente de Estados Unidos para
“reafirmarle” que “cualquiera que fuera el caso”, no acepta “ningún
acuerdo de retorno a la presidencia”.
Es
más, en declaraciones a medios locales, el depuesto Zelaya dijo que “no
acepto ningún acuerdo de restitución que legitime el golpe y que afecte
seriamente a la América Latina. No voy a aceptar ninguna restitución
que humille al pueblo hondureño”. Así consta en las grabaciones.
Zelaya
y sus seguidores, quizá al reflexionar y analizar el alcance de sus
posturas y emotividades, se dio cuenta que “metió las extremidades”
porque no sólo fue altivo con Obama, sino que se cierra opciones de
salida a su crisis y a la del país en general.
Al
dejar claro que no acepta un acuerdo de restitución, el ex gobernante
pone numerosas facilidades a los congresistas para determinar, al
momento de abordar su caso, en cumplimiento al acuerdo Tegucigalpa/San
José, si procede o no su retorno a la presidencia, no así al poder.
Zelaya y sus contradicciones
¿Cómo van a restituir los congresistas a un ex presidente que ha sentado públicamente su posición de no querer retornar?

| ¿Por
qué Manuel Zelaya envía esa carta a Barack Obama y no al pueblo
hondureño y al Frente de Resistencia? ¿A quién reconoce Zelaya como “su
soberano”: al pueblo y sus seguidores, o al imperio estadounidense?
Las
contradicciones de Zelaya no cesan. Cuando la propuesta de San José que
tuvo como mediador al presidente costarricense, Óscar Arias, premio
Nóbel de la paz, fueron los negociadores de Zelaya quienes en el
segundo encuentro declararon “fracasado” el acuerdo, porque
consideraban que nos le favorecía.
|
Desde
la propuesta josefina, el ex gobernante estaba claro en que iba a
renunciar a promover e insinuar una asamblea nacional constituyente,
pero más tardó en esas primeras conversaciones en autorizar a sus
negociadores para que se lo ratificaran a Arias, que en dar
declaraciones a un diario brasilero afirmando que una vez instalado en
el poder, iba a llamar al pueblo a salir a las calles para presionar
por la constituyente.
Más
tardaba en indicar a Estados Unidos y a la OEA en que buscaría una
solución pacífica a la solución de la crisis, que no retornaría para no
causar mayor inestabilidad, que en montarse en un avión proporcionado
por Hugo Chávez para intentar arribar al país, con el saldo trágico de
un muerto, cuya investigación sigue aún sin arrojar luces. |
Firma el Acuerdo, promete cumplir y ahora lo desconoce
Nuevamente,
Zelaya burlaba la buena fe de Washington y algunos países de la
comunidad internacional, cuando se apostó a la frontera con Nicaragua,
desde donde intentó formar su propia guerrilla, con entrenamiento
nicaragüense, para incursionarse en las montañas hondureñas para
presionar por su restitución. La acción no tuvo éxito y fracasó en su
segundo intento por ingresar a territorio nacional.
Finalmente, lo hizo el 21 de septiembre, burlando la inteligencia policial y militar para registrarse como “huésped” en
la embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde sus simpatizantes le habían
prometido que moverían cien mil personas para llevarlo esa noche a casa
presidencial y sacar a Micheletti y sus afines del país.
Dos
meses van a cumplirse desde su alojamiento en esa sede, sin que vuelta
al Altar Q se haya cumplido aún. La comunidad internacional, encabezada
por la OEA, buscó flexibilizar a las partes para un nuevo diálogo
que quedó instalado el 7 de octubre pero que no caminaba con la
celeridad debida. Zelaya repitió la hazaña de Costa Rica, al romper
nuevamente las negociaciones.

| Tuvo
que venir una delegación estadounidense, encabezada por el entonces
subsecretario de Estado de Estados Unidos para América Latina, Thomas
Shannon (ahora embajador en Brasil), para que las partes negociadoras
de Zelaya y Micheletti llegaran a acuerdos que concluyeron en el pacto
Tegucigalpa/ San José, con doce puntos; ocho de ellos de importante
cumplimiento, y los otros cuatro referidos a aspectos procedimentales
de cumplimiento. |
Zelaya,
la comunidad internacional, la OEA, Estados Unidos y el propio
Micheletti, festejaron, a su manera, el alcance de este acuerdo, pero
la alegría duraría poco cuando el depuesto gobernante “interpretó” que
estaría de vuelta en el cargo el 5 de noviembre, consciente que lo
suscrito por las partes no fijó fechas de retorno, ni siquiera menciona
esa palabra en ninguna parte del acuerdo.
Estados Unidos fue claro cuando Shannon dijo que iban a acompañar las elecciones y reconocer el proceso electoral,
fuera o no restituido Zelaya en el cargo. Días después esa postura fue
ratificada en declaraciones a la cadena estadounidense CNN.
Zelaya
y sus negociadores, en las primeras declaraciones de prensa, dijeron
que serií el Congreso el facultado para interpretar la viabilidad o no
de su restitución, último al que no se fijó plazos porque es un “poder
independiente y soberano”, recalcaron.
Si
ello era así, ¿por qué creían que Zelaya sería restituido el 5 de
noviembre? En esa fecha, debería estar instalado, según el acuerdo, un
gobierno de unidad y reconciliación, cuyo encabezamiento se disputaron
tanto Zelaya como Micheletti, en vista que el mismo no señalaba quién
presidía. La Comisión de Verificación, responsable del seguimiento y
dirimir los atolladeros que surgieran, no ha podido pronunciarse,
porque uno de sus integrantes, tomó posición a favor de Zelaya,
violentado así el papel del verificador, claramente señalado en el
acuerdo.
Importa más el imperio
Zelaya entonces, una vez más, declaró “fracasado” el acuerdo que ambas partes firmaron y se comprometieron a respetar. Para
reafirmar su postura, el ex presidente objeto de la sucesión
constitucional, decidió enviar una nota a Barack Obama para reclamarle
el por qué los dejó “varados” a mitad del camino.
En
su nota, de la cual ahora dice que no dijo lo concerniente a que no
quiere ser restituido, Zelaya no sólo reclama al presidente de Estados
Unidos, sino que le indica que su nueva posición, “esquiva el objetivo
inicial del diálogo de San José, relegando un acuerdo con el gobierno
legítimamente reconocido hacia un segundo plano, y tratando de
trasladar este acuerdo hacia un nuevo proceso electoral sin importar
las condiciones en que se desarrolle”.

| El
acuerdo de la restitución de Zelaya es el punto número cinco, ubicación
que él aceptó y en la cual están estampadas las firmas de los
negociadores por él autorizados, que cada punto del acuerdo, le fue
consultado como se puede registrar en las visitas que le hicieran a la
embajada. Ahora es que no se da cuenta que el punto de las elecciones
fue colocado antes que el de su posible restitución.
|
Zelaya
indica en la nota, que bajo estas condiciones, en donde funcionarios
públicos no reconocidos legalmente e imputados a un documento de
Presupuesto que no ha sido autorizado por él, en calidad de “legítimo”
presidente, procederá a desconocer las elecciones del 29 de noviembre y
las impugnará en las instancias correspondientes.
La
rendición de cuentas de Zelaya apunta más a Washington que al pueblo
que lo eligió y por el que dice luchar. Incluso amenaza a las naciones
que reconozcan las elecciones con ser parte de la impugnación. |
¿Asilo o negociación con presidente electo?
Pero
¿quién lo entiende? Horas después de su flamante carta, ahora sostiene
que “mi período presidencial termina el 27 de enero de 2010", tras
considerar que "ni el Congreso Nacional, ni la Corte Suprema de
Justicia" lo pueden despojar del poder.

| Subrayó
que la carta a Obama, en la que le dice que ya no acepta "ningún
acuerdo" para su restitución en el poder, del que fue derrocado el 28
de junio pasado, la hizo en su calidad de presidente de Honduras.
"Como
presidente no voy a hacer ningún acuerdo, yo renuncio a seguir hablando
con el señor Micheletti (Roberto), renuncio a seguir aceptando este
diálogo falso, mentiroso, que (para) lo único que ha servido es para
fortalecer al régimen y para debilitar a los Estados Unidos, que fue el
que se debilitó", enfatizó. |
De
esta suerte, la comunidad internacional cada vez conoce a profundidad
quién es Manuel Zelaya, y cuál ha sido su papel en los tres años y
medio que duró su gobierno, cuando un día decía una cosa para negarla
al siguiente, comprometerse en acuerdos los días venideros y terminar
dando marcha atrás posteriormente.
No
es casual, que ante la pregunta de uno de los cancilleres de la OEA que
estuvo en el país, en el sentido de por qué no aceptaban un retorno de
Zelaya, “aunque fuera por horas o un día”, uno de los sectores
consultados le respondiera: “si usted nos garantiza que a va dormir con
él para vigilar que no cambie, podríamos pensarlo, porque él es un
hombre que no tiene palabra y no se puede confiar”.
Las primeras deserciones
Con
la carta enviada a Barack Obama, Zelaya parece tener ahora dos
opciones: negociar un asilo político o entablar conversaciones con el
presidente que resulte electo de los comicios de las próximas dos
semanas para ver si acepta que le traspase la banda presidencial.

| De
momento, algunas facciones aliadas del frente de resistencia, comienzan
a abandonarlo, en especial los liberales en resistencia, donde algunos
de sus líderes han optado por participar de las elecciones por
considerar que tienen opciones de salir electos y es mejor estar
“dentro del partido que fuera de él”.
Los
maestros, otro grupo importante en la resistencia, están de vacaciones
y algunos gremios han empezado a llevar a sus bases a los candidatos
para ver perspectivas de futuro, a lo interno de los partidos que se
perfilan con mayor opción de triunfo. |
El único que ha acatado el llamamiento de Zelaya a no aceptar ir a la urnas, es el candidato independiente Carlos H. Reyes,
quien depuso su candidatura por considerar que no hay condiciones y que
Zelaya no ha sido retornado, pero en el tribunal electoral, se informó
que a lo mejor el dirigente popular valoró el tirar la toalla, porque
no logró reunir la gente necesaria que le acompañara en las mesas
electorales. La resistencia sostiene que tienen tres millones de
electores, de los casi cuatro millones que conforman el padrón
electoral. Quizá por eso optaron por “renunciar” en la figura de Carlos
H. Reyes, quien nunca tuvo, tampoco, ninguna propuesta electoral.
En
tanto, pese a los llamados de boicot de Zelaya y la resistencia,
algunos países comenzaron a dar señales que reconocerán los comicios
del 29 de noviembre donde se elegirá un nuevo presidente, con o sin
Zelaya, para quien el reloj corre en su contra. |