Tegucigalpa.- La crisis política y la polarización que vive Honduras, tras el derrocamiento del ex presidente Manuel Zelaya, ha arrastrado consigo el ejercicio de la libertad de expresión y la seguridad física de los periodistas.
Censura,
autocensura, amenazas, intimidaciones, cierre de medios, linchamientos
y reclamos sociales hacia los medios de comunicación social, son entre
otros, los obstáculos que sortean a diario los comunicadores, quienes
al parecer, podrían sacar una de las “peores partes” del actual
conflicto político, institucional y social en el país.
La explosión este jueves de dos bombas caseras en una de las plantas repetidoras de transmisión de Radio América,
en el departamento de Olancho, así como otro artefacto explosivo
desactivado la noche del martes, en las instalaciones centrales de la
radio, en Tegucigalpa, son algunos indicios del clima de crispación y
violaciones a la libertad de expresión.
A
ello, le antecede el cierre y militarización del progubernamental Canal
36, y la distribución de mensajes anónimos hacia la prensa que ha dado
cobertura a la crisis política del país en los últimos tres meses, obligando, según trascendió, a que varios periodistas piensen en
sacar sus familias o cambiar de vivienda, por razones de seguridad.
En
esta incertidumbre, jefes de redacción, editores y reporteros, han
denunciado, ser objeto de amenazas en sus teléfonos móviles, que en
tono amenazante les indican “cuídate hijo de p…, servil al
imperialismo”, mientras un llamado “Comando Ciudadano” difundió por el
Internet, una lista de al menos 15 periodistas, entre editores,
directores y reporteros de medios, a quienes denominó “Enemigos de la
democracia, conócelos y actúa”.

| La
lista la encabezan los principales coordinadores que conforman el
llamado “pool” de los grandes medios de comunicación en Honduras: La
Corporación Televicentro que aglutina los canales 3,5 y 7,de cobertura
nacional; las radioemisoras HRN, Radio Cadena Voces y Radio América; y
los diarios escritos de mayor circulación El Heraldo, La Prensa y la
Tribuna. |
Días sombríos para la prensa: RSF
El
denominado “Comando Ciudadano” presenta con fotos y detalles las
acciones públicas y privadas de estos periodistas, donde viven, tipo de
auto en que se conducen, sus gustos y lugares que frecuentan.
Catedráticos universitarios de periodismo consultados por Proceso Digital,
son del criterio que la asonada contra Zelaya, sólo reavivó un viejo
reclamo a la forma y cobertura del ejercicio periodístico en el país.
Estas
amenazas, deben ser rechazadas y condenadas porque sólo generan
incertidumbre y temor en la labor de la prensa, expresó el periodista
Juan Ramón Durán, quien exhortó a la prensa a “revisar su papel” en la
cobertura periodística.
Los
hechos suscitados el 28 de junio, limitó la cobertura periodística, y
las medidas adoptadas por el nuevo gobierno con el cierre de medios
como canal 36, laceran el ejercicio de la libertad de expresión y el
acceso a la información pública, consideran grupos humanitarios.
| Canal
36, propiedad del periodista Esdras Amado López, favorable a las
políticas del derrocado presidente Zelaya, se encuentra militarizado y
fuera del aire, por “orden judicial”, según su propietario, tras
revelar a medios locales de prensa, que “no pienso abrir el canal
mientras %26nbsp;(Roberto) Micheletti esté en el poder”, a causa de las
“marcadas” diferencias personales sostenidas con el nuevo presidente de
la transición. |
En
tanto, el periodista y político Eduardo Maldonado, conductor de los
espacios informativos “Hable como Habla e Interpretando la Noticia ”,
afín a Zelaya, optó por refugiarse en la sede de la embajada de Estados
Unidos en Tegucigalpa, por “temor a represalias por sus posiciones”,
comentó.
La
organización internacional Reporteros sin Fronteras, con sede en
Francia, en su último comunicado acerca de la situación en Honduras,
advirtió que independientemente de cual sea el desenlace de la crisis,
“la prensa enfrentará días sombríos”.
RSF denunció que algunas televisoras como Canal 8 (público), Canal 6 y Canal 11, han reanudado la programación “pero la información relativa al golpe de Estado continúa estando muy controlada”.
Señala
que en este ambiente de tensión, medios extranjeros como Telesur y CNN
fueron víctimas de la censura. En el caso de CNN, la señal fue
restaurada paulatinamente en los canales de cable. La señal de Telesur sólo se puede seguir por internet.
El
canal oficial 8, reinició sus actividades este lunes; así como la
estación radial Radio Globo, cuyas emisiones, no obstante, siguen
siendo objeto de interferencia, sin causas justificadas. |
Nadie escapa a las agresiones
En
la ciudad de El Progreso, al norte, la estación radial Radio Progreso,
fue intervenida por las fuerzas del orden el día 28, clausuradas sus
emisiones, pero reanudadas al día siguiente.
Por
su parte, el periodista Rommel Gómez, fue objeto de retención e
intimidación militar el jueves, según denunció Radio Progreso.
En la capital, la directora del canal 45, Enma Calderón,
denunció que periodistas de su canal fueron golpeados por simpatizantes
de Zelaya y “pido un alto a este hostigamiento que estamos sufriendo
todos, la prensa no es culpable de lo que pasa; hay mucha
intolerancia”, señaló.
A
su vez, un reportero gráfico de diario El Heraldo fue agredido por
grupos de manifestantes favorables al retorno de Zelaya, mientras otros
tipos de agresión se reportan contra reporteros de la costa norte.
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Organizaciones
y redes de periodistas defensoras de la libertad de expresión han
condenado lo que denominan “un cerco mediático” en Honduras, a lo cual
se sumó en un comunicado difundido este jueves, el Relator de la
Libertad de Opinión y Expresión de las Naciones Unidas, el guatemalteco
Frank La Rue.
Según La Rue , en este momento, la sociedad hondureña “padece de ausencia de información suficiente en esta crisis“.
En
un comunicado público acerca de la crisis, la Universidad Nacional
Autónoma de Honduras, exhortó a la ciudadanía y al gobierno a un
“irrestricto” respeto a la libertad de expresión. En los mismos
términos se expresaron las organizaciones gremiales de periodistas
existentes en el país.
Credibilidad periodística a revisión
El
problema que atraviesa el periodismo hondureño, cuya credibilidad
comenzó a deteriorarse en la última década, en la actual crisis, obliga
al análisis y las reflexiones académicas y profesionales, en un país
donde el debate de las ideas y el contraste informativo es un reto
permanente.
De
acuerdo a la Relatoría Especial de la Libertad de Expresión y Opinión
de Naciones Unidas, en Honduras, “la concentración en la propiedad de
los medios de comunicación constituye, en cierto modo, un impedimento
al ejercicio de la libertad de expresión y el periodismo de
investigación, al sentirse muchos comunicadores sociales intimidados y
prefieren “actuar con cautela” ante determinados temas de interés
nacional”.
En
su informe, la Relatoría de las Naciones Unidas exhorta al periodismo
hondureño a desempeñar su mandato de “servicio público”, al tiempo que
hace suya la preocupación por el creciente clima de intimidación en que
se desenvuelve el periodismo.
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Antecedentes cercanos
Los
informes “El precio del silencio” y “Censura Sutil en Honduras”
destacan una serie de elementos atentatorios a la libertad de expresión
y el derecho a la información que registra el país en los últimos dos
años.
Entre
esos elementos se encuentran el uso y abuso de la publicidad, que es
utilizado como mecanismo de premio o castigo para la prensa.
Agregan
que la falta de transparencia en el acceso a la información pública, es
otro mecanismo de censura hacia el ejercicio libre del periodismo.
Según
las investigaciones, esta vieja práctica que se ha dado a nivel de los
gobiernos se vio “acentuada” en la administración del presidente,
Manuel Zelaya Rosales.
Las
investigaciones fueron elaboradas por la Asociación por los Derechos
Civiles (ADC), con sede en Buenos Aires, Argentina, y la Iniciativa Pro
Justicia de la Sociedad Abierta en Argentina, Chile, Colombia, Costa
Rica, Honduras, Perú y Uruguay.
Los
documentos revelan que la censura sutil es ejercida por los gobiernos
nacionales y locales, mediante mecanismos menos visibles y más
difíciles de documentar, relacionados con la actitud de los estados de
silenciar las voces críticas e independientes que cuestionan su
funcionamiento.
El doble discurso en gobierno de Zelaya
En
el balance de la fragmentación social con que el gobierno del Poder
Ciudadano (PC) deja a Honduras en el 2008, no puede faltar el tema de
la libertad de expresión, un discurso cada vez más dual dentro de la
administración del presidente Manuel Zelaya, que en público atacaba a
los medios de comunicación y sus propietarios, pero en privado, no
escatimaba esfuerzos por “congraciarse” con la prensa que tanto
cuestiona. | 
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En
los espacios públicos, nacionales e internacionales, el presidente
Zelaya y sus más cercanos colaboradores, se rompian el pecho acusando a los dueños de los medios de prensa,
en particular, y al periodismo, en general, de un “uso y abuso” de la
libertad de expresión, pero ya en el patio, les invitan a bailar,
mientras busca “medidas de control” y respaldo para acallar a aquellos
que les incomodaban.
Es
el doble discurso de la libertad de expresión en el que suelen caer
muchos gobernantes y algunos medios de comunicación, cuando la
correlación de fuerzas no les favorece.
A
nivel estatal, un ejemplo de ese último baile que en nombre de la
democracia y la libertad de expresión hiciera el gobierno, se plasmó
con motivo de las fiestas del mes de diciembre, donde las ofrendas a un
amplio sector de la prensa rompieron los límites de la vergüenza al
poner en evidencia la vulgarización y menosprecio con que el Poder
Ciudadano ve y trata al periodismo hondureño.
;
Funcionarios
ofreciendo públicamente billetes de a 500 lempiras a periodistas, cual
si fuera un bingo de beneficencia, fueron parte del entremés ofrecido,
cuyos más cercanos colaboradores se ufanan al proclamar y demandar
respeto hacia una de las garantías humanas más consagradas dentro de
las libertades públicas: la libertad de expresión.
En
el afán de tener “buena prensa”, los métodos y formas de cómo se haga,
no altera, a criterio del gobierno, los principios de la libertad de
expresión, mostrando así la dualidad y distorsión que se hace acerca de
un principio elemental sobre el cual descansan el resto de las
garantías y libertades humanas. |

| Los crímenes sin resolver
Si esas tendencias buscan
llamar la atención sobre las amenazas que afrontaba Honduras sobre la
libertad de expresión, la impunidad, como la otra tenaza invisible, no
se quedór atrás. Desde el 2003, cuando se asesinó al primer periodista
a lo largo de estos 25 años de democracia, el crimen contra periodistas
parece llamar la atención de grupos impunes; el último caso registrado
es el asesinato de un periodista dueño de medios, en Santa Bárbara. |
German Rivas, en Copán, Carlos Salgado
en Tegucigalpa, y Fernando González, en Santa Bárbara, son los tres
periodistas asesinados sin que las autoridades, a la fecha, ofrezcan
pistas y resultados concretos. Todo, como el país, son “presunciones” y
especulaciones. A ellos se suma el caso del abogado Dionisio Ramos,
acribillado por defender derechos sociales.
En el caso de González, éste fue asesinado empezando el 2008, el 1 de enero, cuando sicarios penetraron a la
emisora de su propiedad, Radio Mega, en la localidad de Trinidad, Santa
Bárbara, para acribillarlo, sin que hayan pistas concretas de los
móviles del crimen. Trascendió que González, desde su medio, denunció
hechos delictivos que incomodaron a los capos impunes que merodean en
la zona.
En
el occidente de Honduras, en el municipio de La Entrada , Copán, el
periodista Carlos Chinchilla, goza de medidas cautelares por denunciar,
en su noticiero, actos de delincuencia ligados al contrabando, bandas
de robacarros y otros delitos que apuntan a una fuerte presencia del
crimen organizado en la zona.
Para
Chinchilla su vida cambió radicalmente. Ahora se le ve acompañado de un
custodio policial, en tanto su familia e hijos se vieron obligados a
trastocar su ritmo de vida y convivencia. En el occidente, a mediados
del 2008, la gente salió a las calles a protestar por la inseguridad,
la defensa del ambiente y el respeto a la libertad de expresión. Este
hecho fue desapercibido por un amplio sector de la prensa, que
considera que las amenazas al ejercicio periodístico son cosas de las
ciudades urbanas y de no de los pueblos, siendo estos últimos los que
presentan los mayores casos no registrados.
A
este patrón de inseguridad no escapan aquellos periodistas que por sus
posiciones críticas y de independencia reciben amenazas sutiles de
funcionarios públicos y otros ligados al crimen organizado; es la otra
cara de la moneda de la libertad de expresión que no trasciende, porque
en una nación donde la vida “se arrebata” impunemente a diario, esa
prensa prefiere callar y aguantar hasta donde puede.